La Habana. Después de 20 años posando para los turistas en la Habana Vieja con su disfraz de guerrillero revolucionario, Omar está listo para un cambio.

Omar quiere obtener uno de los 250.000 permisos para pequeños empresarios que el presidente Raúl Castro dijo que entregaría a partir de octubre, pero, como muchos cubanos, todavía no sabe dónde solicitarlo ni cuánto tendrá que pagar en impuestos.

"Ojalá pueda legalizarme, pero todavía no está muy claro eso", dijo el hombre de 64 años, que llevaba una boina como la del guerrillero Ernesto Che Guevara y fingía fumar un gigantesco habano de papel maché.

"Hace 20 años que no pago impuestos por dejarme hacer fotos de turistas que vienen a La Habana Vieja, pero no ha sido fácil. Tengo un expediente (judicial) por asedio a extranjeros", comentó en una plaza colonial del centro histórico de La Habana.

Buscando reducir el costo del Estado para salvar el modelo socialista, Castro eliminará 500.000 empleos públicos en los próximos seis meses y triplicará el tamaño del pequeño sector privado.

En medio de un clima de expectativas y creciente ansiedad por los despidos, son muchos los interrogantes que todavía rodean una de las transformaciones más profundas en Cuba desde la revolución de 1959.

"No tenemos idea de cómo o cuándo va a comenzar", dijo un funcionario del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social.

La misma respuesta dieron empleados del Ministerio de Economía y de la Oficina Nacional de Administración Tributaria consultados por Reuters.

Una licencia dará más tranquilidad a Omar y miles de otros cubanos que actualmente ofrecen sus servicios de forma irregular, exponiéndose a sanciones.

Además, permitirá que muchos de los empleados públicos que perderán sus trabajos monten negocios en 178 áreas que van desde los pequeños restaurantes y carpinterías hasta oficios menos comunes como la cartomancia.

Esperando instrucciones.  El Gobierno cubano dice que trabaja en la "actualización" del sistema, que incluye la derogación de prohibiciones que limitan la iniciativa privada.

Un funcionario de la Dirección Municipal de Trabajo de La Habana dijo que la entrega de licencias podría comenzar a mediados de octubre pero explicó que aún no tienen las instrucciones sobre los impuestos, cruciales para el éxito de la reforma.

"Enseguida que llegue la orientación, ponemos carteles", dijo el empleado, que igual que los demás pidió no ser identificado.

Un documento del gobernante Partido Comunista filtrado el mes pasado a la prensa dijo que la carga fiscal oscilaría entre un 10 y un 40 por ciento de los ingresos brutos y los nuevos empresarios tendrán que pagar un 25 por ciento de sus ingresos a la seguridad social.

El Gobierno espera casi triplicar el sector privado de apenas 143.000 empleados y permitirles por primera vez subcontratar mano de obra. Además, estudia la posibilidad de ofrecerles créditos bancarios.

Pero las autoridades aclararon que, por el momento, no podrá ofrecerles insumos a precios mayoristas, lo que representa una traba para el rendimiento de los negocios en un país donde el Estado monopoliza las importaciones.

Muchos cubanos están animados, pero son cautelosos. Un experimento similar en la década de 1990, cuando las autoridades permitieron los pequeños negocios para sobrellevar la crisis posoviética, fue congelado apenas mejoró la economía.

Analistas creen que Cuba ha tomado un camino sin retorno de las reformas económicas. Muchos sugieren que Castro seguiría la receta de China o Vietnam, donde el Partido Comunista retuvo el poder político pero abrió la economía al capital.

Y las reformas fueron aplaudidas hasta por la Iglesia Católica, que más temprano este año había advertido sobre la "impaciencia y el malestar" de los cubanos ante la falta de cambios económicos.

"Estoy seguro que ha habido un giro en cuanto al planteamiento de las dificultades económicas de Cuba y cómo superarlas", dijo el cardenal Jaime Ortega, arzobispo de La Habana, a periodistas.

"Hay una decisión y un giro que esto es en sí mismo positivo", agregó.