México DF. El jefe del banco central de México, Agustín Carstens, cuenta con méritos suficientes para liderar el FMI, pero su candidatura parte con la desventaja de tener una visión económica considerada muy conservadora por
muchos de sus colegas de los mercados emergentes.

Carstens es un destacado economista de la Universidad de Chicago, veterano de varias crisis financieras en México y ha ocupado importantes cargos en el propio FMI, pero su tendencia a la ortodoxia económica amenaza con restarle apoyos de algunas naciones en desarrollo, que lo consideran como un economista muy inclinado a la derecha.

Incluso hay preocupaciones de que no logre impulsar con la fuerza suficiente las reformas que otorguen más voz a los países
de mercados emergentes en el FMI.

"El es el 'establishment'", dijo Sebastián Edwards, un ex funcionario del Banco Mundial que ahora da clases de economía internacional en la Universidad de California en Los Angeles.

Con la bandera de ser "un 100% reformista", Carstens buscó esta semana el respaldo de los países emergentes a su candidatura para reemplazar a Dominique Strauss-Kahn, quien renunció para enfrentar cargos de agresión sexual.

No obstante, algunos de los colegas consideran al economista mexicano de 52 años muy cercano al neoliberalismo y a las políticas de libre mercado, que fueron la marca registrada del FMI en décadas pasadas.

Una fuente del Gobierno brasileño dijo que funcionarios veían a Carstens como demasiado ortodoxo, en tanto que la poderosa China contemplaba apoyar la nominación de la ministra francesa de Economía, Christine Lagarde, según versiones del Gobierno galo.

Fuentes gubernamentales de India dijeron que en dos o tres días podría anunciarse algún candidato de las economías emergentes, pero Carstens era sólo una de las opciones.

El economista mexicano, quien comenzó su carrera como operador del mercado de cambios, obtuvo su doctorado en economía en la Universidad de Chicago en 1985.

Como secretario de Hacienda de México entre 2006 y 2009, Carstens impulsó reformas en el Congreso para privatizar el sistema público de pensiones y elevar la recaudación tributaria, medidas por las que recibió el elogio de los inversionistas, pero
críticas de la izquierda.

"Carstens cuenta con experiencia política y con experiencia técnica", dijo el ex economista jefe del fondo Simon Johnson.

El candidato mexicano también fue subdirector gerente del FMI a comienzos de la década pasada, cuando el prestamista multilateral impuso duras condiciones a la línea crediticia de emergencia otorgada a Brasil.

En una entrevista con Reuters, Carstens dijo que no tenía nexos con ningún partido político y que su visión del FMI se resumía en que se debe escuchar más a los mercados emergentes.

Juego de números

Carstens tiene un perfil relativamente bajo en la escena internacional, especialmente si se le compara con su predecesor Guillermo Ortiz, quien fue jefe del Banco de Pagos Internacionales.

Pero se ha ganado el respeto por su manejo de las crisis y las reformas para transparentar más la operación del banco central mexicano.

"Es ortodoxo al pensar, pero pragmático al operar", dijo Mario Blejer, un ex gobernador del Banco Central argentino que conoce a Carstens desde hace 25 años.

Carstens participó en la renegociación de la deuda externa de México en 1989 y ayudó a garantizar una línea especial de crédito del FMI durante la crisis financiera del 2008-2009.

Su campaña por convertirse en el primer jefe del FMI no nacido en Europa forma parte de un esfuerzo de los países de economías emergentes por contar con un mayor rol en las organizaciones financieras mundiales.

Pero la realidad es que mientras Europa se une y respalda a Lagarde, las naciones emergentes parecen divididas y podrían proponer varios candidatos, diluyendo sus propias posibilidades.

"La principal desventaja para Carstens es ser un candidato unilateral entre otros potenciales prospectos de las economías
emergentes", dijo Alfredo Coutiño, director para América Latina de Moody's Analytics.

"Esto eleva el potencial problema de una competencia entre un fuerte candidato de unidad de Europa y más de uno en un disperso
mundo emergente", agregó.

Funcionarios de Estados Unidos y Canadá argumentan que Carstens y Lagarde son buenos candidatos, pero no han dejado entrever su voto. El propio Carstens fue filosófico sobre su falta de apoyo y dijo que no esperaba una revancha de los países
de mercados emergentes por los años que estuvo en el FMI.

"No recuerdo algún evento en que la persona al otro lado de la mesa se negara a estrechar mi mano", dijo sobre su estancia en el FMI, cuando atendía a más de 70 países, desde Grecia a Pakistán.