Hacen bien las autoridades y los empresarios turísticos uruguayos en preocuparse por un eventual bajón de la afluencia de argentinos a los centros balnearios de Uruguay. Es que hoy, en la Argentina, predomina una fuerte sensación de que el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner se fijó como próximo objetivo el obstaculizar los viajes fuera del país.

La más reciente medida dispuesta por la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) es una prueba elocuente de ello. Una resolución establece que, cada vez que un argentino pague con tarjeta de crédito fuera de frontera, se le recargará 15%.

El argumento oficial es que no puede considerarse que esto sea un nuevo impuesto, porque ese cargo será luego deducible del impuesto a las ganancias, o directamente reembolsado en el caso de los argentinos que no estén alcanzados por ese gravamen.

Pero, en los hechos, todos tienen claro que, más que buscar un adelanto en la recaudación tributaria, lo que se busca verdaderamente es encarecer los viajes fuera del país, como forma de evitar una forma de salida de capitales.

El propio titular de la AFIP, Ricardo Echegaray, terminó por admitir cuál es el objetivo último de esta nueva medida: “Desincentivar el consumo en el exterior. No le quepa la menor duda; preferimos que se queden todos a veranear en la Argentina”, afirmó.

Los economistas interpretan la nueva situación como el blanqueo de un mercado cambiario desdoblado en múltiples tipos de dólar, uno para cada actor del mercado.

A poco de conocida la noticia, el diputado Alfonso Prat Gay, ex presidente del Banco Central, comentó en su cuenta de Twitter: “Echegaray anunció el retorno del dólar turista, como en los 80”. Es que, de hecho, esta medida implica que el dólar para los turistas argentinos valga $5,34, que se ubica a medio camino entre los $4,64 de dólar oficial y los $6,37 del mercado paralelo.

¿Última medida? No fue, por cierto, una medida que sorprendiera demasiado. Es que, desde la aplicación de las restricciones cambiarias, este mecanismo se había convertido en el último subterfugio para poder hacerse, de manera indirecta, de dólares “baratos”. Esto ocurre porque los argentinos pueden, cuando vuelven al país, saldar sus gastos en dólares desde una cuenta en pesos, y el banco está obligado a convertir ese dinero al tipo de cambio oficial.

Tanto es así, que el uso de dinero plástico en el exterior creció en forma explosiva.

Ese boom ocurrió en el mismo momento en que comenzaron los controles cambiarios, y fue tomando impulso con cada nueva medida restrictiva. A saber:

–La primera señal había sido la instauración del “cepo” donde solo podía comprar dólares quien tuviera permiso previo de la AFIP, a fines del año pasado.

–Luego, tuvo otro impulso cuando se prohibió el retiro de dólares en los cajeros automáticos del exterior desde las cuentas en pesos.

–Más tarde, se limitó todavía más la entrega de dólares físicos a los turistas, de manera que el promedio de US$120 por día y por persona, bajó a US$80.

–A esa medida le siguió la conversión a moneda local para quienes viajen a los países limítrofes. Y además, una reducción en el tiempo de entrega de los billetes, que recién puede concretarse unos días antes del viaje.

–La más reciente de las restricciones fue una medida de los principales bancos privados que, con la anuencia del Banco Central, decidieron que los saldos en dólares serían automáticamente pesificados. Esto implicaría un mayor costo financiero. Y, claro, se plantea el gran interrogante: ¿ese 15% de recargo, será el eslabón final de los controles, o apenas el comienzo de una nueva ofensiva en la “batalla cultural contra la dolarización?

El propio Echegaray se encargó de recordar que otros países aplican impuestos al pago con tarjetas en el exterior y mencionó a Brasil donde el gravamen es 6%.

Lo cierto es que hoy corre todo tipo de rumores sobre posibles nuevas restricciones antes de fin de año, cuando empieza la temporada turística. Entre las posibles medidas, se menciona la fijación de un tope en el gasto con plásticos en el exterior –por ahora la AFIP dice que no está en sus planes– y la obligación de tener abierta una cuenta en dólares, de manera que las deudas de las tarjetas sean canceladas contra esos fondos.

Se trataría de medidas que aliviarían la preocupación del gobierno por la salida de divisas del país. Aunque, claro, tienen su lado B: despertaría altas dosis de irritación y antipatía entre la población de clase media, justo cuando comienza la campaña proselitista por las elecciones legislativas de 2013.

Uruguay sufrirá más. Las restricciones al turismo no afectan a todos los destinos por igual. A juzgar por lo que dicen los agentes de viaje, quienes más están sufriendo las consecuencias son los países limítrofes, mientras que los destinos distantes, como Europa, mantienen un buen nivel de demanda.

Esto ocurre porque, paradójicamente, la política económica del kirchnerismo implica fuertes incentivos al turismo para aquellos que tienen capacidad de ahorro. El hecho de que persista un fuerte atraso cambiario hace aparecer como accesible el costo del viaje (porque la compra de pasajes aéreos y hoteles pueden hacerse en pesos y al tipo de cambio oficial).

Y para aquellos que no pueden comprar dólares y no saben qué hacer con sus pesos porque ya cambiaron el auto y ven poco atractivo en los plazos fijos con tasa real negativa, el turismo es una buena forma de hacer valer el dinero sin que la inflación lo erosione.

El turismo en países limítrofes, que tiene un público con un promedio de ingreso más bajo, parece estar sufriendo más por las medidas restrictivas.

Además, en el caso específico de Uruguay, es probable que la nueva disposición que obliga a cambiar pesos argentinos por la moneda de destino no es seguro que sea a un tipo de cambio equivalente.

Para un argentino que lleva su dinero a Uruguay, cada compra equivale a comprar dólares en el mercado paralelo.