La automotriz Fiat Argentina resolvió reducir esta semana la producción en su planta de la provincia argentina de Córdoba, en medio de las advertencias del sector sobre el impacto que causa en el mercado local una "menor demanda" de Brasil.

Fiat confirmó que aplicó suspensiones de personal en uno de los turnos de trabajo, aunque lo adjudicó "a la falta de materiales para mantener el mismo ritmo de producción" y, "en menor medida, a la necesidad de ajuste general de stocks".

Sin embargo, la automotriz comunicó horas más tarde en un comunicado el levantamiento de la medida, atenta "a la paulatina superación de la falta de materiales y el otorgamiento de 7.000 licencias por parte del Gobierno de Brasil".

Según el Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor (Smata), la medida iba a extenderse hasta el próximo viernes y afectaba a 400 trabajadores de un turno de trabajo.

"En el último tiempo se registró una caída en las exportaciones de automóviles a Brasil", el principal socio de Argentina y adonde se dirige la mayor parte de la producción, aseguró el portavoz de Smata, Leonardo Almada, al ser consultado sobre los motivos de la medida establecida por la firma italiana.

"La decisión de Fiat se dio por una caída de la demanda de Brasil de autos. Cuando se acumulan inventarios quiere decir que se exportaron autos que no se vendieron. Una vez que se venda el stock, se reactivará la demanda aunque quizás a niveles más bajos", evaluó hoy el economista Fausto Spotorno, de la consultora Orlando Ferreres y Asociados, en declaraciones radiales.

Por su parte, el ministro de Industria de Córdoba, Roberto Avalle, no descartó que también haya suspensiones o "ajuste en las horas extras" en otras empresas automotrices instaladas en la zona.

"Si en Brasil les va bien, los inundamos de productos, pero ahora el gobierno (vecino) dispuso un plan para frenar la inflación y la economía se desacelera", opinó el economista Abel Viglione, de la consultora FIEL.

Ambos países afrontaron este año un conflicto comercial por la decisión brasileña de imponer restricciones a la importación de vehículos automotores, lo que en Argentina fue interpretado como una represalia a las barreras que este país establece a los alimentos procedentes de Brasil.

La norma, que estableció la implantación de licencias no automáticas para la liberación en los puertos y pasos fronterizos de los vehículos automotores importados, despertó también la preocupación de los fabricantes de automóviles de Argentina.

El litigio derivó en la celebración de varias reuniones bilaterales de las autoridades con el ánimo de hallar a una solución entre las dos mayores economías suramericanas.