Eduardo Costantini (Buenos Aires, 1946), uno de los empresarios más importantes de Argentina, quería en realidad dedicarse al servicio público. En sus 20 años, cuando estudiaba para convertirse en economista, su meta era llegar a ser presidente del Banco Central o ministro de Economía. Pero las cosas no se dieron de esa manera. A la vuelta de un postgrado que cursó en Inglaterra se dio cuenta de que el sector público "no pagaba nada". Así, comenzó a transitar un camino que, con el tiempo, lo llevaría a convertirse en un desarrollador inmobiliario de porte, padre de la firma global Consultatio.
En paralelo a su carrera empresarial, hizo sus primeras armas en el coleccionismo de obras de arte. Un día, los cuadros fueron tantos que decidió construir un museo para exhibirlos, y así nació el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba), edificio ya emblemático de la capital argentina.

"El éxito por ahí la sociedad lo mide de una manera, si se quiere, superficial, por los logros visibles. Creo que el éxito es cuando vos estás feliz con lo que hacés", dijo en conversación con El Observador el miércoles, luego de su participación en el Uruguay Business Forum en el aeropuerto de Carrasco. Economía y arte –dispara datos de diferentes obras y pintores a velocidad de metralleta– se mezclaron en la charla en la que adelantó que el 22 de diciembre estará en la inauguración del puente sobre la Laguna Garzón, del cual fue impulsor y financiador en parte. A continuación, una síntesis de la entrevista.

-En Conversaciones en La Nación dijo: "Tengo 68 años, nunca vi estabilidad en Argentina". ¿A qué responde y cómo impacta eso en el clima de negocios?

-El problema de la inestabilidad no es tanto para el empresario, (es) sobre todo para la población. La causa de la inestabilidad argentina para mí es clarísima: la Argentina es caudillista, es personalista, y la gente que llega al poder no lo quiere largar. Incluso en la democracia, que se supone que tiene que haber alternancia en el poder, tanto (Carlos) Menem, que era de derecha, como (Néstor) Kirchner, de centro-izquierda, ambos han querido perpetuarse en el poder, ambos han querido modificar la Constitución o hacer una lectura diferente de la Constitución. Y siempre los cambios de gobierno en la Argentina son traumáticos, porque no aceptan dejar el poder. Entonces se enojan, y le ponen piedras al adversario, aun cuando el adversario puede pertenecer al mismo partido político.

Aparte, como son proyectos personalistas, en realidad el presidente de la República en la Argentina no reconoce las leyes económicas. Cuando vos tenés un exceso de poder, calculo, te perdés, pensás que no hay leyes económicas. Lo que ha ocurrido es que la inconsistencia del programa macroeconómico que ha derivado en la inestabilidad ha producido la falta de apoyo de la población a ese gobierno. La población admite que alguien continúe siempre en el poder en la Argentina porque no tiene esa cultura de la real democracia, y de la República y del federalismo, pero cuando le tocan el bolsillo, le sacan el apoyo. Menem perdió porque le hizo trampa a la macro, y el kirchnerismo perdió porque le hizo trampa a la macro. Y es al revés, la macro siempre funciona de una misma manera, solo que ellos no la leen.

-Adelanta que el kirchnerismo pierde, entonces.

-Bueno, para mí, ya perdió.

-Se discute mucho si Argentina va a tener que hacer un ajuste gradual o mediante un shock. ¿Cuál sería la manera más inteligente y prudente para hacerlo?

-Por un lado, en materia cambiaria, diría una liberación del mercado cambiario. Un dólar único, digamos. Después sí, es cierto, retenciones distintas, por ejemplo, para el campo. Pero en materia de gasto público no intentaría reducir el déficit de 6% del producto, o 7%, a cero, porque significaría cortes muy fuertes que producirían una recesión y un desempleo virulento.
Me parece que, en todo caso, el gradualismo se tiene que dar por tener un objetivo de bajar la inflación en tres años, por decir algo, pero sí aplicar una política fiscal más rigurosa, y tener una política de ingresos en todos los convenios colectivos de trabajo, tener la política cambiaria que dije, y después también tiene que alinear precios. La electricidad en Argentina te la regalan, el gas te lo regalan, entonces las empresas están descapitalizadas. Hay muchas disparidades que hay que ir sacándolas, tienen que ir convergiendo a un funcionamiento más sano y más equitativo para diferentes sectores. No castigando arbitrariamente a unos y a otros premiándolos. Por ejemplo, se ha estado financiando la venta de pasajes al exterior en un año y medio a 0% de tasa de interés, cuando la inflación es del 30%. Es un disparate. Todas esas cosas hay que verlas, y tiene que haber un programa económico para que las expectativas cambien para mejor. Yo creo que lo va a haber.

-Si pudiera pedirle una cosa al próximo ministro de Economía de Argentina, ¿cuál sería?

-Tiene que haber un plan económico consistente e integrado. Pero antes que eso le pediría al presidente que respete la democracia y que gobierne para una nación con política de largo plazo, y que se vislumbre en el momento que termine su mandato. Por supuesto que lícitamente puede ser reelegido. Pero que se gobierne para la institucionalidad del país. El país necesita recuperar instituciones. La independencia del Poder Judicial, por ejemplo. El federalismo. Rescatar la moneda. Empezar a construir una Argentina que, inmediatamente, va a ser imposible, en el mediano plazo va a ser dificultoso, pero solo en el largo plazo va a ser viable, donde los argentinos podamos ahorrar en pesos, que es fundamental. Si vos destruís el ahorro... La gente en la Argentina no ahorra. Ahorra en dólares en el exterior. En un país, la autoestima no funciona de esa manera.

-¿Qué fue lo mejor y qué lo peor de los gobiernos kirchneristas?

-Algo que sin duda es valorable fue la renegociación de la deuda externa. Me parece un logro. También me parece importante el primer periodo del kirchnerismo, que afianzó el crecimiento económico, donde todavía no había inflación y donde ellos –que manejan muy bien la política– crearon un espacio político, porque Néstor Kirchner subió con un porcentaje muy bajo porque no hubo segunda vuelta. Pudo construir un poder que después, lamentablemente, fue un poder hegemónico. Fue un poder totalmente exagerado. Pero al principio construyó una base de poder sana para ser presidente, renegoció muy bien la deuda externa, dándole aire al país e instrumentó una política de ingresos, de recuperación de los sueldos que estaban muy bajos, y además mantuvo una disciplina fiscal, entonces la Argentina estaba bien. Se quiso independizar del Fondo (Monetario Internacional) y le pagó. Es aceptable. Hasta ahí estuvo bien. Después lamentablemente, lo que critico es la construcción del poder y de la concepción democrática –no solamente el kirchnerismo sino a la historia argentina– que deriva en la inestabilidad. Después este gobierno modificó el Código Civil para mejor, reconoció la libertad de géneros, cosas muy valiosas que se hicieron dentro de este mandato. La asistencia que hubo a la gente más carenciada, programas sociales necesarios para una población rezagada, eso también tiene importancia. Y después falló en todo lo demás: la exacerbación de la inflación, el retraso cambiario, la disparidad de los precios, el castigo al campo, innecesario, el retraso del dólar, realmente muy perjudicial.

-En 2008 decidieron salir de Argentina y hoy tienen proyectos tanto en Uruguay como en Estados Unidos, en Miami. ¿Tienen planes para sumar algún destino más? ¿En Uruguay tienen en carpeta algún proyecto?

-Tenemos planes, estamos viendo, porque depende de la calidad de los proyectos que podamos conseguir. En particular, estamos observando más de cerca la situación brasileña, sobre todo en San Pablo, porque a partir de la fuerte devaluación del real los precios se han hecho mucho más atractivos que antes del proceso devaluatorio. Uruguay creo que sigue estando caro y a su vez el mercado inmobiliario está bastante parado debido a los altos costos. De manera que vamos a seguir esa dinámica. Este es el primer año de inflexión, en el cual hay un abaratamiento en el costo de vida uruguayo, o la compra de propiedades uruguayas expresadas en dólares, o la construcción expresada en dólares. Ha habido una baja de 20%. Pero sigue siendo por lo menos 50% más caro que el costo de la construcción en Buenos Aires.

-¿Así que no hay anuncio en puerta para Uruguay?

-Bueno, lo que sí estamos muy esperanzados es con la apertura del puente (sobre la Laguna Garzón), que hemos hecho una inversión significativa este año, cumpliendo nuestra parte para poder inaugurar el puente en el mes de diciembre.

-¿Va a estar en la inauguración?

-En la primera fila.

-Se manejaron muchas cifras en relación a lo que aportaron para el puente. ¿Cuánto fue?

-Hemos invertido como US$ 8 millones, de los US$ 2 millones, US$ 2,5 que pensábamos invertir.

-¿Cuáles son los mayores atractivos de Uruguay para captar inversión extranjera y cuáles sus debilidades?

-No puedo contestar eso porque no conozco en profundidad. Para mí Uruguay es un país hermoso. Las costas uruguayas son únicas, la campiña uruguaya es única. El cielo, el mar. La cultura del uruguayo, la educación del uruguayo, la centralidad, tanto Montevideo como Punta del Este. Me parece que Uruguay tiene que calibrar el nivel de los costos internos expresados en dólares, el valor del dólar, para alinearse a la devaluación que hubo en Argentina, a la devaluación que hubo en Brasil, a los precios que hay hoy en el mundo de los cereales. Y darle lugar también a otros sectores, no solamente al agropecuario. Mi impresión de afuera, sin gran conocimiento, es que Uruguay podría lograr ser un poco más dinámico y eso llevaría a que el Estado tuviese menor peso en la economía. Tener menor cantidad de empleados públicos, que se transfieran a la actividad privada. Pero claro, si no hay demanda de empleo del sector privado, no hay transferencia posible. Por eso creo que el país tiene que tratar de ser más competitivo.

-Si tuviera que seleccionar una de las obras que están hoy en el Malba, ¿cuál sería?

No, no podría elegir ninguna obra. Pero, por ejemplo, puedo decir que hay una obra de (Rafael) Barradas, del año 18, el mejor año de Barradas, artista uruguayo, que murió tan joven, creo que a los 39 años, amigo de Torres. En el periodo 18-20 coincidieron los dos con el tipo de arte, cuando Torres estaba en New York. Hay una obra que no pude comprar que se llama Calle de Barcelona a la 1 pm y otra, Quiosco de Canaletas, que lo tiene el Malba, que es una obra espectacular, que está al mismo nivel de cualquiera de las obras superlativas que tiene el Malba.