Buenos Aires. Era un clásico de los veranos de los años 80: con el calor, llegaba la inestabilidad del dólar. Contribuían para ello algunos factores estacionales, tales como la expansión de la cantidad de dinero (por las mayores obligaciones financieras del Estado a fin de año), justo en un momento en el cual escasean los dólares de las exportaciones agrícolas.

La combinación de menos dólares y más pesos generaba una buena premisa para una escapada del billete verde. Además, la baja actividad del mercado financiero por las vacaciones hacía que fuera un momento preferido por los gobiernos para realizar ajustes.

Y en estos días se está viviendo un verdadero “revival” de aquella tendencia ochentosa: los veraneantes no pueden dejar de tener un ojo atento a cómo, día a día, el dólar blue del mercado paralelo se dispara y bate récords.

El viernes cerró ya cerca de los 12 pesos argentinos en la city porteña, aunque en las ciudades del interior se transa bien por encima de ese nivel. Esto implica una suba de casi 30% desde que, en noviembre, Axel Kicillof asumió el ministerio de Economía.

Para colmo, esta disparada se produce en simultáneo con una nueva caída de las reservas del Banco Central, que perforaron el piso psicológico de los US$30.000 millones. Para una economía del tamaño de la argentina, es una cifra baja, que no alcanza a cubrir cinco meses de importaciones.

A diferencia de lo ocurrido el verano pasado, cuando los funcionarios dijeron que la escapada del blue se debía a la demanda estacional del turismo –y luego la realidad desmintió sus argumentos, porque las vacaciones terminaron y el dólar siguió subiendo–, esta vez el gobierno prefirió la estrategia de restarle importancia al tema.

¿Qué falló, entonces? Para los economistas, es muy claro: la emisión monetaria. Mientras haya más pesos que los que el mercado puede absorber el dólar blue seguirá con presión al alza, dado que es el termómetro de la preocupación por la inflación.

Claro que Capitanich no siempre opinó igual. Su actitud suena algo contradictoria con la euforia de los primeros días de diciembre, cuando la brecha con el dólar oficial se había reducido a menos de 50% después de haber orillado el 100%.

Ese cambio de actitud podría interpretarse como la admisión tácita de una derrota. Después de todo, parece extraño haber sacrificado, durante dos meses, cientos de millones de dólares en reservas del Banco Central y en bonos del fondo jubilatorio para domar un tipo de cambio paralelo que no le importa a nadie.

A los ojos de los expertos, lo que ocurre en estos calurosos días del mercado financiero tiene una explicación simple y a la vez preocupante: la estrategia del gobierno para reducir la brecha cambiaria se agotó en dos meses y la pulseada contra el blue es una batalla perdida.

“Nada está funcionando” es el lacónico título con el que la consultora Ledesma sintetiza la estrategia oficial luego de que la Anses –el organismo estatal que gestiona los fondos previsionales– agregara un nuevo bono a la oferta del “dólar bolsa” y después que quedó en evidencia que ni siquiera con un “seguro de cambio” los exportadores quisieron adelantar la liquidación de sus divisas. Podía fallar… y falló

A primera vista, la estrategia ideada por el “team Kicillof” parecía tener cierta lógica. Si lo que había provocado la existencia del dólar blue era el retraso cambiario, entonces acelerar la devaluación del tipo de cambio oficial parecería una medida correcta.

¿Qué falló, entonces? Para los economistas, es muy claro: la emisión monetaria. Mientras haya más pesos que los que el mercado puede absorber el dólar blue seguirá con presión al alza, dado que es el termómetro de la preocupación por la inflación.

Para el exministro de Economía, Martín Lousteau, lo peor de la estrategia oficial es que, además de no haber dado resultado, implicó pérdidas millonarias para el Estado, porque el fondo jubilatorio vendía sus bonos por debajo del valor de mercado: “Arrancaron queriendo bajar la brecha, se gastaron un montón de cartuchos y hoy lo que tienen es la brecha al mismo nivel en que estaba cuando asumió el nuevo equipo económico”.