Brasilia. Las exportaciones brasileñas están registrando una tendencia hacia la primarización con una baja sostenida de la participación de las manufacturas de origen industrial, a pesar de que para este año el vecino país prevé récord de ventas externas de entre US$230 mil y US$250 mil millones.

Según cifras del ministerio de Desarrollo Industria y Comercio Exterior brasileño, agosto cerró con exportaciones por US$26.000 millones.

Pero el dato que comienza a preocupar a analistas y economistas es el cambio en la composición de las exportaciones, las que siguen la tendencia regional hacia la primarización de productos, en detrimento de los manufacturas de origen industrial.

Para Sandra Ríos, del Centro de Estudios de Integración y Desarrollo (Cindes), "hay un proceso de primarización que tiene mucho que ver con el incremento de la demanda internacional y por el alza de los precios internacionales de los commodities, lo que podría explicar como natural que cayera la participación de la industria en el total de exportaciones".

La analista brasileña suma al contexto global "un problema de competitividad de la industria brasileña por el proceso de apreciación del tipo de cambio y su consecuente pérdida de competitividad, y al hecho que desde 2007 la demanda interna viene creciendo a buen ritmo lo que explica cierto desplazamiento de las exportaciones industriales al plano local".

Respecto a la discusión sobre posibles síntomas de agotamiento de la expansión del mercado interno, Rios consideró "posible que a partir del año próximo se produzca una contracción doméstica, pero tampoco está claro si la recuperación exportadora del sector industrial se va a dar de esa manera porque hay un deterioro importante de las condiciones sistémicas".

Además de la cuestión cambiaria, Brasil debate su competitividad en los mercados externos a la luz del aumento de los costos de la energía y del aumento de los salarios, más aún a partir de que el Congreso sancionó este año una ley que garantiza un incremento real del haber mínimo, lo que tiene repercusión en la cadena de salarios.

Desde la Argentina, el economista Ramiro Albrieu del Centro de Estudios de Estado y Sociedad (Cedes), considera que en Brasil "la primarización ya muestra que es contundente desde hace un par de años, como lo demuestran los datos de la industria paulista y los índices de empleo industrial".

Albrieu fundamenta la perspectiva en cifras que reflejan que en 2010 las exportaciones totales alcanzaron los US$201.915 millones, de las cuales las manufacturas alcanzaron un 39% de total de ventas externas, ubicándose en un mínimo histórico luego que fuera de 59% en 2000 y el 54% en 1990.

Como primera explicación, Albrieu refirió a la denominada "enfermedad holandesa" que explica la apreciación de la moneda de un país a instancias de una fuerte entrada de divisas por la venta de recursos naturales en un ciclo por el que la industria no puede competir en el exterior.

"Pero en las cuentas de Brasil, el factor financiero fue mucho más relevante para explicar la apreciación cambiara y el problema fue la entrada de capitales, no tanto el boom de recursos naturales", afirmó en referencia a las altas tasas de interés que mantuvo la economía local como una de las herramientas de control de la inflación.

Mientras la producción industrial se mantiene a cifras de crecimiento bajas para la región -este año acumula un alza del 1,4% -las ventas minoristas crecen a tasas de 8% promedio, una brecha entre oferta y demanda que motivó el aumento de las importaciones.

Como el vecino país mantiene un consenso en la necesidad de controlar la inflación, el gobierno apeló a "un esquema de protección muy fuerte que resguarda al mercado interno de la presión cambiaria como las medidas de compre nacional, la reducción de costos laborales y el incentivo fiscal".

La reciente medida del Banco Central de reducir de 12,5 a 12 la tasa de interés se enmarca en ese contexto de empezar a hacer de Brasil un mercado menos atractivo para los capitales financieros y más interesante para la inversión extranjera directa, que se encuentra por debajo del 20% en una de las tasas más bajas de la región.