El gobierno del presidente Donald Trump ha implementado aumentos de aranceles, con tasas que oscilan entre 10 y 50%, a importaciones estadounidenses por US$93.600 millones anuales, de acuerdo con datos del Congreso de Estados Unidos.

Las preocupaciones sobre el déficit comercial de Estados Unidos y las prácticas comerciales de los socios comerciales han sido un foco de atención de la administración Trump.

Citando estas preocupaciones, el presidente ha impuesto aranceles bajo tres leyes estadounidenses que permiten a la administración establecer restricciones comerciales basadas en ciertos criterios de manera unilateral: la Sección 201, sobre importaciones estadounidenses de lavadoras y productos solares; la Sección 232, sobre las importaciones de acero y aluminio en Estados Unidos, y potencialmente automóviles y uranio, y la Sección 301 sobre las importaciones estadounidenses desde China.

La próxima medida, en el marco de la Sección 301 y que consistiría en la tercera etapa de la misma, añadiría aumentos de aranceles sobre importaciones de China por US$197.200 millones.

Si bien los aranceles pueden beneficiar a algunos productores estadounidenses que compiten con las importaciones, también es probable que aumenten los costos para los usuarios intermedios de los productos importados y algunos precios al consumidor.

Es probable que la administración utilice los aranceles en parte para presionar a los países afectados para que entablen negociaciones comerciales más amplias, como las conversaciones de liberalización comercial recientemente anunciadas entre los Estados Unidos y la Unión Europea, pero no está claro qué resultados específicos busca la administración.

Las represalias pueden estar amplificando los posibles efectos negativos de las medidas arancelarias de Estados Unidos. Económicamente, los aranceles de represalia amplían el alcance de las industrias de Estados Unidos potencialmente perjudicadas, centrándose en aquellos que dependen de los mercados de exportación y sensibles a las fluctuaciones de los precios, como los productos agrícolas.

Algunos fabricantes de estados Unidos han anunciado planes de trasladar la producción a otros países para evitar los aranceles a las exportaciones estadounidenses.

El acceso al mercado perdido resultante de los aranceles de represalia puede agravar las preocupaciones planteadas por muchos exportadores estadounidenses de que Estados Unidos enfrenta cada vez más aranceles que algunos competidores en mercados extranjeros, mientras otros países proceden con acuerdos de liberalización comercial que eliminan aranceles, como el Tratado de Libre Comercio Unión Europea-Japón firmado recientemente.