Ciudad de México. Las amenazas de Donald Trump de enfrentar a México en temas como el comercio y la inversión han asustado a un número creciente de empresas, que pondrían en suspenso sus planes de expansión hasta que el republicano asuma la presidencia de Estados Unidos y revele sus políticas, de acuerdo con directivos.

Trump ha prometido renegociar un tratado comercial clave y proteger a la industria estadounidense, y la semana pasada asestó su primer golpe al anunciar un acuerdo con Carrier, una unidad de United Technologies Corp., para detener el traslado de 1,000 puestos de trabajo al sur de la frontera.

El movimiento poco ortodoxo de Trump, que involucra exenciones fiscales estatales, provocó un escalofrío entre ejecutivos aún inseguros sobre las políticas que el presidente electo seguiría al asumir el cargo el 20 de enero, sobre todo porque durante la campaña amenazó con cobrar fuertes aranceles sobre productos chinos y de fabricación mexicana.

"Si impone un arancel a las mercancías mexicanas, será un desastre total", dijo el director general de Codan Rubber México, Maurizio Rosa, fabricante de mangueras para la industria automotriz, con ventas anuales por unos 200 millones de pesos (10 millones de dólares).

México está más expuesto inmediatamente a riesgos en una guerra comercial dado que envía el 80 por ciento de sus exportaciones a Estados Unidos, cinco veces la proporción de productos estadounidenses que vienen a México.

Codan y otras empresas en México están conectadas al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), puesto en marcha en 1994 entre Estados Unidos, México y Canadá, que Trump ha amenazado con desmantelar si no puede renegociarlo.

Más de la mitad de la producción de Codan va a Estados Unidos y probablemente el resto va indirectamente a través de otras firmas, dijo Rosa, cuyos clientes incluyen a los fabricantes de automóviles Nissan Motor Co, Volkswagen y el fabricante de tractores Kubota Corp.

Hasta que quede claro lo que Trump hará, nuevas inversiones de la empresa estarán congeladas, dijo.

México quiere reducir su dependencia económica de Estados Unidos y una reciente subasta de contratos de exploración y extracción de hidrocarburos en aguas profundas llamó la atención por las promesas de inversionistas de China, Australia, Malasia y otros lugares.

Sin embargo, la mayoría de las grandes inversiones durante el TLCAN han servido para integrar cada vez más a la manufactura mexicana con Estados Unidos.

Unos días después de la victoria de Trump en las elecciones del 8 de noviembre, la Asociación Mexicana de Parques Industriales (AMPIP) preguntó a sus miembros sobre qué implicaciones tenía para los negocios y obtuvo ocho respuestas.

El sondeo interno encontró que ocho proyectos, el 37.5 por ciento de los planes pendientes, fueron puestos en espera en su mayoría hasta 2017. El resto seguía adelante.

Casi la mitad de los 425,700 millones de dólares de inversión extranjera directa (IED) en México entre 1999 y 2015 provinieron de Estados Unidos. Esa inversión ha sido la piedra angular del comercio entre ambos países, valuado en 500,000 millones de dólares al año.

Pero las renovadas amenazas de Trump de establecer aranceles de castigo a bienes fabricados fuera de Estados Unidos por empresas estadounidenses podrían atentar contra ese flujo de inversiones. Poco después de su acuerdo con Carrier, Trump reanudó su campaña en Twitter para insistir en un arancel de 35 por ciento a los bienes que entren a Estados Unidos.

México está más expuesto inmediatamente a riesgos en una guerra comercial dado que envía el 80 por ciento de sus exportaciones a Estados Unidos, cinco veces la proporción de productos estadounidenses que vienen a México.