Shinzo Abe, el primer jefe de gobierno japonés en visitar Colombia desde que los dos países iniciaron relaciones en 1908, conoce Bogotá, probó el ajiaco y llega con una agenda que incluye un inminente acuerdo comercial y el mensaje de una política internacional nipona renovada y menos pacifista.

Colombia y Japón adelantan desde 2012 conversaciones para un Acuerdo de Asociación Económica (EPA, por su sigla en inglés): una versión ampliada de un acuerdo de libre comercio destinado a mejorar la comercialización de productos y servicios.

Abe, que visita Colombia como parte de una gira de diez días que incluye a México, Chile, Brasil y Trinidad Tobago, encontrará las negociaciones del acuerdo económico colombo-nipón en su sexta ronda.

Los dos países acaban de redactar un texto que promete facilitar el acceso y uso de las redes públicas de telecomunicaciones y relajar las exigencias para la visa de personas que viajan por negocios. El documento comprende también la creación de una autoridad que combata las prácticas anticompetitivas y propicie la transparencia.

Aunque el intercambio comercial entre Colombia y Japón es relativamente modesto y favorece al país asiático (de los US$1.900 millones negociados en 2013, Japón vendió US$1.500 millones), Colombia ha ganado visibilidad en el radar de los intereses japoneses gracias a su entrada a la Alianza del Pacífico, grupo en el que también participan Perú, México y Chile.

Por otra parte, desde que Japón fue desplazada por China como la segunda economía del mundo, Tokio ha empezado a prestar mayor atención a regiones en las que Pekín avanza propulsado por el brío de su poder inversor.

China es el principal socio comercial de México, Perú y Chile, pese a que son los únicos países latinoamericanos que tienen acuerdos comerciales con Japón.

Pekín es además el mayor interlocutor comercial de Brasil, la otra escala continental de Abe en este viaje y donde el presidente chino Xi Jinping acaba de dejar una cascada de inversiones tan millonaria que amenaza con opacar por algún tiempo las visitas de futuros mandatarios.
Abe viaja acompañado de una nutrida comitiva de empresarios y el balance económico de la gira será medido en acuerdos, contratos y cifras de comercio a medio y largo plazo.

El factor China

La creciente presencia mundial del gigante chino y sus cada vez más enérgicos reclamos territoriales a los países vecinos son también el principal motor de la nueva política exterior y de defensa nipona. Tokio ha empezado a dejar atrás el nacionalismo económico del pasado para entrar en una fase de intenso nacionalismo político. El objetivo más urgente de Abe es revocar al pacifismo impuesto por la Constitución japonesa redactada por las Fuerzas de Ocupación estadounidenses justo después de la derrota de la Segunda Guerra Mundial.

El primer ministro acaba de proponer una “interpretación” del artículo 9 de la Constitución japonesa, la que prohíbe la beligerancia del país, para permitir la participación del ejército nipón en ataques colectivos o en apoyo de sus aliados militares. Abe quiere también que la industria japonesa participe del sustancioso mercado mundial de las armas y desde su llegada al poder en 2012 adelanta una decidida agenda pro militar, cuyos fundamentos algunos atribuyen a la herencia ideológica de su abuelo, el exprimer ministro Nobusuke Kishi.

Debido a que el renacer del militarismo japonés produce clamor en los países asiáticos que sufrieron invasiones niponas en la primera mitad del siglo XX, Tokio busca legitimarlo como un “rearme por la paz” y apunta a un escaño en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. En octubre de 2015 se celebran elecciones para un escaño no permanente en el Consejo de Seguridad al que puede optar Japón y la consecución de votos a favor de Tokio está implícita en la agenda económica de Abe en América Latina y el Caribe.

Aunque el voto colombiano no ha sido aún mencionado, la prensa económica japonesa señala que la captación de votos será un objetivo claro en Trinidad Tobago, donde Abe presidirá la primera cumbre de Japón con la Comunidad del Caribe (Caricom). Allí, se espera la presencia de los líderes de los 15 países caribeños miembros, algunos de los cuales favorecen relaciones diplomáticas con Taiwán —y por eso más cercanos a Japón— y no con la República Popular China.

El éxito político se contará de inmediato en los votos que lleven a Japón al Consejo de Seguridad de la ONU y contribuyan a dejar atrás un pacifismo que Abe y muchos políticos japoneses que lo secundan consideran obsoleto dada la actual situación geopolítica.