Nueve meses después de la puesta en marcha del Tratado de Libre Comercio entre Colombia y Estados Unidos, todavía son muchos los mercados en los estados de ese país a los que falta por incursionar. También quedan por impulsar numerosos productos nacionales como los cosméticos.

Hernando José Gómez Restrepo, cerebro de la negociación del acuerdo comercial y jefe de la Oficina para el Aprovechamiento del TLC con Estados Unidos, en entrevista con El Espectador contó que las exportaciones al mercado estadounidense han crecido desde mayo de 2012 cerca de un 19%. Se destacan productos como los confites y textiles. Agregó que en ese país todavía quedan más estados por conquistar, como Texas.

Haciendo un balance, ¿cómo le ha ido al país con la puesta en marcha del tratado?

Las exportaciones no tradicionales de Colombia a Estados Unidos —sin carbón, oro, esmeraldas, café, banano y flores— han crecido un 19%. Las importaciones provenientes de Estados Unidos se han incrementado 3,2%.

¿Qué es lo que ha aumentado de Colombia a Estados Unidos?

Confites (en un 40%), pantalones para mujer y niña (37%), bolsos de mano de cuero (22%), láminas de cloruro de vinilo (7%), placas de vidrio colado (80%) y telas impregnadas con plástico (53%).

¿Qué ha crecido en importaciones?

Maíz blanco (16%), medicamentos (37%) y automóviles de más de 3.000 centímetros cúbicos (25%). Es muy temprano para sacar conclusiones, por eso hay que esperar al menos un año para tener una aproximación.

Por otro lado, es importante poner en blanco y negro que Colombia ha hecho una cantidad de tratados incluyendo el de Estados Unidos. La idea es tomar ventaja en las áreas donde tenemos capacidades importantes. Nos van a penetrar con importaciones donde no hay mucha competitividad.

En otros países se ha visto que hay mucha especialización, tanto geográfica como intraindustrial. No es que haya sectores que se fortalezcan mucho y otros que desaparezcan, sino que en el interior de un área —por decir confecciones— hay robustecimiento, por ejemplo, en vestidos de baño y ropa interior.

Existen procesos de concentración sectorial en ciertas regiones. Eso se ha visto en Chile, Perú, México y otros países que tienen este tipo de tratados. Es importante pensar en políticas activas por parte de las regiones. Hay que hacer apuestas a este tipo de sectores donde haya fortalezas.

¿Cómo va la concentración regional?

Desde la Oficina de Aprovechamiento del TLC con Estados Unidos, lo que hemos hecho es mirar los temas transversales que afectan al país. Entre ellos, acceso sanitario y fitosanitario, calidad de los productos —hay que cumplir con normas técnicas—, temas de logística, puertos y aduanas.

Por otro lado, hemos hecho análisis sectoriales —nueve manufactureros y dos del sector servicios—, donde miramos dónde están las oportunidades de cada sector y los cuellos de botella.

Tenemos que interactuar con las regiones para ver dónde están las grandes posibilidades de cada una. En Barranquilla hay una clara apuesta al sector metalmecánico y también al BPO. Uno se sienta con ellos y mira dónde hay cuellos de botella.

Por ejemplo, en Medellín está el clúster textil. En el caso del Valle del Cauca, encontramos el tema frutícola, cuero y marroquinería. Se identifica si hay proveeduría y competencias laborales. Esto hace generar alianzas público-privadas. En eso estamos trabajando con Cali, Medellín y Barranquilla, y queremos que se aceleren esas curvas de aprendizaje para que se aproveche el tratado.

Lo hemos hablado con las empresas de electrodomésticos, firmas que saben que tienen que ajustar sus productos a las normas técnicas americanas. Hay que empezar con una cosa importante: si las empresas se ajustan a las reglas, se abren los mercados canadiense, europeo y coreano. Todo esto exige una alianza público-privada.

Que el primer año, en vez de 19% podamos mostrar un crecimiento de 25% en las exportaciones. Es la meta propuesta. Vamos a ver porque evidentemente está la revaluación y la recesión internacional. Es un gran reto y es satisfactorio ver lo que se ha hecho.

¿Qué productos están liderando las ventas bajo el TLC?

El tema de partes de vehículos ha crecido de manera importante; metalmecánica también. Minerales no metálicos, químicos, aparatos de precisión —eso me sorprende—, cuero y calzado, material eléctrico y cosméticos y aseo —área a la que le tengo mucha fe—.
Somos optimistas con áreas como ropa interior femenina, vestidos de baño, ropa deportiva y prendas de control (fajas, por ejemplo). En Colombia existen varias empresas que vienen creciendo bastante en eso.

¿Qué deudas tiene el país para cumplir con todos los requerimientos del TLC?

El gran beneficiario de la entrada del TLC es la Costa Caribe. Realmente, los puertos colombianos han mejorado mucho y están atrayendo inversión. Incluso, Cali es una ciudad portuaria que está a 100 kilómetros del Pacífico. Sin embargo, la violencia en la zona de Buenaventura es un problema.

Cali y Pereira son dos grandes ganadores también. Los mayores retos son para el centro del país y por eso me les quito el sombrero a los antioqueños, porque son los mayores exportadores de manufacturas a EE.UU. y al mundo, pese a sus limitaciones de comunicación.

No todo sólo viaja por barco. Muchas cosas van por avión (el 25%). Nuestros fletes por vía aérea son relativamente competitivos. Tenemos uno de US$0,99 por kilo y los de Asia son de US$4. Los nuestros son más bajos que los de Chile y México.

Uno diría: un sector como el de cosméticos en Bogotá puede tener un gran futuro porque tiene productos de alto valor por unidad de peso que viajan por avión. Servicios, TIC, software y salud son áreas importantes en la capital. Sin embargo, hay que pensar en manufacturas como aparatos de precisión.

Otro caso es el de Bucaramanga, una ciudad que produce ropa para bebé, joyería y calzado, y donde la gran mayoría de empresas son pymes. Si se logra facilitar la labor de exportar, eso tendrá un impacto sobre el empleo. El caso de Pereira es similar, ya que la ciudad es fuerte en confecciones y en aparatos eléctricos. Hay posibilidades porque la ciudad es cercana al Pacífico.

Bogotá no se puede dormir y en ese sentido, con los empresarios locales —como los de cosméticos—, hemos hablado para ver cuáles son sus planes. El sector de cosméticos y aseo ya está exportando casi US$1.000 millones, algo que no pasaba hace 10 años. Hay nuevos sectores que sí se pueden desarrollar y tienen mejores márgenes.

¿Hacia dónde vamos con la revaluación?

Como lo ha dicho el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, todos desearíamos ver una tasa de cambio de $1.900. Sin embargo, hay que ser realistas. No podemos tener un único plan.
Hay que hacer una cantidad de cosas con la Agenda Nacional de Competitividad, con todos los temas de facilitación de comercio que hemos visto. Uno no se puede quedar cruzado de brazos esperando que las medidas del Banco de la República hagan efecto. Si uno es competitivo a $1.780, también puede serlo a $1.900. Hay que trabajar en la competitividad de cada sector y también en la productividad.

Viendo las cosas desde EE.UU., ¿cómo ha influido la lenta recuperación económica en el tratado?

Es fácil vender a Estados Unidos cuando esa economía crece al 3 o 4%. Sin embargo, el mercado estadounidense es tan grande que se importan US$2,4 trillones al año. Nosotros somos menos del 1%. Con mercadeo, inteligencia y oportunidades de acceso preferencial tenemos que aprovecharlo. Estados Unidos son muchos mercados. Insisto en que no hemos destapado zonas como Texas, un estado que ha crecido al 7,5% en la última década. Es una mina de oro a la que se pueden vender frutas y metalmecánica.
También el noreste estadounidense —donde hay gran poder adquisitivo—, los cosméticos y la marroquinería de alta gama tienen cómo ingresar. No sólo existe el mercado de Florida.
Por otra parte, es importante reforzar algunas ausencias en cadenas de valor. Colombia está acostumbrada a exportar productos finales. Lo que está de moda son las cadenas globales, donde un país produce una parte de un carro. Podemos aliarnos.