El Banco Central del Paraguay se ve obligado a tener una sintonía fina sobre los efectos de las medidas de política monetaria contractivas que está tomando desde finales del año pasado y sobre sus efectos para que no provoquen un enfriamiento de la economía, dijo el economista Luis Saguier.

La institución monetaria tiene la suficiente capacidad para realizar las correcciones necesarias en el proceso del control inflacionario, para que el índice pueda converger dentro de la meta propuesta por el gobierno. Empero, está obligado a tener una sintonía fina de tal forma que los efectos de las medidas de contracción monetaria no pasen al otro extremo y se transformen en un enfriamiento de la economía que, de ocurrir, sería lamentable, advirtió el economista Luis Saguier Blanco.

Nuestro sistema financiero, que no es muy sofisticado, suele tener cambios bruscos cuando ocurren variaciones de tasas de interés de los instrumentos de regulación monetaria. Así, los bancos dan demasiado crédito o, todo lo contrario, explicó.

Cuando las tasas de las letras están altas, como ocurre en este momento, las entidades prefieren posicionarse en esos títulos de deuda que tienen riesgo cero y dejan de prestar al público lo que finalmente se transforma en una ausencia del crédito mientras la economía sigue necesitando, dijo Saguier.

Al cierre de abril, la inflación acumulada se situó en 4,4%, mientras que la inflación interanual en 9,1%, por encima del rango meta del 5% +- 2,5%, fijado por la banca matriz para este año.

Recordemos que el ente emisor elevó cerca de ocho puntos porcentuales la tasa de interés de sus letras desde mediados del año pasado, con la intención de retirar el exceso de circulantes en poder de las intermediarias. En mayo de 2010, las tasas para instrumentos de 14 y 35 días estaban en niveles cercanos a cero, mientras que en la reunión de política monetaria de este mes se fijaron en 8,25% y 8,75% respectivamente.

Estos ajustes, de acuerdo con los técnicos del BCP, se realizaron con la intención de cortar cualquier tipo de presión que pueda surgir del crecimiento extraordinario del crédito, que al cierre de 2010 se expandió alrededor del 50%.