Académicos, economistas, voceros gremiales y hasta empleados gubernamentales de rango medio -sotto voce, por supuesto- lo han expresado.

Cuando el próximo 31 de julio Venezuela haga su entrada formal al Mercosur, se pondrán en evidencia las grandes deficiencias que inclinan la balanza a favor del club económico más grande de Suramérica, opinaron los consultados.

Más allá de las opiniones y estimaciones, las estadísticas ofrecen un dibujo incuestionable de las grandes asimetrías que hablan de una relación poco favorable para Venezuela, tomando en cuenta que el balance individual beneficia a nuestros nuevos socios, incluso a las economías consideradas las pequeñas del grupo (Uruguay y Paraguay).

Según datos recopilados por la Aladi (Asociación Latinoamericana de Libre Comercio) y la Cepal (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), con base en estadísticas aportadas por los diferentes países, en 2011 Venezuela importó desde las diferentes naciones del bloque más de 6.770 millones de dólares en bienes que van desde los más elementales alimentos hasta productos farmacéuticos, pasando por insumos electrónicos, vehículos y gran diversidad de maquinarias.

Esta cifra es tres veces superior a los US$1.980 millones que Venezuela vendió en conjunto a los miembros del grupo el año pasado, con el agravante de que más de 90% de esas exportaciones estuvieron conformadas por petróleo y sus derivados; una realidad que resta competitividad al país frente a naciones como Brasil, una economía diversificada y encaminada a jugar un papel fundamental en el concierto mundial.