Han sido ejes de gravitación económica y comercial que atraen (o repelen) a los países de América Latina. Pero el escenario global de hoy, de ralentización de la economía china y desplome de la demanda de recursos básicos, está llevando a muchos a preguntarse si existe convergencia posible entre estos dos grandes bloques de distinta naturaleza política, como son Mercosur y la Alianza del Pacífico (AP).

“No hay que tener temor a reconocer que los procesos de inserción son distintos”, explica desde Uruguay Ignacio Bartesaghi, coordinador del Observatorio América Latina-Asia Pacífico de Aladi. “Naturalmente entre ambos bloques regionales hay diferencias, porque la política de desarrollo, el tamaño de los mercados y la estructura exportable son distintos”.

Para el investigador social es necesario “quitar dramatismo al tema, y tratar con naturalidad los procesos de integración de los dos bloques, dado que cada uno tiene sus complejidades y distintas estrategias de inserción”. 

El consenso parece orientarse a superar esa visión maniquea que presenta a estos dos modelos comerciales como contrapuestos y en constante fricción.

La paradoja. Si el Mercosur y la AP fuesen dos economías nacionales serían la quinta y la sexta del mundo. Pero como modelo nacieron y se desarrollaron sobre carriles distintos. “Hay que reconocer que la agenda externa de los países de la AP es mucho más dinámica”, apunta Bartesaghi. “El arancel promedio en AP se situó en torno a un 6%, en tanto el del Mercosur lo dobla, y se sitúa en 11%”.

Uno de los principales logros de la AP es la desgravación arancelaria para el 100% del comercio de bienes (92% de manera inmediata y el 8% restante a 17 años). Además la AP mantiene tratados de libre comercio con más de ochenta países. Gracias a ello ha crecido el número de países que se han incorporado como observadores (Costa Rica, Guatemala y Panamá, por mencionar algunos).

“La AP fue concebida con orientaciones claras al libre comercio, sus países miembros tienen una estructura institucional democrática sólida, mercados dinámicos y globalizados y condiciones favorables para la inversión”, comenta Jesús Sarria, economista del CIFF, Centro Internacional de Formación Financiera, de Madrid.

Mercosur, en cambio, es por definición un bloque de comercio intrarregional, y aquí está la paradoja: se ha transformado en un mercado relevante para países de la propia AP, que no comercian tanto entre sí. Chile exporta a AP un 5,3% y un 8,1% a Mercosur; Colombia, un 6,3% a AP y un 13,3% a Mercosur, y el Perú, un 7,2% a AP y un 10,7% a Mercosur.

Esto último permite apostar por la posibilidad de expandir aún más sus mercados intrarregionales potenciando la comercialización de productos de mayor valor añadido que conllevan a crear empleos de calidad. También la oportunidad de dinamizar su participación en otros mercados, en particular el de Asia-Pacífico, que forma parte del código genético de la AP.

“¿Por qué la contraposición entre estos dos modelos adquiere importancia? Por el vínculo Asia-Pacífico”, se pregunta y responde Bartesaghi. “Porque el dinamismo de los acuerdos comerciales de esta región con el mundo nos ha impreso una presión adicional a las agendas externas de los bloques comerciales”.

Para Germán Ríos, director de Estrategia de CAF, banco de desarrollo de América Latina, “el crecimiento de las multilatinas en China demuestra el elevado interés de las empresas regionales por expandir mercados, y las inversiones de las empresas chinas en Latinoamérica muestran interés por asegurar oferta de materias primas de la región”.

De hecho la inversión directa de China en Latinoamérica pasó de US$ 10.000 millones en 2005 a casi US$ 90.000 millones en 2012. Según Ríos, “América Latina debe mejorar sus infraestructuras, su desempeño logístico e institucional para atraer una IED China de calidad, y las condiciones globales actuales y las perspectivas aceleran la necesidad de atender estos retos y buscar potenciar estas relaciones”.

Despierta Brasil. Hay quienes, como el mexicano Sergio Contreras, del Consejo Empresarial de la Alianza del Pacífico (CEAP), supeditan el acercamiento AP-Mercosur al aspecto arancelario. Otros, como Bartesaghi, prefieren bajar el perfil a la brecha arancelaria, e insisten en que hay muchos otros temas de convergencia.

“Chile ya ha explorado varios puntos, y ya estamos trabajando con Mercosur”, afirma Andrés Rebolledo, director general de la Dirección General de Relaciones Económicas de la Cancillería chilena. “Se armará una agenda corta con elementos específicos vinculada al quehacer del operador comercial específico. Una agenda corta y práctica para empezar”.

Mucho dependerá, sin embargo, de lo que suceda en Brasil y, en menor medida, en Argentina. Para Sarria “el enfoque de Mercosur no es el más versátil para una economía como Brasil, la cual posee sectores potenciales que se desmarcan de las características típicas de las exportaciones”. El investigador sostiene que Brasil “necesita una estructura productiva y comercial que se corresponda con las nuevas necesidades del mercado y que le permita crecer, y recuperar competitividad a escala global”.

El ex secretario ejecutivo de Cepal y exministro de Finanzas de Argentina, José Luis Machinea, es de los que creen que el estancamiento en la agenda externa del Mercosur no es algo definitivo. “Tanto Argentina como Brasil van a tener que tomar decisiones, y Brasil empujaría el acuerdo con la Unión Europea (UE) porque sería la forma de bajar las presiones por parte de sus socios, como Uruguay y Paraguay, que ya son observadores de AP y se sienten más identificados con ese bloque”, explica.

Una fuente del mercado con sede en Madrid agrega que “el nuevo gobierno en Argentina va a dar pasos en dirección a una mayor apertura”. Más aún “en el caso de Brasil, donde el gobierno no va a cambiar, también hay una conciencia de que el modelo está agotado y que deben orientarse a una mayor apertura y facilitar las iniciativas privadas; por lo tanto, vamos a ver un acercamiento a la AP en los años próximos”.

Ahora bien, las expectativas de la convergencia tienen sus limitaciones, especialmente en lo que respecta a la conciliación de los aranceles promedio: “¿Cuánto puede cambiar Brasil con una economía desacelerada, con un proceso de reclamos internos muy importantes?”, sostiene la misma fuente. “¿Puede en un periodo corto cambiar su estrategia de inserción como la que está mostrando AP? No, eso es inviable”.

Donde sí hay consenso es en que la concertación y la exploración de acuerdos específicos interregionales entre AP y Mercosur marcarán el camino a seguir en América Latina. “La región tendrá que estar respaldada por un modelo comercial y político sostenible, flexible, de apertura, integración y crecimiento conjunto, y Brasil tendrá que acompañar”, afirma desde Portugal Filipe Domingues, del Instituto para la Promoción del Desarrollo de América Latina (IPDAL).

Portugal es uno de los primeros países europeos en tornarse miembro observador de la Alianza del Pacífico. Una señal que dice mucho.