En materia económica, la gran tarea pendiente del gobierno de Enrique Peña Nieto sigue siendo el crecimiento. En 2013 la economía apenas se expandió 1,4% en términos anuales, es decir, respecto al año previo, cuando el gobierno pronosticó, de manera inicial, un crecimiento de cuatro por ciento, un año después, la tasa de crecimiento se aceleró a 2,1% y pese a la mejora quedó otra vez muy lejos de las expectativas originales del gobierno, 3,9%.

Para este 2015, el gobierno proyecta un crecimiento de entre 3,2% y 4,2%, lo que da un objetivo central de 3,7%.

Pues bien, el jueves tendrá la primera prueba de fuego. Se publica el desempeño del Producto Interno Bruto (PIB) para el primer trimestre del año, y ahí se podrá evaluar qué tanto impulso trae la economía al principio de año y cómo pintan las expectativas para el resto de 2015.

Ajustes en el crecimiento. Las cosas, en verdad, no parecen ir demasiado bien. Al menos eso sugiere la oleada generalizada de recortes en las expectativas de crecimiento para este año. En abril, el Fondo Monetario Internacional (FMI) revisó a la baja su pronóstico de crecimiento para este año a tres por ciento, comparado con un alza de 3,2% en enero y 3,5% en octubre del año pasado, por lo que ya no cree que se logre siquiera la estimación más baja del gobierno.

El Banco de México (Banxico) revisó el 18 de febrero su rango de crecimiento esperado para este año de una estimación de entre tres y cuatro por ciento, en términos anuales, a otro de entre 2,5% y 3,5%, cuya estimación central de tres por ciento coincide con la del FMI.

En el sector privado, y según la Encuesta sobre las expectativas de los especialistas en economía del sector privado de abril de 2015, elaborada por el Banco de México, también se han desinflado las expectativas de crecimiento.

En octubre del año pasado se creía aún en el objetivo central del gobierno: el pronóstico que arrojaba la Encuesta era de 3,72%.

De hecho, en la última encuesta de abril, la estimación fue apenas de 2.88 por ciento.

En estas páginas de “Economía a Detalle” nos adelantamos a esa tendencia de continuas revisiones a la baja y el 2 de febrero ya establecimos un pronóstico de crecimiento de 2.9 por ciento para este año.

También el pasado 27 de abril pronosticamos en esta tribuna que la expansión del PIB para el primer trimestre sería de apenas 2.4%.

Motor sin fuerza. Ahora, con más información en la mano al contar ya con las cifras de la actividad industrial de marzo publicadas la semana pasada, nos reafirmamos en esa estimación para el dato del PIB.

En caso de estar en lo correcto significaría una moderada desaceleración respecto a la tasa de 2.6 por ciento observada en el cuarto trimestre de 2014 o, lo que es lo mismo, que la economía mexicana ha perdido algo de impulso al inicio de este 2015. De hecho, Ese reporte corroboró que gran parte de la desaceleración económica se concentra en la industria.

De hecho, el bajo desempeño observado se debió a tres motivos: primero, al derrumbe de la actividad minera como resultado de la caída del precio del petróleo y de la menor plataforma de producción de crudo; en segundo lugar impactó la desaceleración de la economía estadounidense, incluyendo a su sector manufacturero; y en tercer lugar se observó un menor dinamismo en la industria de la construcción.

Minería golpea a la industria. En efecto, el sector secundario recortó su trayectoria de crecimiento a 1.4 por ciento en el primer trimestre comparado con el avance de 2.4 por ciento en el cuatro trimestre del año pasado y de dos por ciento en el tercero.

Esa pérdida de un punto porcentual respecto al cuarto trimestre viene explicada, sobre todo, por el descalabro de la minería, que se hundió cinco por ciento tras contraerse 5.7 por ciento en el cuarto trimestre.

Esa caída de cinco por ciento significa que restó 1.1 puntos porcentuales al crecimiento de la actividad industrial.

La recesión del sector es espantosa si tenemos en cuenta que ya encadena cinco trimestres consecutivos de retrocesos.

Pero además, a la manufactura y a la construcción les fue peor que en el trimestre anterior.

La manufactura se expandió un 2.9 por ciento, un sustancial freno respecto a la tasa de 4.6 por ciento del último trimestre de 2014.

La desaceleración de la actividad fabril en el primer tramo de este año está asociada al inesperado estancamiento de Estados Unidos, que se explica en buena medida por el inclemente invierno.

Así, la economía de Estados Unidos prácticamente se paró en el primer trimestre, al registrar una tasa anualizada de apenas 0.2% comparado con un alza de 2.2 por ciento al final del año pasado.

Sin embargo, detrás de la desaceleración de Estados Unidos parece haber algo más que el clima. La peor noticia que tuvo México el viernes pasado fue que, contra todo pronóstico, la actividad industrial de Estados Unidos se contrajo de nuevo en abril respecto al mes previo (-0.3%), y ya suma cinco meses seguidos de caídas, la peor racha desde el final de la “Gran Recesión” a mediados de 2009.

EE.UU., a menor ritmo. Eso ha provocado que la tasa anual de crecimiento de la actividad industrial en Estados Unidos haya pasado de una formidable tasa de 4.8 por ciento en noviembre de 2014, a sólo 1.9 por ciento en abril de este año.

En el caso de la manufactura, además del clima, puede estar pasando factura la fortaleza del dólar y la debilidad de la demanda global: en término anuales, el crecimiento de la manufactura pasó de cinco por ciento en enero a sólo la mitad en abril.

El menor auge de la manufactura estadunidense también se ha dejado sentir, en consecuencia, en las exportaciones no petroleras mexicanas: en el primer trimestre aumentaron 6.2 por ciento, la tasa más baja desde el primer trimestre del año pasado, e inferior a la tasa de 9.3 por ciento del trimestre previo.

La misma tendencia en el rubro más específico de exportaciones manufactureras.

El sector de construcción, que se está recuperando de la grave recesión al inicio del sexenio, también perdió impulso una vez que se absorbe el impacto de una base de comparación favorable, sobre todo en el sector de edificación.

Así, el rubro, en su conjunto, aumentó 4.2 por ciento anual en el primer trimestre frente a una tasa de 5.9 por ciento en el trimestre anterior: el componente de edificación se incrementó 5.2 por ciento en contraste con el alza de 8.3 por ciento en el trimestre previo.

Servicios, punta de lanza. Frente a la desaceleración del sector secundario, el sector terciario, más asociado con la demanda interna, ha logrado mantener el desempeño sano del PIB. Si algo está sorprendiendo al inicio de este 2015 es la revitalización del gasto de consumo asociado a los siguientes factores: una recuperación intensa del mercado laboral, reflejado tanto en una caída pronunciada y sostenida de la tasa de desocupación como en la rápida creación de empleo formal, el dinamismo del crédito ante las bajas tasas de interés que prevalecen, y el torrente de remesas que llega de Estados Unidos, cuyo monto se engrosa aún más al convertirlos en pesos por la depreciación de la divisa mexicana.

Buena muestra de ello fueron los buenos resultados que reportaron las empresas minoristas en el primer trimestre y su buen desempeño en la bolsa.

En consecuencia, el sector de servicios podría crecer a una tasa de 2.6 por ciento en el primer trimestre, una moderada desaceleración respecto a la tasa de 2.9 por ciento del cuatro trimestre del año pasado.

Por su parte, el sector primario podría expandirse a una tasa cercana a diez por ciento.

Con todo esto, nuestra estimación es un aumento del PIB de 2.4 por ciento en el primer trimestre. Sabe a poco, sobre todo si tenemos en cuenta que Estados Unidos no termina de entrar en combustión este año.

Veremos si el gobierno reacciona a las cifras económicas o persiste en su pronóstico anual.