El acto para el ingreso de Venezuela como miembro pleno al Mercosur está previsto para este martes, en la ciudad de Brasilia.

El gobierno de Venezuela celebra la ocasión y el resto de los socios también lo hace, aunque algunos de estos se cuestionan por lo bajo si el bloque es capaz realmente de otorgarles los beneficios que esperan, o si a esta altura les conviene seguir con sus propias metas de desarrollo, por separado.

Mercosur ha logrado ciertos avances, pero los históricos conflictos de poder de Brasil y Argentina, la falta de cumplimiento de los acuerdos y las constantes "excepciones" que aplican, se traducen en fuerte estancamiento del conjunto.

Tamaño y osadía

Brasil, que domina el tablero por lejos, y Argentina, que no quiere dejar de imponer su visión, mantienen una pulseada constante, que no viene de ahora sino desde la fundación misma del Mercosur, hace 20 años (e incluso antes). Esto se ha traducido en permanentes conflictos de índole mercantil y tarifario, que se han ido recrudeciendo.

Prácticamente todas las notas periodísticas regionales de la última cumbre del año 2011 coincidieron en el clima tenso entre Dilma Rousseff y Cristina Kirchner, debido a las trabas que aplicaron ambos países en sus respectivas importaciones. En ese momento, según la consultora Ecolatina, el bloque estaba atravesando una de sus peores fases, de la que le cuesta reponerse.

Esto se debe a que, a pesar de la implementación de la unión aduanera en 1994, tanto Brasil como Argentina utilizan mecanismos no arancelarios para controlar los flujos de comercio de determinados productos sensibles, y la lista es grande.

En distintas épocas, la tensión entre los gobiernos de Argentina y Brasil es alta (también en relación con Uruguay y Paraguay) y generalmente se llega a "soluciones" que no responden a marcos jurídicos claros, sino a voluntades de los gobiernos.

Es por ello que muchos internacionalistas, entre ellos el director de la Escuela de Estudios Internacionales de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Félix Arellano, afirman que los mecanismos de resolución de conflictos del Mercosur, aunque existentes, no están desarrollados a falta de una burocracia supranacional sólida que vele por las normas y acuerdos.