Sao Paulo. Brasil seguirá siendo la tierra del Big Mac de US$6 y del filete mignon de US$65, dado que los funcionarios del gobierno no ven buenas opciones de corto plazo para debilitar una de las divisas más sobrevaloradas del mundo.

Fuentes del gobierno dijeron a Reuters que la presidenta Dilma Rousseff tolerará, al menos en el corto plazo, la apreciación del real hasta un máximo de 31 meses contra el dólar, en vez de tratar de combatirlo con grandes nuevos controles de capital, impuestos y otras medidas.

"La actitud por ahora es esperar y ver", dijo una de las fuentes. "No tenemos buenas opciones", añadió.

El real se fortalecía nuevamente este viernes tras los comentarios de este funcionario, con un alza del 0,61% a 1,62 unidades por dólar.

El dilema que Rousseff enfrenta ilustra cómo las autoridades en todos los mercados emergentes podrían estar quedándose sin soluciones fáciles para lidiar con sus apreciadas monedas.

La robusta economía de Brasil y sus tasas de interés de dos dígitos han convertido al país en un cotizado blanco de inversores del mundo desarrollado, donde las tasas son extremadamente bajas, que buscan mayores retornos en otros lugares.

El gobierno de Rousseff había defendido antes al real en el nivel no oficial de 1,65 unidades por dólar, aplicando nuevas medidas de intervención como impuestos a las compras de bonos por parte de extranjeros cuando la moneda amenazó con romper ese nivel.

Aún así, el real sobrepasó esa barrera esta semana. La moneda se ha fortalecido un 2,5% este año y un 40% desde el 2009.

La valorización del real afecta a algunos fabricantes locales, que son una importante base política de Rousseff.

Pero su equipo económico ha decidido abstenerse por ahora de cualquier nueva gran medida intervencionista, ya que cree que una moneda un poco más fuerte podría actuar como freno a la creciente inflación y mitigar la amenaza de la escalada global de precios del petróleo, afirmaron funcionarios.

A las autoridades también les preocupa que cualquier control de capital potencial aún a su disposición provoque efectos secundarios negativos al reducir la inversión productiva del exterior.

Rousseff podría cambiar de estrategia rápidamente e implementar severos nuevos controles si el real sigue apreciándose, advirtieron los funcionarios.

También dijeron que el Banco Central continuará con sus intervenciones tradicionales en el mercado cambiario para limitar el fortalecimiento del real tanto como sea posible.

Los funcionarios se negaron a especificar cuál será la nueva barrera extraoficial para el real. Pero sus comentarios equivalen a pensar en un nivel por sobre los 1,60 reales por dólar, dado que el torrente de capital especulativo y a largo plazo que entra a Brasil no muestra señales de disminuir próximamente.

Recientes medidas que apuntan a reducir los flujos han tenido resultados leves. El martes, Brasil elevó el impuesto sobre el crédito extranjero para los préstamos de hasta 360 días, pero el efecto sobre el mercado cambiario fue prácticamente nulo.

"Eso fue una decepción", dijo una de las fuentes.

La fuerza del real, a la que Goldman Sachs ha calificado como la moneda más sobrevalorada del mundo, es producto de factores que están dentro y fuera del ámbito de acción de Brasil.

Las tendencias globales, como un dólar débil, y la disponibilidad de dinero barato en el mundo desarrollado han causado problemas para muchas economías emergentes.

Pero el fuerte gasto gubernamental y la tasa de interés referencial del 11,75% han empeorado la situación.

Uno de los factores que propició la valorización de la moneda esta semana fue un informe del Banco Central que dijo que la inflación probablemente subirá a cerca del tope del rango de la meta del Gobierno este año.

Los mercados tomaron eso como una señal de debilidad, apostando a que las autoridades tendrían que permitir que el real se apreciara o recurrir a mayores tasas de interés en los próximos meses para controlar los precios.

Esa apuesta parece ser la acertada, hasta el momento. Las autoridades han dicho que están particularmente preocupadas de que los persistentes altos precios del crudo puedan traspasarse a los costos de los consumidores brasileños.

Hasta el momento, la petrolera estatal brasileña Petrobras no ha traspasado esos costos a los precios en las gasolineras, pero eso podría cambiar si los costos siguen en aumento, dijeron los funcionarios.