Rio de Janeiro/Santiago. Argentina, que ha sido ampliamente ignorada por prestamistas internacionales tradicionales, aún tenía un lugar al que recurrir el año pasado para solicitar los miles de millones de dólares que necesitaba para renovar su decrépito sistema ferroviario: Pekín.

El paquete de US$10.000 millones acordado con el China Development Bank fue otra clara señal de la emergente influencia de China en Latinoamérica, transformando las economías de la región y debilitando el dominio de Estados Unidos en su "patio trasero" tradicional.

China estará en el pensamiento de todos durante la visita del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, a Latinoamérica esta semana, cuando envíe el mensaje de que Washington sigue siendo relevante para una región que debe gran parte de su robusta salud económica en años recientes a la demanda china.

Tanto en Brasil como en Chile, que son los dos países de Sudamérica que Obama visitará en su gira, China ha desplazado a Estados Unidos como el principal socio comercial.

Incluso en aquellos países en que Estados Unidos aún es el socio dominante, China está reduciendo la distancia rápidamente.

El gigante asiático ha impulsado durante años el crecimiento de productores de materias primas como Brasil, Argentina, Chile y Perú con su voraz demanda de bienes no procesados, como mineral de hierro, cobre y soja.

Obama busca recuperar liderazgo en América Latina: más recientemente, ha continuado con una ola de inversiones y préstamos respaldados por el Estado que apuntan a expandir su acceso a las materias primas y aprovechar la demanda del creciente volumen de consumidores de Latinoamérica.

Al hacer eso, China ha emergido como una fuente alternativa de financiamiento para el desarrollo de países latinoamericanos en áreas como infraestructura y energía, que durante mucho tiempo dependieron de préstamos del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional (FMI), que venían con más ataduras.

"Es una oportunidad real para Latinoamérica si lo hacen bien y es un desafío real para Estados Unidos", dijo Kevin Gallagher, un profesor de relaciones internacionales de la Universidad de Boston, coautor de un libro sobre China en Latinoamérica.

"Los chinos son una patada (...) a Estados Unidos para que articulen una relación un poco más seria con la región", agregó.

Comienzos de un contragolpe. La creciente participación económica de China en la región podría llegar a convertirse un día en una amenaza al dominio estratégico de Washington en la medida en que sus profundos bolsillos capten nuevos amigos.

Colombia, un aliado de Estados Unidos, anunció recientemente que está en conversaciones con China para construir una línea del ferrocarril que conecte el Océano Atlántico con el Océano Pacífico, una posible alternativa al Canal de Panamá que impulsaría los flujos de comercio con Asia.

Una red de nuevas carreteras en construcción darán acceso directo a cinco puertos en la costa pacífica de Perú en otra señal de cómo el poder económico asiático está rediseñando los patrones comerciales regionales.

Pese a que aún están concentradas principalmente en metales y bienes agrícolas, las inversiones chinas han comenzado a expandirse a otras áreas de la economía.

China se convirtió el año pasado en el mayor inversor directo en Brasil, que es la mayor economía de la región, con alrededor de US$15.000 millones en proyectos desde una planta siderúrgica de US$5.000 millones a la compra de redes de electricidad por alrededor de US$1.000 millones.

También ha construido relaciones con Venezuela, un némesis de Estados Unidos, cuyo polémico presidente, Hugo Chávez, dijo durante una visita a China en el 2004 que había sido un maoísta desde su infancia.

Posteriormente, China lanzó un satélite de comunicaciones de US$400 millones para Venezuela, reduciendo su dependencia de satélites estadounidenses y europeos.

Estados Unidos sigue siendo el principal socio comercial y de inversiones para Latinoamérica, respondiendo por alrededor de un 40% de las exportaciones de la región en el 2009, frente a un 7% por parte de China, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de la ONU (Cepal).

China está avanzando rápidamente, desde prácticamente cero hace 10 años, y está cerca de sobrepasar a la Unión Europea como el segundo socio comercial de la región para el 2015.

Eso también ha acarreado un costo para Latinoamérica debido a que importaciones baratas de China llenan los mercados domésticos, perjudicando a industrias locales, como fábricas y textiles.

México sufrió el impacto primero y en forma más profunda, pero Brasil y Argentina lo están sintiendo cada vez más.

Gallagher calculó que un 94% de las exportaciones de manufacturas de Latinoamérica, por más de US$260.000 millones, están bajo amenaza directa o parcial de China.

El nuevo gobierno brasileño, encabezado por la presidenta Dilma Rousseff, ya ha adoptado una actitud mucho más fría hacia China que su predecesor, apuntando a enfrentar una relación dispareja que ha visto a las importaciones chinas quintuplicarse desde el 2005.

Las tensiones también surgieron con Argentina el año pasado cuando China, aparentemente enfadada por medidas proteccionistas, boicoteó los embarques de aceite de soja durante seis meses.

Y a las empresas chinas a menudo les cuesta ganar apoyo local para sus proyectos en Perú, donde los críticos expresan preocupaciones de que causen contaminación o usen los escasos recursos hídricos.

China podría luchar para convertir su creciente peso económico en influencia política en Latinoamérica, dice Michael Shifter, presidente del instituto Inter-American Dialogue en Washington.

"Podríamos estar entrando en una nueva fase en la relación china con Sudamérica, donde hay preocupaciones sobre las políticas y prácticas chinas y sobre si Latinoamérica está consiguiendo los términos más favorables de esa relación", sostuvo.

"Creo que ese será el caso por el próximo par de años, que la abre (a Sudamérica) nuevamente a Estados Unidos", añadió.