El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) realizará su reunión anual en Montevideo la próxima semana. El presidente de la entidad, Luis Alberto Moreno, habla sobre los temas clave en la agenda de la reunión así como las perspectivas económicas para América Latina y el Caribe, y las operaciones del Banco para el año.

-¿Cuál es la importancia de esta reunión anual en Montevideo?

-Cada reunión anual es una oportunidad para el BID y sus socios de juntarse para dar una mirada profunda a los retos que tenemos para abordar los desafíos económicos y sociales de la región. América Latina y el Caribe han tenido un muy buen rendimiento en años recientes y nuestra capacidad para enfrentar crisis externas ha mejorado. No obstante, tenemos desafíos pendientes en múltiples áreas, como la competitividad y productividad, la educación, la infraestructura, el cambio climático y la seguridad ciudadana.

Quisiera agradecer al gobierno uruguayo por su apoyo. Estamos muy complacidos de llevar a cabo nuestra reunión anual en Montevideo. Es un evento que trae a más de 3.000 personas de todo el mundo, incluyendo altas autoridades financieras y económicas, tanto del sector público como del privado. El Banco tiene una larga y notable trayectoria de trabajo con el país. Hemos financiado programas por más de US$3.000 millones en los últimos diez años, en áreas como la inversión social, educación, ciencia y tecnología, e infraestructura de transporte, entre otras.

-Las perspectivas económicas para la región son un tema importante en la Reunión Anual. ¿Qué puede decir sobre el desempeño económico de la región?

-En medio de un escenario internacional difícil, la región ha mostrado resultados positivos. El crecimiento, aunque el ritmo viene disminuyendo, sigue siendo robusto. La región creció 4,3% en 2011 y esperamos este año un crecimiento cercano al 3,6%. Es destacable cómo el crecimiento económico de los últimos años ha venido acompañado de importantes avances en materia social y de empleo. Es también notable cómo el aporte de América Latina al crecimiento de la economía mundial es cada vez mayor: en 2010 y 2011, nuestra región aportó un 14% del total del crecimiento del PIB mundial, por encima de su media histórica de 8%. Obviamente, las perspectivas económicas en América Latina y el Caribe están influenciadas por el desempeño de la economía global. Sabemos que la región no es inmune frente a lo que ocurre en el resto del mundo y estamos atentos a la la evolución de la economía europea, estadounidense y china.

-En este contexto, ¿cuáles son los retos más importantes para América Latina y el Caribe?

-En este ambiente de condiciones complejas, el viento claramente sopla a nuestro favor y la región avanza. Gracias al crecimiento y a las políticas macroeconómicas prudentes y programas sociales más efectivos, hoy uno de cada tres latinoamericanos viven por debajo de la línea de pobreza, frente a casi la mitad en 1990. El número de pobres en extrema pobreza ha bajado a niveles récord. Tenemos una clase media pujante en nuestros países. Las cuentas públicas de los países son sólidas, en especial cuando se las compara con los países desarrollados.

Dicho todo eso, aún tenemos demasiado pobres y la distribución del ingreso es mala. Es importante que los países mantengan sus compromisos con la disciplina fiscal, con políticas monetarias y financieras prudentes y, sobre todo, que sigan atentos a detectar y reaccionar ante vulnerabilidades emergentes. La región ha alcanzado importantes logros, pero también tiene una larga lista de pendientes que no pueden postergarse. Nuestro principal enemigo es la complacencia.

-Para no quedar complacientes, ¿qué debemos hacer?

-Esto es precisamente el enfoque del Banco y los temas que hemos venido señalando están en la agenda de Montevideo. Dos de nuestros grandes retos es la competitividad y la productividad, que constituyen un cuello de botella a la iniciativa privada y al progreso. Para ello es necesario avanzar de manera decidida en mejorar la calidad de la educación para que nuestro capital humano pueda competir en una economía globalizada.

También resulta indispensable superar el atraso en infraestructura. Si bien las inversiones han aumentado en los últimos años, aún permanece rezagada frente a otras regiones. En 1980 la región invertía el 3% de su PIB en infraestructura, pero a comienzo de este siglo esto había bajado a 1%. Tenemos que llegar al 4% y más. Por otra parte, los desastres naturales recientes en muchos países de la región han dejado en evidencia la vulnerabilidad de nuestros puertos, caminos y puentes. En Montevideo tendremos discusiones sobre cómo usar las alianzas público-privadas para abordar esta tarea urgente.

Una mayor integración con el resto del mundo constituye, sin duda, una oportunidad que no puede ser desaprovechada. La expansión del comercio sur-sur nos ofrece la posibilidad de crecer a tasas más aceleradas.

Finalmente, no puedo dejar de mencionar los problemas de seguridad y violencia, que constituyen un lastre para el desarrollo de la región por sus elevados costos económicos y por el deterioro que conlleva en las condiciones de vida de la población.

-¿Cómo puede el Banco apoyar a la región en las tareas que usted menciona?

-Gracias al noveno aumento de capital, aprobado en diciembre, el Banco ha fortalecido su capacidad crediticia y técnica para dar respuestas más efectivas a las necesidades de desarrollo de la región. En este contexto, tenemos previsto aprobar cerca de US$12.000 millones en promedio por año en nuevas operaciones de préstamo, además de los recursos de cooperación técnica no reembolsables. El Banco pone a disposición de los países esta mayor capacidad financiera, así como también el conocimiento y la capacidad técnica acumulada, que lo posicionan como un referente técnico para el desarrollo de la región. Las habilidades de nuestros expertos y el acompañamiento que brindamos a los países en el diseño e implementación de proyectos son de alto valor para nuestros clientes.