Guayaquil. Manuel Hernández es taxista desde hace más de diez años en Guayaquil. En ese tiempo, recuerda, en varias ocasiones las autoridades han exigido el uso del taxímetro para marcar el precio de las carreras.

“Un tiempo lo hacen usar, les da la fiebre un mes y se acabó. La gente aquí no usa, se asusta con el taxímetro porque cree que va a marcar más”, cuenta, mientras acude a colocar el dispositivo en una de las doce empresas autorizadas para el efecto y así acogerse a la resolución que la Agencia Nacional de Tránsito (ANT) emitió en febrero del 2013.

El plazo para que todos los taxis del país tengan taxímetros homologados por la ANT vence el 1 de febrero, y aunque los taxistas acatan la medida, muchos creen que como en años anteriores, la disposición no será acogida por la ciudadanía.

“La gente paga lo que quiere, por el regateo. Si uno le dice un precio y no está de acuerdo, atrás ya está un informal que le va a cobrar menos”, explica Abraham Mejía, taxista desde hace quince años.

Ángel Quimí, taxista de la cooperativa Tropicana que labora en las afueras del hotel Oro Verde, afirma que aunque los taxistas informales cobran menos, la diferencia está en la seguridad. 

“Hay personas que prefieren a los informales por el costo, pero tampoco es muy diferente, por un dólar se hacen problema y ponen en riesgo sus vidas”, manifiesta.

Para que el taxímetro funcione en Guayaquil hace falta más control de la informalidad, coinciden varios taxistas. George Mera, presidente de la Unión de Taxistas del Guayas, considera: “Tenemos que acatar la ley, estamos de acuerdo con el uso del taxímetro, pero se debe concienciar a la gente para que se use y se debe controlar la informalidad”.

Pero anuncia que pedirán una prórroga de dos meses a la ANT, “porque los distribuidores no abastecen a todos”.