Montevideo. Para el secretario general iberoamericano, Enrique Iglesias, Uruguay se enfrenta al dilema de aprovechar el boom económico para hacer cambios concretos que permitan dejar el grupo de naciones en vías de desarrollo.

Uruguay ha atravesado otras coyunturas favorables a lo largo de su historia y sin embargo nunca dio el gran salto ¿Este boom puede ser diferente?

Estamos frente a un crecimiento económico internacional a distintas velocidades y Uruguay se encuentra entre los países que avanzan más rápido. Hay algunos rasgos comparables con otros períodos de bonanza, pero el impacto que tienen sobre nuestras economías los factores externos, sobre todo los términos de intercambio, es inédito. El hecho de haber incorporado masivamente a las economías asiáticas al consumo mundial es como si le hubiera puesto un segundo piso a la economía global en el correr de 20 años.

¿Pero qué tan estable es ese piso?

Yo tengo la opinión de que esto va a durar. Las economías siguen creciendo y además de los asiáticos, crecen también los emergentes y consumen más. Esta coyuntura es muy especial; por eso el país hace bien en repensarse un poco para los próximos 10 años.

Uruguay se enfrenta a problemas que antes no conocía. La escasez de mano de obra, la inflación asociada a la demanda interna, la apreciación por exceso de inversiones...

Son los nuevos problemas que trae el tipo de crecimiento al que se enfrenta el país. Estas transformaciones traen consigo brotes inflacionarios e incluso las amenazas de algunas burbujas que pueden estar apareciendo. Frente a ese escenario Uruguay debe mantener el crecimiento, y eso deja entrever los desafíos que tiene el país, que son mejorar la calidad de la educación, realizar un esfuerzo masivo en materia de innovación tecnológica y renovar la infraestructura. Hoy lo dice el Economist Intelligence Unit: con estas tasas de inversión es difícil que pueda mantener a largo plazo su tasa de crecimiento. Empiezan a aparecer los cuellos de botella, primero en materia de infraestructura, pero se están insinuando también en materia de recursos humanos. El país comienza a tener escasez de mano de obra en algunos sectores y esos problemas no pueden dejarnos impávidos.

Usted mencionaba la aparición de burbujas, ¿habla de algún sector en particular?

Me preocupa que se pueda reproducir aquí algo que está dominando las economías emergentes que son las burbujas inmobiliarias. Hay que tener cuidado con las burbujas y estar muy alerta con los créditos para evitar que se vayan de madre los precios de la propiedad, lo cual en última instancia no es bueno.

Una discusión que cobró fuerza en los últimos meses gira en torno al crecimiento económico y la distribución de la riqueza. ¿Es posible que la economía uruguaya logre acompasar esos dos procesos?

Es bueno y saludable para el sistema político y la sociedad uruguaya que este tema se discuta abiertamente, porque es el tema que domina el debate económico desde siempre. América Latina no está llevándose el premio en la materia porque es la región más desigual del planeta. Pero debemos separar la discusión en objetivos inmediatos y de largo plazo. En lo inmediato siempre es atractivo tener más recursos para distribuir y es una atracción legítima, pero no siempre es la mejor. Lo que importa es cómo podemos gastar mejor lo que ya tenemos, donde se puede hacer mucho. La calidad del gasto en este país deja mucho que desear. El Estado puede utilizar mejor sus ingresos. Sobre todo, en lo concerniente a la calidad del gasto en educación.

La economía uruguaya registró un fuerte crecimiento en la última década y sin embargo, eso no se vio reflejado en una mejor distribución del ingreso

Siempre que hay un crecimiento acelerado, la tasa de distribución del ingreso suele deteriorarse. Los sectores que mejor pueden aprovechar ese crecimiento son los medios y altos. Los que no tienen especialidad ni formación generalmente no llegan a aprovecharlo.

Lo que nos trae de vuelta al tema de la educación

Así es. Yo creo que este país tiene la chance de llegar al fin de la década como un país desarrollado si es capaz de definir las prioridades en las que debe invertir el gasto social, del cual la educación, la innovación e infraestructura deben ser los pilares. Hay que trasladar el debate sobre la distribución del ingreso, de las ganancias inmediatistas a una visión de mediano plazo. Se trata de fortalecer la capacidad de crecimiento para que el país no pierda esa enorme oportunidad que le ofrece la historia de dar un salto cualitativo si apunta el gasto en la buena dirección.

Los problemas estructurales deben enfrentarse a la vez que los coyunturales, como la lucha de los países por una moneda más débil, ¿qué puede hacer Uruguay al respecto?

Son muy pocas las cosas que se pueden hacer desde aquí. Las opciones de las que dispone el gobierno son muy limitadas. Aunque si el gobierno no hubiera intervenido en el mercado, el dólar estaría más bajo de lo que está, y eso hay que reconocérselo. Pero no es un tema fácil. Hay que trabajar en varios frentes para que el dólar no se nos venga abajo y la competitividad se erosione.

A ese frente se agrega uno adicional con el encarecimiento de las materias primas y el agravamiento de las presiones inflacionarias.

Ese es el otro problema que está teniendo consecuencias muy graves. La suba de las materias primas no es nuevo, lo nuevo es la dimensión que está tomando hoy y las causas que la generan. El tema va a persistir porque hay muchas más bocas consumiendo, porque hubo problemas con el clima y porque la productividad no ha avanzado al punto de hacer corresponder la oferta. La imagen del viejo Malthus está de vuelta rondando por ahí.

Son problemas (la baja del tipo de cambio y la suba de los precios) que además son contrapuestos

Se dan todos los desafíos al mismo tiempo y no se puede privilegiar uno con respecto al otro. La política económica es hoy muy compleja y debe manejarse navegando entre distintos problemas con distintos instrumentos. Los gobiernos necesitarán mucho pragmatismo en sus decisiones.