Gyeongju, Corea del Sur. Las principales economías mundiales aún tienen camino que recorrer para ponerse de acuerdo en la resolución de los desequilibrios globales, pero las cosas marchan en la dirección correcta, dijo el sábado el ministro de Finanzas británico, George Osborne.

Tras el sorpresivo avance de los ministros de Finanzas del G-20, reunidos en Corea del Sur, al lograr un acuerdo histórico para darle nueva forma al Fondo Monetario Internacional (FMI), Osborne dijo que el mundo ahora está en mejor posición para lidiar con los golpes económicos.

Pero el trabajo aún no está terminado. Los encargados de las políticas deben decidir cómo lidiar con los crecientes desequilibrios provocados por los países con superávits y déficits excesivos de cuenta corriente, y que amenazan con desestabilizar a la economía global.

El ministro británico respaldó el plan del secretario del Tesoro estadounidense, Timothy Geithner, de imponer límites sobre los desequilibrios de cuenta corriente, pero la falta de apoyo general de los miembros dependientes de sus exportaciones del G-20, como Alemania y Japón, hizo que no prosperara.

El funcionario alabó el acuerdo del FMI por entregarle a las economías emergentes del mundo una participación mayor en el prestamista.

"Logramos una reforma histórica del FMI, lo que refleja propiamente al mundo como es hoy, y no el mundo tras la Segunda Guerra Mundial", dijo Osborne en entrevista con Reuters.

Europa confirmó que cederá dos asientos en la junta de 24 escaños del FMI, y acordó entregar más de un 6 por ciento de la participación de votos en el Fondo a los países en desarrollo, con lo que China se convierte en el tercer miembro mayor de los 187 miembros del prestamista.

Gran Bretaña conservará su participación en la junta.

El trabajo aún no ha concluido. Osborne dijo que lograr un acuerdo en el FMI había despejado el camino para que los jefes de Estados del G-20 reanuden la discusión de las metas de cuenta corriente en su cumbre de noviembre en la capital de Corea del Sur, Seúl.

Gran Bretaña y Estados Unidos se muestran cada vez más alarmados por los enormes superávits de cuenta corriente, que les han permitido amasar masivas reservas de divisas, con lo que a su vez debilitan sus propias monedas.

Eso les dificulta a naciones como Gran Bretaña y Estados Unidos, que tienen grandes déficits, volver a equilibrar a sus economías exportando más.

En una carta a los ministros de Finanzas del G-20 que circuló el viernes, Geithner había sugerido la imposición de un límite en los balances de cuenta corriente de un 4 por ciento del PIB.

El gobernador del Banco de Inglaterra, Mervyn King, advirtió que el fracaso en lidiar con los desequilibrios podría provocar una guerra comercial mundial y llevar a la economía global a una depresión como la de la década de 1930.

Osborne dijo que aunque la idea de una meta única no había sido rechazada completamente, algunos países pensaron que podría no ser apropiada.