Cali, EFE. Exclusivo, selecto y elitista, así es el Club Campestre de Cali, lugar elegido por el gobierno de Colombia para organizar la séptima Cumbre de la Alianza del Pacífico, la fiesta del libre mercado en América Latina.

El gobierno eligió el Club Campestre como única opción para la sede de la cumbre, ya que los otros espacios habilitados para organizar un evento de tal magnitud en la llamada capital del Pacífico colombiano estaban ocupados para estas fechas.

Personajes de la más alta sociedad caleña frecuentan el Club Campestre, en el que invierten su tiempo de ocio bien para mantener sus relaciones sociales o para afianzar negocios mientras juegan al golf o gozan de un baño en la piscina.

El club está ubicado en el barrio de Ciudad Jardín, donde viven los caleños más adinerados, pero también está rodeado de mansiones en decadencia que en otros tiempos pertenecieron a grandes narcotraficantes, como los hermanos Rodríguez Orejuela.

Golf, hípica, tenis, polo, squash o fútbol envuelven el idílico escenario del Club, uno de tantos en Colombia, que se erige como cuadro para esta fiesta del libre mercado en el que la Alianza del Pacífico ha convertido a Cali durante esta semana.

A los presidentes de los países de la Alianza (Chile, Colombia, México y Perú) y de algunas de las naciones observadoras, como España, Costa Rica, Guatemala y Canadá, se suman 400 empresarios pertenecientes a poderosas compañías americanas, europeas e incluso japonesas que también tienen su cónclave en Cali.

Pese al idílico escenario, la inauguración de la Cumbre se vio empañada por la lluvia, que no cesó desde el miércoles, lo que obligó a aplazar la foto de familia desde las 10.00 hora local (15.00 GMT) hasta primera hora de la tarde.

Este ambiente opulento contrasta con la realidad en Cali, ciudad con grandes bolsas de pobreza, y aún más con la región del Pacífico, la más deprimida de Colombia.