Buenos Aires. La historia del renacimiento de Grissinópoli, una fábrica en Argentina de palitos de pan llamados grisines, se parece en muchos aspectos a la recuperación económica del propio país en la última década.

También ayuda a explicar el motivo por el que la presidenta Cristina Fernández obtendría sin obstáculos su reelección el 23 de octubre, pese a pronósticos desfavorables para la economía global que generan dudas sobre la sustentabilidad de sus poco convencionales políticas para impulsar un veloz crecimiento.

En la cresta de la devastadora crisis económica que azotó al país entre el 2001 y el 2002, los obreros de Grissinópoli decidieron acampar en la fábrica en quiebra, luego de encontrarse repentinamente sin trabajo y engrosando la tasa de desempleo de la nación, que escalaba al 20%.

Diez años después, los 14 socios fundadores administran la empresa bajo la forma de una cooperativa bautizada "La Nueva Esperanza". En Grissinópoli ya contrataron a más de 20 nuevos trabajadores, algunos de ellos hijos de los fundadores de la cooperativa, y los negocios marchan bien.

"El trabajo tiene que ver con la economía y la economía tiene que ver con el Gobierno", dijo Ivana Agüero, de 51 años, entre grisines recién horneados que desfilaban por una cinta de montaje.

"Realmente sí, (las autoridades) nos han acompañado bastante, mediante subsidios para comprar máquinas nuevas. Nos han abierto varias puertas", señaló Agüero en un descanso de su tarea de empacar cajas en la pequeña fábrica de Buenos Aires.

Encuestas de opinión indican que la mandataria sería reelecta con más del 50% de los votos en los comicios de octubre, lo que le daría un segundo mandato de cuatro años y un fuerte sostén para sus heterodoxas medidas, que son respaldadas por muchos argentinos pero mal vistas por Wall Street y parte del empresariado y del sector rural.

Mientras los líderes de naciones más ricas luchan contra el descontento por el persistente desempleo, en Argentina la tasa de desocupación es de cerca del 7,3%, el nivel más bajo en 20 años.

Algunas empresas argentinas hasta están luchando para encontrar empleados con las cualificaciones requeridas.

"Para las posiciones laborales que nosotros manejamos, hay prácticamente un pleno empleo", dijo Daniel Iriarte, director de la consultora laboral Michael Page International Argentina.

Los ingenieros industriales son uno de los puestos más buscados, al compás de la apertura y la expansión de fábricas.

La industria de Argentina languideció hacia fines de la década de 1990, tras una apertura de la economía, un proceso de privatizaciones y una subsecuente recesión. Sin embargo, una fuerte devaluación en el 2002 redujo los costos laborales y le otorgó una segunda vida.

Desde entonces, se crearon cinco millones de puestos de trabajo en la tercera economía de Latinoamérica.

Firmas proveedoras de servicios también reflotaron, mientras que los puestos de trabajo estatales se han multiplicado al calor del creciente gasto público.

Uno de cada cuatro de los trabajos creados a partir del 2006 fue en el sector público, según el centro de investigación económica IERAL, con sede en la provincia de Córdoba.

Los empleos estatales podrían ser más difíciles para sostener mientras cae el ahorro presupuestario primario. Sin embargo, por ahora son una buena noticia para Fernández.

Encuestas de opinión indican que la mandataria sería reelecta con más del 50% de los votos en los comicios de octubre, lo que le daría un segundo mandato de cuatro años y un fuerte sostén para sus heterodoxas medidas, que son respaldadas por muchos argentinos pero mal vistas por Wall Street y parte del empresariado y del sector rural.

Fernández, una peronista que suavizó su tono combativo desde la muerte hace un año de su esposo y predecesor Néstor Kirchner, suele resaltar en sus discursos lo que considera un renacimiento argentino tras la crisis, en la que el país cayó en cese de pagos de deuda por 100.000 millones de dólares.

"Uno piensa en los indignados de España, del norte de Africa o de Israel. (Están indignados) porque se ha ido su nivel de vida, sus aspiraciones. En la Argentina, en los últimos años, pasó un poco lo contrario", dijo Ernesto Kritz, un economista especializado en temas de empleo.

En un intento por sostener el crecimiento económico anual promedio de 7,6% visto desde el 2003, el Gobierno ha tomado una serie de medidas controversiales para estimular la economía y proteger empleos.

Cuando la crisis financiera internacional golpeó a Argentina en el 2008, Fernández estableció límites a las importaciones de productos manufacturados, desde juguetes a zapatos, lo que generó molestias en Brasil y China, dos de sus socios comerciales más importantes.

Fernández ha mantenido abundantes subsidios a la energía para la industria y una política monetaria de tipo de cambio flotante controlado que mantiene al peso nominalmente débil.

Más recientemente, la industria automotriz acordó compensar sus importaciones con exportaciones, una medida cuyo objetivo es alentar la industria de partes doméstica y apuntalar el menguante superávit de la balanza comercial.

Inflación de dos dígitos. No obstante, el ritmo de creación de trabajo se desaceleró en los últimos cuatro años y escépticos creen que las medidas oficiales no alcanzarán para proteger trabajos si la situación externa empeora, mientras que una inflación de dos cifras socava la ventaja competitiva del país.

Muchos economistas dicen que Argentina corre más riesgos de sufrir un aterrizaje forzoso que sus vecinos ya que su política de estímulo económico se hace cada vez más difícil de sostener y la inflación aminora el consumo doméstico.

"Tienen que dar algunas señales sobre política macroeconómica", dijo Kritz, que añadió que "las políticas fiscal y monetaria siguen siendo muy expansivas".

Una depreciación más profunda de la moneda de Brasil, que cayó más del 15% en el último mes, mientras que el peso argentino fue sostenido estable por el Banco Central, agravaría la presión sobre los salarios del país, que crecen a casi un 30% por año.

"Todavía hay competitividad con Brasil. La próxima pregunta es hasta dónde llegará el real. Y una (interrogante) mucho mayor es sobre el ritmo al que aumentan los salarios en pesos en Argentina", dijo Marina Dal Poggetto, economista de la consultora Bein y Asociados, que agregó que un crecimiento más moderado permitiría más avances sobre el desempleo.

"No hace falta que la economía siga creciendo al ritmo de los últimos años (...) sino algo más consistente con lo que es la capacidad potencial de crecimiento de la economía, que es de entre 4% y 5%", señaló Dal Poggetto.

El objetivo de Fernández es reducir el desempleo a menos del 5% y recortar el trabajo informal. Alrededor de un tercio de los argentinos trabaja de forma informal, mientras que las firmas más pequeñas buscan evadir amplias cargas sociales.

El logro del gobierno en moderar las demandas de aumentos salariales, controlar a sindicatos intranquilos y mantener los niveles de empleo podría ser decisivo para el éxito de Fernández en un segundo mandato.

Funcionarios han admitido que la tarea no será fácil si la turbulencia económica global se traduce en precios más bajos para la soja -un producto clave para la exportaciones argentinas- o una caída en la demanda de Brasil.

Las ambiciones de los trabajadores de Grissinópoli son más modestas.

"El sueño que tenemos (...) es que la fábrica siga trabajando y que los hijos de todos sigan el camino que nosotros les dejamos y que lo lleven hasta donde puedan", dijo Agüero.