-¿Cuáles son sus principales plataformas como candidato?

-La OMC no convencerá a las personas sobre los beneficios de un sistema multilateral de comercio fuerte y dinámico con foros, propaganda o relaciones públicas. La OMC necesita presentar resultados, en forma de nuevos compromisos y disciplinas. La conclusión de la Ronda de Doha y la consecuente reactivación del pilar negociador son las claves para la vitalidad y relevancia de la OMC como un todo, ahí incluidos también sus pilares dedicados a la solución de problemas y al monitoreo de las reglas vigentes.

-¿Cuáles son hoy los principales problemas de la OMC?

-El gran desafío que los miembros de la OMC tienen ante sí mismos se refiere al pilar negociador de la organización, a su “brazo legislativo”. Desde que fue creada, en 1995, la OMC jamás consiguió concluir una ronda multilateral. Necesitamos superar esa parálisis.      

-¿Cuál es la viabilidad de revivir la Ronda de Doha?

-La Ronda sí puede ser concluida. Todos los miembros – incluso los de mayor peso específico – quieren que eso ocurra y están dispuestos a trabajar en ese sentido. Es necesario, sin embargo, seguir pasos cuidadosos. En primer lugar, es muy importante obtener resultados tangibles y relevantes para la Conferencia Ministerial de Bali, en diciembre. Eso daría un impulso importante en términos de confianza en nuestra capacidad de negociar. Y tenemos que concentrarnos prioritariamente en los temas fundamentales y difíciles que, a pesar de ser pocos, han impedido la conclusión de la Ronda. La estrategia de evitar esos temas e intentar buscar acuerdos sólo en la “periferia” de la pauta negociadora tiene limitaciones y no es sustentable.

-De acuerdo con diversos puntos de vista económicos, existen varios grados de apertura recomendados. En su opinión, ¿a nivel global, esa apertura debe ser total, parcial o tratada de forma bilateral?

-Nadie puede negar que el ritmo de apertura de los mercados obedece a una lógica compleja, donde elementos de política interna tienen un papel preponderante. No siempre los preceptos básicos de la teoría económica se reflejan perfectamente en las decisiones nacionales de política comercial. Consideraciones legítimas de más corto plazo, como costos sociales y de esfuerzos de transición, también pautan las discusiones sobre política comercial. No tengo la más remota duda de que el camino a seguir es el de la amplia apertura comercial, de manera de optimizar la asignación de recursos y maximizar los beneficios y el desarrollo social. El ritmo y el grado de esa apertura, sin embargo, están sujetos a las percepciones predominantes y consensos posibles en el plano doméstico. La OMC debe ayudar en la conformación de los consensos nacionales que permitan mayor integración de los mercados globales, donde se potencien los beneficios recíprocos.

Del punto de vista “sistémico”, no tengo dudas de que es preferible que avancemos tanto como podamos avanzar en el ámbito multilateral, de forma que los acuerdos preferenciales puedan actuar como una categoría complementaria del proceso de apertura comercial.

-Según el contexto anterior ¿cuál es su visión de mercado de factores como el trabajo, el comercio de servicios y de capital? ¿Debe ser totalmente libre?

-Aunque fuese deseable un mercado “totalmente libre” de los factores de producción, eso no parece factible en el mundo actual. Tratándose del movimiento de personas, por más que necesitemos la libertad de ir y venir y que nos encantemos con la riqueza de convivir con personas de todos los continentes, los países tienden a tomar tales decisiones en el contexto de sus políticas migratorias.  De forma análoga, para que haya una perfecta y libre movilidad de capitales, existe el requisito básico de un sistema apropiado de gobernabilidad en el plano internacional, además de una armonización mínima de los marcos regulatorios nacionales. Estamos todavía bien distantes de esos objetivos. Los desafíos regulatorios son más administrables en el área de servicios.

2627

-China frecuentemente aplica, como EE.UU., medidas proteccionistas nada tímidas para proteger sectores específicos. ¿Es posible agilizar las acciones de la OMC en esos casos?

-La OMC tiene instrumentos bastante eficaces para lidiar con medidas que, en la evaluación de algún miembro, restringen de forma ilegítima el comercio internacional. Es necesario recordar, sin embargo, que la vasta mayoría de las fricciones comerciales entre los países se resuelven sin que se necesite instalar un panel de expertos para examinar un contencioso. También en esos casos, la existencia de los comités temáticos, del Órgano de Revisión de Políticas Comerciales y del mecanismo de solución de controversias tiene un papel importantísimo, por el efecto inhibidor que ejercen contra el proteccionismo. De todas formas, la agilización de los mecanismos de resolución de conflictos debe ser meta permanente de los miembros de la OMC. Hay espacio para progresos en esa área.

-El Mercosur no tuvo la fuerza que prometía cuando comenzó a mediados de los años 90. ¿Cómo reactivarlo?

-Desde su fundación hasta hoy, el comercio intra-Mercosur pasó de menos de US$ 10.000 millones a más de US$ 100.000 millones. Sólo en los últimos diez años, los flujos regionales de bienes quintuplicaron su valor. Los percances en el avance del proceso de integración son naturales en un bloque que congrega países en desarrollo, heterogéneos y frecuentemente en puntos opuestos de sus ciclos económicos.

-¿Un latinoamericano dirigiendo un órgano como ese alterará los equilibrios regionales de poder dentro de la ONU, cerrando la puerta para que altos funcionarios de otras agencias puedan dirigir otros órganos?

-No veo razón para eso. Cada uno de los grandes organismos internacionales tiene sus esquemas de selección que acostumbran a mezclar, en primerísimo lugar, los atributos personales de los candidatos y, subsidiariamente, el tema de la representatividad. Creo que, al contrario, la llegada de un latinoamericano a la Dirección General de la OMC reforzará la percepción internacional de que nuestra región es cada vez más importante y activa en los foros multilaterales.  

-¿No es un error que América Latina tenga nuevamente tres candidatos en vez de uno?

-Pienso lo contrario. Veo positivamente la presentación de tres candidaturas latinoamericanas, así como la de cinco otras candidaturas de países en desarrollo. Para una organización que tuvo en su frente, por 15 de sus 18 años de existencia, ciudadanos de países desarrollados, este proceso selectivo muestra el interés y la importancia creciente de los países en desarrollo en el comercio internacional actualmente.

Soy representante permanente de Brasil ante la OMC hace casi cinco años y en los últimos dieciséis años estuve directa y continuamente involucrado en los principales temas de la organización. Fui durante años el negociador brasileño para la Ronda de Doha y conozco todos los aspectos de las negociaciones en curso, desde los detalles técnicos de cada propuesta hasta las sensibilidades y prioridades políticas de los miembros. Soy interlocutor hace años de los negociadores de todos los países en Ginebra y también de quienes toman las decisiones en las capitales.