El gobierno argentino sacudió el tablero y parece estar decidido a cambiar el rumbo de su política comercial con una mayor “flexibilización” de sus importaciones para mejorar su relacionamiento con sus socios. A nivel local, en Uruguay se asimiló el hecho con una “señal positiva” aunque esperan que esto efectivamente tenga resultados en el corto plazo.

El ministerio de Economía argentino publicó este viernes en el Boletín Oficial una resolución que derogó casi todas las licencias no automáticas para autos y autopartes, motos, neumáticos y cubiertas de bicicletas, productos metalúrgicos, tornillos y afines, hilados y textiles, calzado y partes de calzado, juguetes, pelotas, papel, artículos para el hogar, y los productos encasillados en los rubros “manufacturas diversas” y “productos varios”. El único régimen de licencias no automáticas que queda vigente es el de bicicletas.

El argumento que manejaron las autoridades oficiales para “ablandar” sus restricciones se basa en función de “cuestiones de oportunidad y conveniencia, en el estadio de cumplimiento de los objetivos oportunamente fijados”, explica parte de la resolución.

Este cambio de postura coincide con otra medida que seguramente favorecerá los intereses de los países del Mercosur. El pasado miércoles, Argentina aprobó una lista de 100 productos donde se aplicará un arancel de hasta 35% (el máximo que permite la OMC) para las compras extra Mercosur.

“Si bien es positivo que hayan levantado las licencias no automáticas, estamos evaluando con la Cámara de Importadores de Argentina cómo se estará procesando porque continúa el control de divisas y hay que hacer la Declaración Jurada Anticipada de Importación. Hay que ver cómo funciona en la práctica”, dijo a El Observador la secretaria ejecutiva de la Unión de Exportadores del Uruguay, Teresa Aishemberg.

Razones. “Nosotros interpretamos que esta medida es producto de la presión por la denuncia ante OMC (Organización Mundial de Comercio) de 40 países encabezado por Estados Unidos. Además, las primeras licencias que liberaron fueron las de China y Brasil, dos socios fuertes de Argentina”, comentó a El Observador el presidente de la Comisión de Comercio Exterior de la Cámara de Industrias (CIU), Rafael Sanguinetti.

Pero desde Argentina se manejan múltiples motivos para fundamentar esta “flexibilización” del régimen importador que fue elogiado por los empresarios argentinos, tras un año de duro cierre que no sólo afectó al consumo sino también a la compra de bienes de capital.

La noticia llegó en un momento raro: justo cuando las estadísticas oficiales reconocen una caída de 1,2% en la producción manufacturera en 2012, lo que implica la primera recesión industrial en una década (y con rubros, como el automotriz, con un desplome de 6,6%).

Lo extraño es que las múltiples trabas a las importaciones –desde las licencias con cupo determinado, las subas arancelarias, hasta la obligación de hacer una declaración jurada de permiso previo– tenían un único objetivo declarado: proteger la industria nacional en un momento de crisis global. Como le gusta decir a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, “el mundo se nos cayó encima” lo que justificaba la adopción de medidas extraordinarias.
El gobierno de Fernández se arriesgó así al malhumor social, dado que las trabas a las importaciones determinaron el faltante de medicamentos, repuestos de autos y electrodomésticos, artículos tecnológicos y mercadería en general. A tal punto llegó el cierre, que muchos le atribuyen la culpa de un incipiente retraso tecnológico en el país.

Y para colmo, las trabas trajeron el enojo de los países socios –tanto del Mercosur como de la extrazona– que denunciaron a Argentina ante la OMC por la aplicación de trabas comerciales desleales.

En ese marco, hubo un único motivo de festejo para el gobierno argentino: se había fijado como objetivo tener un superávit de balanza comercial en US$10.000 millones en 2012, y superó su meta al alcanzar US$12.690 millones, lo que implica 26% más que el año anterior. No fue gratis: para lograr ese superávit hubo que forzar una caída de 7,3% en las importaciones, ya que las ventas al exterior también disminuyeron 3%, como consecuencia de la mala campaña agrícola y de la caída en las compras industriales desde Brasil.

Vestimenta pierde zafra de invierno. Luego de conocida la noticia sobre la decisión de Argentina de eliminar las licencias no automáticas para una amplia gama de productos, varios industriales retomaron la esperanza de recuperar uno de sus principales destinos de su producción. Empero, el sector textil y vestimenta uruguayo (uno de los más afectados por las trabas argentinas) se perderá la oportunidad de colocar su producción para la próxima zafra de invierno. Según explicó a El Observador el presidente de la Comisión de Comercio Exterior de la Cámara de Industrias, Rafael Sanguinetti, a esta altura del año estas empresas ya deberían haber ingresado con su mercadería. “Ahora ya no tienen tiempo para armar pedidos y confeccionar las prendas para luego enviarlos”, se lamentó.

Relajación por el efecto “soja” es una de las claves del cambio. ¿Qué cambió ahora como para que el gobierno argentino flexibilice las trabas? Desde ya, no hay que buscar la explicación en la alicaída industria argentina, que sigue con problemas de competitividad. Lo que sí cambió es el monto de las obligaciones financieras, que este año disminuirá en al menos US$5.000 millones. Y, sobre todo, la gran esperanza de una cosecha salvadora. Se espera que el volumen de producción de soja esté 25% por encima del último año, y con un nivel internacional de precios unos US$100 por encima. Esta semana la oleaginosa en Chicago para entrega en julio de 2013 superaba los US$ 520 por tonelada. Ese oxígeno de dólares es lo que permite cierto afloje en los controles. “En la medida en que los precios internacionales se estabilicen, los empresarios podrán hacer una mejor planificación para buscar competitividad y el gobierno podrá relajar sus políticas de control a las importaciones”, fue la definición de Guillermo Moreno, el funcionario clave en la política comercial de Argentina. Precisamente, este jerarca incluso pronosticó, en entrevista con Página 12, que el dólar oficial (hoy en $ 4,99) pudiera llegar a $6 a fines de 2013. Hay, por supuesto, más motivos para la flexibilización: Argentina tiene demasiados frentes de conflicto abiertos en su política exterior, y se expone a sanciones del FMI, el Banco Mundial y el Ciadi (Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones), mientras continúa su litigio con los “fondos buitre” en los tribunales de Nueva York.

En ese marco, la eliminación de las licencias no automáticas supone una distensión con los países de la región, cuyo apoyo podría requerir en los foros internacionales. Sea cual sea el motivo de fondo, los empresarios argentinos se mostraron satisfechos. “Nos parece una decisión inteligente porque la administración tenía que utilizar recursos para administrar las licencias no automáticas después de que aprobaba la declaraciones. No tenía mucho sentido analizar la misma importación dos veces”, afirmó Diego Pérez Santisteban, titular de la Cámara de Importadores, y agregó que de esta manera, “se elimina un paso burocrático”. Los economistas, más desconfiados, creen que se está lejos de una liberalización comercial. Aunque, de todas formas, creen que el “efecto soja” llevará a aliviar algo la tensión. Para la consultora Elypsis, habrá este año una recuperación de 9% en las exportaciones, y una suba de 11% en las importaciones.