Ginebra. Las profundas diferencias sobre las tensiones comerciales serán esta semana el eje de una inusual audiencia en la Organización Mundial del Comercio, donde diplomáticos, ejecutivos y funcionarios de bancos centrales intentarán hablar con franqueza de la "guerra cambiaria global".

El tema es tan sensible que el encuentro, que recibe el inocuo nombre de "simposio", casi se suspende y varios de sus participantes han reclamado que la lista de asistentes debe ser confidencial.

"Al comienzo, las expectativas eran que este tema generaba muchas diferencias en la OMC y que nunca estaríamos en una situación para incluso hablar del tema porque las posiciones estaban extremadamente polarizadas", dijo el embajador de Brasil en la OMC, Roberto Azevedo, durante una entrevista con Reuters.

"Si uno le preguntaba a 100 miembros de la OMC hace dos años si íbamos a tener esta conversación hoy, los 100 hubieran dicho que no había ninguna posibilidad, pero aquí estamos", manifestó.

El rápido ascenso de China como la segunda mayor economía mundial ha convertido al debate sobre los tipos de cambio en una fuente de fuertes tensiones comerciales, sobre todo con Estados Unidos, que considera que el yuan está artificialmente subvaluado para proteger la competitividad de las exportaciones chinas.

Al mismo tiempo, la economía de Brasil ha florecido, lo que ha generado una fuerte apreciación del real y abierto la puerta a una ola de importaciones chinas.

Brasil culpa por esta situación a la ola de liquidez que los principales bancos centrales del mundo están inyectando al sistema financiero global.

En septiembre del año pasado, Brasil pidió que la OMC abordara el asunto y dijo que las reglas comerciales globales deberían tratar a las fluctuaciones cambiarias desleales como una base legítima para aplicar represalias comerciales.

Frente a la oposición de China, Brasil suavizó su demanda para abrir un debate en favor de un simposio que generara menos divisiones. Aunque algunos diplomáticos siguen desconfiando de los reales motivos de Brasil, Azevedo dijo que las actitudes estaban cambiando.

"A medida que la gente no ve una agenda oculta, que esto no es una excusa para tomar medidas drásticas y que estamos interesados en tener una conversación racional sobre esto para perfeccionar el sistema, más se mitigan estas alergias o se superan", dijo el diplomático.

Hay por lo menos tres escuelas de pensamiento, explicó. "Una está formada por miembros que quieren hablar sobre el tema y hacer algo. Después están aquellos que aceptan a regañadientes que hablemos pero que no quieren hablar sobre un nuevo sistema".

"Y el mayor grupo probablemente está formado por aquellos que están dispuestos a hablar pero no saben qué hacer con la discusión", agregó Azevedo.

El embajador reconoció que el proceso sería largo y álgido, marcado por conversaciones francas y cuestiones técnicas. Su resultado es desconocido, pero el simposio ya ha cumplido su propósito al permitir el inicio de la discusión", dijo.

Brasil espera que el FMI y el G-20 aborden el tema de una manera constructiva y efectiva, añadió.