Montevideo. Brasil se consolidó como el mejor socio de Uruguay, pero el acceso a ese mercado no siempre fue fácil y obligó a negociaciones políticas que lograron desatar nudos, cuando aún está presente la imagen de camiones parados en la frontera.

El último episodio fue en mayo pasado cuando se limitó el ingreso de autos –sector que está regido por un convenio bilateral–, aunque la medida afectó a Argentina y no a Uruguay.

Un estudio reciente del departamento de Economía de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República, estableció que Brasil recurre cada vez más a trabas comerciales temporarias para controlar flujos comerciales adversos.

Se trata de una medida antidumping y no tanto como arancel compensatorio de subsidios o salvaguardas comerciales, según el documento al que accedió El Observador.

El estudio señaló que Brasil utiliza barreras temporales para corregir aspectos de competitividad internacional o como respuesta a restricciones que le son impuestas por sus socios multilaterales o regionales.

Sin embargo, con Uruguay el diálogo político cimentó la relación y ayudó a resolver diferendos comerciales.

En los últimos tiempos la sintonía del primer gobierno de izquierda de Tabaré Vázquez con Lula Da Silva, que estuvo varias veces en Montevideo, y que luego siguió el presidente José Mujica, ahora con Dilma Rousseff, aseguran “un teléfono rojo” que da certezas al comercio y a los inversores, según empresarios consultados por El Observador.

De hecho, el primer destino de las ventas de Uruguay al exterior sigue siendo Brasil con US$575 millones entre enero y mayo de 2011, lo que representó 17,3% de las exportaciones totales del país.

El aumento de las exportaciones obedeció a la mayor venta de PET –preformas para hacer botellas de plástico– y trigo, según datos que procesó el Instituto Uruguay XXI.

De todos modos la devaluación brasileña de 1999, cuando Uruguay era “muy brasildependiente” golpeó a los exportadores locales que se vieron obligados a salir a buscar otros mercados.

Los últimos gobiernos de Brasil consolidaron el liderazgo regional y pasaron a desplegar una política comercial aguerrida.

La nueva estrategia de Itamaraty combinó el tono diplomático con elevar la voz ante organismos internacionales como la Organización Mundial de Comercio (OMC), no dudó en criticar a China y EEUU por lo que llamó el ministro de economía Guido Mantega “la guerra de las monedas” por las devaluaciones del dólar y el yuan, y tampoco a las autoridades les tembló el pulso a la hora de tomar medidas que pudieran afectar a los vecinos, fundamentalmente a Argentina con quien mantiene el mayor comercio.