Para esta semana la agenda del presidente Juan Manuel Santos tiene una cita resaltada: tendrá lugar en Cartagena, en el marco de la Cumbre de las Américas, y el interlocutor será Leonel Fernández, su homólogo dominicano.

Juntos, intentarán definir de una vez por todas la mejor vía que los conduzca al Tratado de Libre Comercio (TLC) que, sin éxito, han intentado negociar en los últimos dos años.

La última vez que ambos se dieron cita para estudiar el tema fue en diciembre pasado, en la más reciente visita oficial de Fernández a Colombia. En ella, además de suscribir acuerdos binacionales en áreas de seguridad, energía y transporte aéreo, impartieron órdenes a sus respectivos equipos para iniciar los estudios exploratorios.

“Es un proceso que no es fácil, no es instantáneo, pero hemos ido manteniendo reuniones a nivel de viceministros, ministros, cancilleres y presidentes”, comenta Sergio Díaz-Granados, ministro colombiano de Comercio, Industria y Turismo, quien agrega que su cartera analiza las mejores oportunidades de negocio para la industria nacional: “No sólo estudiamos los bienes, también los servicios. Tenemos mucho que compartir en el tema de logística”.

La importancia de este objetivo reside en el tamaño y las características del mercado dominicano, que con más de 10 millones de compradores potenciales, y una demanda por satisfacer, se ha convertido en uno de los objetivos más atractivos para los empresarios colombianos.

Para hallar el origen de este interés habría que remontarse a la década pasada, cuando el país encontró en las naciones caribeñas un destino atractivo para diversificar sus exportaciones, tras la desaceleración de la economía estadounidense y el cierre de fronteras con Venezuela, quienes entonces eran sus principales socios comerciales.

“Su nivel de producción es muy inferior a la demanda tanto de sus habitantes permanentes, como a la del alto flujo de turistas, de aproximadamente 4 millones de personas al año”, explica Camilo Acevedo, presidente de la Cámara de Comercio Colombo Centroamericana y de El Caribe.

Para hallar el origen de este interés habría que remontarse a la década pasada, cuando el país encontró en las naciones caribeñas un destino atractivo para diversificar sus exportaciones, tras la desaceleración de la economía estadounidense y el cierre de fronteras con Venezuela, quienes entonces eran sus principales socios comerciales.

Fue cuando empresas de la talla de los grupos Nutresa, Familia, Carvajal, Quala y Levapan decidieron asentarse en la isla de La Española para aprovechar una plaza inundada de mercadería china. “Es un mercado semejante al colombiano, pero con prácticas proteccionistas muy fuertes. El arancel de entrada a los productos terminados es del 20% y abundan los precios altos debido a la escasa industria local”, dice Alfonso Gómez Jaramillo, presidente de Productos Químicos Panamericanos (PQP), y quien hace un año decidió abrir una fábrica en ese país.

Según las cifras oficiales, el renacer del comercio binacional se dio tras la crisis financiera de 2008, cuando los flujos se elevaron por encima del 75% (ver infografía). “Es uno de los mayores compradores de productos colombianos año tras año. Además, nuestra mano de obra es muy bien reconocida y calificada”, asegura Acevedo.

Pero este comportamiento es apenas entendible, si se tiene en cuenta que República Dominicana es uno de los principales compradores del Mar Caribe, con importaciones de US$15.162 millones en 2011.

Y, de hecho, podría convertirse en la plataforma perfecta para que Colombia conquiste nuevos mercados en la región. Según el plan del Gobierno, tan pronto se inicien las negociaciones con Santo Domingo las baterías se enfilarán para conquistar la región Caribe, donde sobresalen las islas de Curaçao y Trinidad y Tobago.

En el primero, Bogotá buscará explotar la afinidad existente con la administración de Gerrit Francisco Schotte: “Es la primera vez que la isla tiene un gobierno autónomo, con un primer ministro que es mitad holandés y mitad colombiano”, dice Díaz-Granados, cuya cartera ha identificado una oportunidad dorada en la venta de alimentos frescos: “Los costos son muy altos porque las importaciones vienen desde la Florida”.

Asimismo, el atractivo trinitario reside en su industria financiera: “Nos parece un sitio ideal para que comencemos a mirarlo como un mercado potencial de nuestras exportaciones e inversiones”, agrega.

Los diálogos, entonces, girarían alrededor de la logística marítima, uno de los grandes dolores de la industria nacional. Sin embargo, el Gobierno se prepara con reuniones técnicas de la mano de Venezuela, Aruba, Granada, Curaçao y Trinidad y Tobago para tender puentes hacia los mercados del futuro.