A muchos británicos les pareció un regalo inesperado. Justo en el momento en que Gran Bretaña se veía amenzada por el aislamiento político y económico ante la inminente salida de la Unión Europea, Donald Trump fue elegido presidente de Estados Unidos. Este ya había alabado, durante su campaña electoral, el "brexit" y anunciado su deseo de querer pactar un tratado de libre comercio bilateral.

La primera ministra británica, Theresa May, inicialmente en contra del Brexit no se lo pensó dos veces y viajó a Washington para reunirse con el gobernante estadounidense. Fue la primera jefa de gobierno extranjera en visitar a Trump. Ambos celebraron la "relación especial” y tomados de la mano posaron ante los fotógrafos. May obtuvo lo que más deseaba: la confirmación de Trump de comenzar inmdiatamente con las negociaciones.

Un precio muy alto. Pero May ya ha pagado un precio muy alto por sus actos. Su visita al muy criticado Donald Trump significaba el reconocimiento político del presidente y, de por sí, el encuentro conllevaba riesgos. Sin embargo, resultó ser peor. Durante la conferencia de prensa conjunta, Trump pronunció la controvertida frase "la tortura funciona”. Más tarde dictó su decreto más polémico: el veto a los ciudadanos de siete países árabes. Al principio, May, ya en Londres, reaccionó a esta medida guardando silencio. Después pronunció por lo bajo un "no estoy de acuerdo”, después de que el Ministro de Exteriores británico, Boris Johnson, interviniera a favor de los británicos con doble nacionalidad.

¿Cenará Donald Trump con Isabel II?. Pero la gran tormenta se avecinó cuando se dio a conocer que May, en nombre de la reina Isabel II, había invitado a Trump a realizar una visita oficial a su país, y este la aceptó. Hasta ahora, los presidentes estadounidenses podían reunirse con la reina tras varios años en el cargo. Este es el mayor honor que Gran Bretaña puede conceder a un mandatario extranjero. La respuesta de parte de la población no se hizo esperar: más de 1,6 millones de personas han firmado hasta ahora una petición para rebajar dicha cita a la categoría de visita laboral. Así se "protegerá” a la reina.

Johnson, por el contrario, está a favor de la visita oficial con toda la parafernalia, ya que el pacto con Estados Unidos es de "extrema importancia”. Su antecesor, William Hague, escribió en el "Daily Telegraph” que "a una reina a la que durante décadas se le pidió reunirse con tiranos, como el presidente Mobuto de Zaire o Ceausescu de Rumania, no le supondrá mucho esfuerzo tratar a un fanfarrón millonario de Nueva York".