Tras la aguda crisis financiera global del 2009, la economía brasileña tuvo un sólido repunte en 2010, pero en la actualidad el gigante sudamericano se desaceleró significativamente, incluso al grado de estancamiento.

La prolongada debilidad de la economía y su tímida respuesta al agresivo estímulo de política son indicadores de que existen factores estructurales detrás de la pérdida de competitividad. La crisis global ciertamente limitó la demanda por exportaciones e inversión, pero la falta de reformas estructurales afectó las fuentes fundamentales de crecimiento de la economía, señalá Alfredo Coutiño, director de Moody’s Analytics para América Latina, a AméricaEconomía.com


La competitividad y la capacidad se erosionaron no sólo como resultado de la desalineación cambiaria, sino también de los crecientes costos de producción y la fuerte penetración de importaciones, dice el analista. "Las autoridades pueden sacar a la economía del estancamiento, pero las debilidades estructurales sólo se pueden resolver profundizando las reformas" agrega.

El lastre industrial sobre la economía. "El impresionante repunte industrial de 2010 no fue duradero, ya que la industria brasileña empezó a perder fuerza con rapidez desde el final de ese año a medida que las autoridades empezaron a normalizar e incluso a restringir la política económica", dice Coutiño. Esto es indicio de que la expansión posterior a la recesión fue principalmente un proceso inducido por las políticas expansivas y que la economía no estuvo en posibilidad de sostener tal expansión a un ritmo mayor que su propia capacidad potencial. De esta manera, la continua desaceleración industrial durante la primera mitad de 2011 se convirtió en una recesión que se ha prolongado hasta el tercer trimestre de 2012. Esto ha constituido un lastre para la economía en general, pues el crecimiento del PIB se desplomó de tasas de alrededor de 9% durante la primera mitad de 2010 a menos de 1% para la primera mitad de 2012.

En efecto, existen elementos externos e internos así como cíclicos y estructurales detrás de la debilidad industrial. Sin embargo, un factor importante también fue la pérdida de competitividad cambiaria dado el continuo fortalecimeinto de la moneda brasileña no solamente como resultado de la inversión extranjera que atrajeron las perspectivas prometedoras, sino también por un error de política monetaria. La fortaleza de la divisa brasileña se vio agravada por la continua restricción de política monetaria desde finales de 2010, pero especialmente durante la primera mitad de 2011.

De hecho, también se observó una contradicción de política, ya que por un lado la política fiscal intentaba imponer controles de capital por medio de impuestos y barreras y, por otro lado, el banco central estaba aumentando el atractivo de los bonos brasileños mediante mayores tasas de interés. De aquí que la política monetaria afectara a la industria nacional no sólo por medio de la pérdida de competitividad exportadora, sino también por el encarecimiento del financiamiento interno en comparación con las menores tasas de interés en el exterior.

Factores cíclicos externos. La crisis global ciertamente redujo y debilitó la demanda por exportaciones, especialmente las de bienes primarios de economías emergentes como Brasil, pues los principales consumidores de materias primas sufrieron una contracción o una desaceleración. Un menor volumen de exportaciones normalmente genera una reducción de los recursos externos para el país y una restricción en el desempeño de los sectores altamente enfocados en los mercados internacionales, como las manufacturas.

Sin embargo, después de la contracción reportada en 2009, el valor de las exportaciones brasileñas repuntó continuamente en 2010 y 2011, alcanzando un máximo histórico a principios de 2012, para después observar una ligera desaceleración. Un panorama similar se desprende del volumen de exportaciones (en términos reales), con una desaceleración más definida sólo hasta el segundo trimestre de 2012. Esto es evidencia de que la debilidad global no ha sido ni la causa principal ni la más importante detrás del estancamiento de Brasil. De hecho, puesto que la desaceleración de las exportaciones empezó solo hasta este año, la recesión industrial de 2011 tuvo poco que ver con el entorno externo. Más aún, la contribución de las exportaciones reales al PIB durante la primera mitad de 2012 fue similar a la de mediados de 2008, cuando la economía brasileña funcionaba a su capacidad máxima antes de la crisis de 2009.

Otro elemento relacionado con los factores externos es la significativa penetración de las importaciones, que también se ha mencionado como un resultado de la apertura de Brasil al comercio internacional. No cabe duda que durante los últimos diez años el volumen de importaciones se duplicó de alrededor de 7,5% del PIB a principios de 2003 a poco más de 15% durante la primera mitad de 2012. La penetración de las importaciones ha sido continua y creciente después de la contracción de 2009. Sin embargo, el grado de apertura de la economía, definido como la suma de exportaciones e importaciones como razón del PIB, sólo aumentó en alrededor de 5 puntos porcentuales en esos mismos diez años, pasando de casi 20% en 2003 a alrededor de 25% en 2012.

Esto demuestra que la apertura externa de Brasil ni ha sido acelerada ni mucho menos exagerada, en especial cuando se compara con la apertura de 80% en Chile y de 65% en México. "Como se desprende de estas cifras, el argumento sobre la aceleración en la apertura externa brasileña no tiene validez, por lo que la explicación de su pérdida de competitividad se relega tanto a la desalineación cambiaria y a la falta de cambios estructurales", dice el economista.

Factores estructurales internos. La crisis global ha restringido la capacidad de producción en el sentido de destruir algunos ahorros y algunas inversiones, dos de las fuentes fundamentales del crecimiento permanente además de la productividad y el cambio tecnológico. Sin embargo, la falta de reformas –de las que generan cambios estructurales y modernización– ha sido una de las principales limitaciones de la capacidad y competitividad del país. La crisis de 2009 ciertamente pospuso las reformas y obligó al gobierno a distraer esfuerzos para dedicarlos a implementar medidas que redujeran el impacto del choque externo. Con ello se evidenció y aceleró la ampliación de las debilidades estructurales en la economía brasileña, las cuales se reflejan en la falta de inversión, la baja productividad y los crecientes costos de producción.

La capacidad productiva de Brasil aumentó durante el periodo del auge de las materias primas (2003-2008) no sólo debido a los crecientes ingresos por exportación, sino también como resultado de los esfuerzos del país por ahorrar e invertir parte de lo recaudado. De aquí que la inversión total alcanzara su máximo nivel en la historia, con una razón de inversión a producto de 20% en 2008 y una economía creciendo a un ritmo de entre 5% y 5,5% al año.

La destrucción de la inversión física causada por la recesión global –varias empresas cerraron sus puertas o desaparecieron, la volatilidad financiera eliminó muchos ahorros y la aversión al riesgo redujo nuevas posibilidades de inversión– generó un proceso de desinversión en 2009, con el coeficiente de inversión mostrando una disminución hacia 17% del PIB en ese año.

Aunque el país tuvo la habilidad de recuperar sus niveles de inversión a lo largo de los siguientes dos años, Brasil no amplió su capacidad productiva. Lo anterior explica por qué la economía no fue capaz de sostener la expansión de 7,5% de 2010, desacelerándose así a 2,7% en 2011 y a menos de 2% en 2012. Este año, una de las fuentes fundamentales del crecimiento se debilitó de nuevo, con el coeficiente de inversión perdiendo terreno para situarse por debajo de 20%.

Otro elemento interno que limitó la competitividad de la economía ha sido el aumento en los costos de producción. Por un lado, la desalineación cambiaria –resultado del error de política y del prometedor potencial económico– generó costos crecientes para la inversión y la producción de empresas extranjeras en Brasil. Por otra parte, la política oficial de aumentos de salarios a tasas superiores a la productividad encarecieron el costo de la mano de obra para los productores nacionales. De aquí que, mientras que en el primer caso el tipo de cambio real se revaluó alrededor de 50% entre 2003 y 2011, los salarios reales aumentaron 30% en el mismo periodo.

En el segundo caso, el aumento en los salarios reales fue tres veces más alto que el avance de 10% en la productividad. Es evidente que todo lo anterior erosionó la competitividad de Brasil frente a importaciones más baratas, dejando a la industria brasileña en desventaja y con debilidades estructurales.

Las reformas son la clave. Luego de la prolongada debilidad que desembocó en estancamiento, la economía está mostrando algunas señales de recuperación incipiente durante la segunda mitad de este año. Sin embargo, la recuperación es principalmente resultado del agresivo estímulo de política implementado por el gobierno y el banco central desde finales del año pasado.

Ciertamente, la demanda interna está fortaleciéndose, pero la economía ha respondido tímidamente al estímulo. El PIB sólo avanzó a un ritmo anual de 0,9% el tercer trimestre, después de crecer 0,5% en el periodo anterior, evidenciando con ello la persistencia de la debilidad de las fuentes fundamentales del crecimiento. "Es posible que las autoridades brasileñas sean capaces de detonar la recuperación económica, pero el crecimiento no podrá ser sostenible hasta que se fortalezca la inversión, la productividad y el cambio tecnológico", dice el director de Moodys. Un mayor crecimiento a tasas sostenidas sólo puede ser posible por medio de nuevas reformas que introduzcan cambios estructurales y modernización de instituciones y políticas. Esta es la única manera en la que Brasil podrá aumentar su capacidad potencial de crecimiento y recuperar su papel como una de las locomotoras del mundo emergente.