Los problemas de balanza comercial de los países del Mercosur meten presión para que el bloque, que el próximo miércoles celebrará su cumbre semestral en Argentina, desempolve las dilatadas negociaciones con la Unión Europea y busque nuevas alternativas comerciales, como Rusia.

La unión integrada por Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela hace años que no sella un acuerdo comercial "de peso" con terceros países o bloques.

Sus últimos convenios comerciales los firmó el año pasado con Surinam y Guyana, las naciones más pequeñas de Suramérica, y anteriormente, en 2010, rubricó pactos de preferencias comerciales con Palestina y Egipto.

La gran negociación en agenda, la iniciada en 1999 con la Unión Europea para crear un área de libre comercio, estuvo por años congelada, a la espera de una resolución de la Ronda de Doha en el ámbito de la Organización Mundial del Comercio y empantanada por posiciones inflexibles a ambos lados del Atlántico en defensa de los propios intereses.

Pero ahora los suramericanos parece que quieren reavivar las conversaciones con los europeos.

Sin un acuerdo con la Unión Europea a la vista en el corto plazo, el Mercosur, que el próximo semestre estará comandado por Brasil, busca alternativas, como la Unión Aduanera Euroasiática (UAE), conformada por Rusia, Bielorrusia y Kazajistán, con cuyos representantes abrieron un diálogo.

En noviembre pasado, negociadores de ambas regiones mantuvieron una vídeo-conferencia en la que los suramericanos hicieron saber que ya tienen lista su oferta "ambiciosa y equilibrada" de bienes, servicios, inversiones y compras gubernamentales y pidieron fijar una fecha para el intercambio de las propuestas.

Pero los europeos contestaron que aún no han finalizado con el proceso de consultas internas por lo que todavía no cuentan con una oferta para esos capítulos.

Detrás del renovado interés de los suramericanos por acelerar las negociaciones están los problemas de balanza comercial de los miembros del Mercosur, en especial de Brasil, la mayor economía de la región y que acumuló entre enero y noviembre pasado un déficit comercial de US$4.221 millones, valor quince veces superior al saldo negativo registrado en igual periodo de 2013.

Argentina, que este semestre ejerce la presidencia temporal en el bloque, aún conserva el saldo positivo en su balanza comercial, US$6.151 millones en los primeros diez meses del año, pero este superávit cayó un 14,5% respecto al mismo lapso del año pasado y se va licuando.

Sin un acuerdo con la Unión Europea a la vista en el corto plazo, el Mercosur, que el próximo semestre estará comandado por Brasil, busca alternativas, como la Unión Aduanera Euroasiática (UAE), conformada por Rusia, Bielorrusia y Kazajistán, con cuyos representantes abrieron un diálogo, también en noviembre, con vistas a firmar un memorando de cooperación en materia economía y comercial.

Además, este semestre el Mercosur ha iniciado conversaciones con la Alianza del Pacífico (Chile, Perú, Colombia y México) con vistas a una mayor integración comercial y ha entablado negociaciones para sellar acuerdos de preferencias arancelarias con Túnez y El Líbano.

Todo hace prever que la reelegida mandataria brasileña, Dilma Rousseff, que este miércoles asumirá su segunda presidencia en el Mercosur, intentará sacar adelante la negociación con la UE y las conversaciones con otros países, como Corea del Sur y Pakistán, apurada por las propias demandas domésticas que le exigen dinamizar el comercio exterior brasileño.

Si las voces de los poderosos industriales brasileños no fueran ya suficientes para promover un esfuerzo diplomático en la agenda exterior del mayor bloque suramericano, a ellas promete sumarse el electo presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, quien en su primer gobierno (2005-2010) muchas veces se mostró critico ante el estancamiento del bloque.

Quien sería su ministro de Economía, Danilo Astori, se mostró a favor de un "regionalismo abierto" y anticipó que insistirá en que el Mercosur flexibilice las reglas que ahora mismo vedan a los socios negociar acuerdos con terceros países en forma individual y no como parte de un bloque, una posibilidad que difícilmente Argentina y Brasil estén dispuestos a convalidar.