Río de Janeiro. Brasil, el segundo mayor exportador de acero a Estados Unidos después de Canadá, será el país más perjudicado por la decisión del presidente estadounidense, Donald Trump, de aumentar los aranceles de 0,9 a 25% para las importaciones del mineral y del 2 al 10% las de aluminio, según explicaron varios expertos a Xinhua.

"La decisión de Donald Trump debe generar un doble efecto negativo para Brasil. En primer lugar, debe afectar las exportaciones de acero brasileño al mercado estadounidense y, en segundo lugar, debe afectar también las propias exportaciones estadounidenses a Brasil", aseguró Alex Lira, presidente del Consejo directivo del Instituto Acero Brasil, quien dijo que la decisión "no afecta la seguridad nacional estadounidense, como alegó Trump".

En 2017, Brasil produjo 34,4 millones de toneladas de acero, cifras muy lejanas de los principales líderes mundiales del sector.

Del total producido en Brasil, 15,4 millones de toneladas fueron exportadas, con una facturación de unos US$8.000 millones, según datos del Ministerio de Industria y Comercio Exterior.

Un tercio de estas exportaciones brasileñas de acero (el 32,7% del total) fueron a Estados Unidos, muy por encima de las realizadas a Alemania (7,3%) y Argentina (7,2%).

Tras el polémico decreto, el gobierno brasileño emitió un comunicado en el que aseguró que "recurrirá a todas las acciones necesarias, en los ámbitos bilateral y multilateral, para preservar sus derechos e intereses".

Por su parte, las importaciones de acero brasileño representaron el 13% del total de compras estadounidenses de acero el año pasado, apenas superadas por el 16,1% que representan las exportaciones de Canadá.

"Aunque no es el mayor exportador, Brasil debe ser el más afectado, porque Trump liberó de la medida a los países del TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte), lo que supone que Canadá y México, primero y cuarto mayor exportador de acero a Estados Unidos, quedarán exentos de las nuevas tarifas", resaltó a Xinhua Augusto Fernandes, gerente de Asuntos Internacionales de la Confederación Nacional de la Industria (CNI).

Según la CNI, la medida debe causar un perjuicio de US$3.000 millones a las exportaciones brasileñas de acero y hierro, y de 144 millones a las de aluminio.

Además de ser el segundo mayor exportador de acero a Estados Unidos, Brasil es el único que vende el producto semiacabado, es decir, placas de acero que más tarde serán industrializadas en tierras estadounidenses.

El gobierno brasileño intentó en vano persuadir a la administración estadounidense de aplicar la medida. Tras firmar Trump finalmente el polémico decreto, el gobierno brasileño emitió un duro comunicado en el que aseguró que "recurrirá a todas las acciones necesarias, en los ámbitos bilateral y multilateral, para preservar sus derechos e intereses".

Por otro lado, desde la Asociación de Comercio Exterior de Brasil (AEB), se considera que la medida pueda abrir nuevos mercados para el país.

"Podemos pasar a ser una opción para otros mercados que dejarán de exportar, o lo harán en menor cantidad para Estados Unidos, como Corea del Sur, Rusia, Japón y China", explicó el presidente de la entidad, José Augusto de Castro.

La gran expectativa es saber qué posición adoptará el gobierno brasileño a partir de ahora, una vez el presidente Trump ya firmó el decreto.

Para Augusto Fernandes, "Brasil debe recurrir a la OMC, porque no hay ninguna amenaza real a la seguridad nacional de ningún país y por lo tanto, no es una justificativa válida. Además, creo que Brasil debería hacer un lobby junto a las industrias estadounidenses que consumen el acero brasileño para que presenten sus quejas ante el Departamento de Comercio de Estados Unidos, y si no funciona, soy partidario de represalias comerciales, es decir, elevar las tarifas sobre los productos americanos importados, siempre dentro de los límites de la OMC".

Ya Augusto de Castro es partidario de buscar una solución diplomática. "Promovería una negociación estratégica entre los gobiernos, argumentando que Brasil y Estados Unidos tienen una cooperación esencial en seguridad" .

El presidente del Instituto Acero Brasil, Marco Polo de Mello Lopes, afirmó que el sector siderúrgico brasileño trabaja para mostrar a los empresarios estadounidenses que "Brasil es un socio diferente".

"Los EEUU siempre tuvieron un superávit en el comercio siderúrgico con Brasil, y además, el 80% del acero que vendemos son para productos que necesitan las siderúrgicas americanas", comentó.

Además de las siderúrgicas que compran el producto fabricado en Brasil, empresarios brasileños están en contacto con productores de carbón estadounidense. Brasil es el mayor comprador de carbón de Estados Unidos, ya que el combustible se usa en la producción de acero. Sin las exportaciones a Estados Unidos, las compras de carbón se verán afectadas también.