Washington. El presidente estadounidense, Donald Trump, se está quedando sin tiempo para reformar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) antes del plazo establecido para este año y fuentes involucradas en las conversaciones dicen que la crisis ha sido en gran medida creada por su propio Gobierno.

Negociadores, grupos de presión de la industria, expertos en comercio y legisladores cercanos al tema describieron cómo pasaron meses antes de que el equipo de Estados Unidos presentara sus propuestas y cómo se estancaron las discusiones porque las demandas excedían con creces lo que Canadá y México esperaban y Washington no daba señales de estar dispuesto a un compromiso.

Al final, un calendario inusualmente ajustado dejó poco espacio para reducir las diferencias sobre los temas centrales, como los requisitos de contenido regional y de Estados Unidos para la industria automotriz.

Las conversaciones comenzaron en agosto con el objetivo de concluir en solo cuatro meses, pero cuando quedó atrás un plazo de notificación del 17 de mayo para permitir que el actual Congreso estadounidense liderado por los republicanos apruebe un nuevo pacto antes de que termine el año, el representante comercial de Estados Unidos, Robert Lighthizer, advirtió que los países "no están siquiera cerca de alcanzar un acuerdo".

Presión de tiempo. Hasta hace algunas semanas, Lighthizer creía que México enfrentaba la mayor presión de tiempo para concluir las conversaciones antes de sus elecciones presidenciales del 1 de julio, dijo a Reuters una fuente del Gobierno mexicano cercana a las conversaciones.

Los puntos clave de discordia: un fuerte aumento en los requisitos regionales de contenido automotriz, una demanda de que la mitad del valor de los vehículos de América del Norte tuviera su origen en EE.UU y el requisito de renegociar el pacto cada cinco años.

A principios de mayo, sin embargo, el secretario de Economía mexicano, Ildefonso Guajardo, le dijo a Lighthizer en Washington que su país podría negociar un acuerdo del TLCAN hasta la transición del 1 de diciembre a un nuevo Gobierno, incluso si gana un candidato opositor.

De improviso, Estados Unidos fue quien se encontró corriendo en contra de la inminente fecha límite del Congreso, dijo la fuente mexicana.

Los objetivos de negociación del Gobierno de Trump presentados al Congreso en julio del 2017 hablaban de una reducción en los déficits comerciales con México y Canadá y un aumento en la producción automotriz estadounidense.

En contraste, los vecinos en Estados Unidos vieron las conversaciones más como un ejercicio de "modernización" y propusieron, por ejemplo, capítulos sobre el comercio digital que no existían cuando el TLCAN entró en vigencia en 1994.

En general, ambos estaban satisfechos con el statu quo, así que cuando a Washington le tomó dos meses presentar demandas específicas, la demora jugó en su contra.

"¿Cómo se pueden iniciar conversaciones para actualizar un tratado y luego hacer que todos esperen meses antes de explicar lo que se quiere?", preguntó un funcionario canadiense informado sobre las conversaciones.

La oficina de Lighthizer dijo que siempre estuvo claro sobre el objetivo de "reequilibrar" el comercio del TLCAN a favor de Washington.

 

"Estados Unidos ha sido muy claro y específico desde el principio sobre lo que esperamos ver en un nuevo TLCAN y ha trabajado a un ritmo sin precedentes para negociar un mejor acuerdo para Estados Unidos", dijo el portavoz de la oficina.

Cuando el equipo de Lighthizer presentó las demandas en octubre, los funcionarios canadienses y mexicanos dijeron que éstas equivalían a renunciar a décadas de beneficios comerciales, algo que no podían aceptar.

Los grupos empresariales de Estados Unidos etiquetaron esas demandas como "píldoras envenenadas" que amenazaban con descarrilar las conversaciones e impulsar a Trump a abandonar el pacto.

Los puntos clave de discordia fueron: un fuerte aumento en los requisitos regionales de contenido automotriz, una demanda de que la mitad del valor de los vehículos de América del Norte tuviera su origen en Estados Unidos y el requisito de renegociar el pacto cada cinco años.

Todos siguen sin resolverse, a pesar de casi ocho semanas de negociaciones maratónicas en Washington en abril y mayo, enfocadas principalmente en los autos.

Canadá y México también tuvieron su rol en hacer tiempo. A Ottawa y México les tomó tres meses producir contrapropuestas, lo que generó críticas por parte de Lighthizer de que no lograron "comprometerse".

Los negociadores canadienses y mexicanos argumentaron que necesitaban tiempo para entender la lógica de las demandas estadounidenses porque venían sin evidencia y análisis de respaldo habituales. Los negociadores estadounidenses dijeron que era la consecuencia del cronograma extremadamente ajustado.

Pero el principal negociador estadounidense, John Melle, se quejó en privado a los colegas estadounidenses de que Ottawa estaba perdiendo el tiempo deliberadamente en asuntos menos esenciales, como los nuevos capítulos propuestos sobre los derechos de las mujeres y los pueblos indígenas, dijo una fuente estadounidense cercana a las conversaciones. Funcionarios canadienses niegan haber tratado de dilatar las negociaciones.

En un evento de negocios a principios de este año, el veterano negociador en jefe de Canadá, Steve Verheul, describió las conversaciones como la "negociación más inusual" en la que había participado, debido al enfoque de que el ganador se lleva todo.

"Buscan fortalecer a Estados Unidos y al hacerlo debilitan a Canadá y México", expresó.

 

¿Cuál Lighthizer? Las amenazas de Trump de abandonar el TLCAN y la postura intransigente de Washington hicieron que algunos involucrados en las conversaciones se preguntaran si su objetivo era hacer detonar el pacto o mejorarlo.

"Mi jefe cree que el 40% de Lighthizer quiere un trato, el 60% no, y que a veces es posible observar a ambos Lighthizer en la misma conversación", dijo un diplomático a Reuters.

Lighthizer solía decirles a los periodistas y legisladores que estaba negociando para "una audiencia de uno" y que en última instancia era decisión de Trump aceptar o rechazar un acuerdo.

Las conversaciones parecieron ganar impulso a principios de abril, cuando los negociadores limitaron sus demandas del sector automotor, reduciendo el límite de contenido regional propuesto en 10 puntos porcentuales al 75%, pero con un componente de salario mínimo de US$16 para el 40% de la producción de autos.

México respondió con una contrapropuesta de un 70% y un 20%, respectivamente, aunque Guajardo dijo este viernes que todavía considera que hay un 40% de posibilidad de llegar a un acuerdo antes del 1 de julio.

Sin embargo, con Washington librando batallas comerciales en otros frentes, ha sido difícil mantener ese impulso. Por ejemplo, cuando Estados Unidos amenazó con aplicar aranceles a las importaciones chinas debido a las preocupaciones sobre propiedad intelectual y esas charlas llegaron a una fase crítica a fines de abril, una misión comercial a Pekín alejó a Lighthizer del TLCAN durante una semana.

La semana pasada, su oficina inició una investigación de seguridad nacional que podría generar aranceles sobre las importaciones de vehículos y autopartes de América del Norte, Europa y Asia. El primer ministro canadiense, Justin Trudeau, dijo a Reuters este jueves que esa medida tiene la intención de presionar a Canadá y México en las negociaciones del TLCAN.

Si van a ceder a esa presión es otro tema y, mientras tanto, la investigación podría terminar comprometiendo los recursos ya exigidos de Lighthizer.

Incluso con un acuerdo sobre autos, podría llevar tiempo resolver otros asuntos, como las garantías de propiedad intelectual para los fabricantes de medicamentos, dijo la exnegociadora comercial de Estados Unidos Wendy Cutler.

"A veces simplemente no hay tiempo suficiente para encontrar soluciones creativas", declaró.