En el dilema entre impulsar el crecimiento y atender el empuje de los precios, las autoridades brasileñas hicieron explícitas sus preferencias por la expansión económica. Lejos de beneficiar a Uruguay, la política genera dificultades en materia de competitividad, cuando las prioridades del gobierno uruguayo –enfocado en el combate inflacionario– chocan con las de su par brasileño.

Mientras que Uruguay impulsa una política monetaria contractiva, desalienta la contratación de créditos en el sector privado y deja su moneda a la suerte de los mercados mundiales, en Brasil la baja de la tasa de interés potencia los estímulos fiscales realizados por el gobierno y la acción deliberada de las autoridades en el mercado cambiario, que debilita la moneda y reduce los costos domésticos.

En otras palabras, Brasil avanza hacia un crecimiento más acelerado a través de un impulso de la demanda interna y de las colocaciones en el exterior, y Uruguay pierde ventajas competitivas en materia de precios y tipo de cambio frente a su principal socio comercial.

Empuje automotriz. El gobierno de Dilma Rousseff anunció un paquete de medidas destinado al impulso de la industria automotriz. En total implica un espaldarazo de más de US$ 10 mil millones para un sector que representa 20% de su Producto Bruto Interno (PBI) manufacturero.

El paquete cubre la totalidad de la cadena productiva. Reduce el Impuesto a los Productos Industriales (IPI) hasta fines de agosto, tanto para los automóviles locales –de 7% a 0% para los automóviles de baja cilindrada y de 11% a 5,5% para los de alta– como los importados –de 37% a 30% y de 41% a 35,5%, respectivamente. Al mismo tiempo, redujo el impuesto sobre operaciones financieras de 2,5% a 1,5% para los créditos a las personas físicas y bajó los requerimientos de depósitos a los bancos para que utilicen el excedente (US$ 8.800 millones) para otorgar créditos a la financiación de vehículos.

El gobierno dejará de recaudar cerca de US$1.026 millones por el paquete de medidas, un lujo que puede permitirse debido al recorte de US$32 mil millones de su presupuesto realizado en febrero. En Uruguay, en tanto, el ministro de Economía, Fernando Lorenzo, expresó la semana pasada en el Consejo de Ministros su preocupación por el agravamiento del contexto internacional. La propuesta analizada por el gobierno uruguayo para la Rendición de Cuentas no va por el lado de un recorte del gasto, sino de una expansión del mismo aunque con un criterio de “prudencia”.

Política monetaria. La principal divergencia entre la política de Uruguay y Brasil va por el lado monetario. Mientras que el Banco Central local aumentó desde junio del año pasado sus tasas de interés de referencia, su par brasileño se movió en la dirección opuesta.

La mediana de los analistas consultados por Bloomberg augura una nueva baja de la tasa Selic, de referencia en Brasil, en su reunión de este mes. Es la sexta consecutiva desde la asunción de Rousseff y el menor nivel en los últimos 15 años.

En Uruguay, en cambio, en diciembre las autoridades subieron de forma sorpresiva la tasa en 75 puntos porcentuales, a 8,75%. La diferencia en el signo de las políticas y la mayor participación de Brasil en el mercado cambiario llevaron a un fuerte desprendimiento de Uruguay respecto a su vecino en la evolución del tipo de cambio.

Las intervenciones oficiales en el mercado local fueron esporádicas y con escasa significación en la operativa general.

A partir de marzo, el dólar comenzó a subir en ambos países. Pero mientras que en Brasil lo hizo de forma sostenida y vigorosa, en Uruguay, avanzó de manera lenta y con retrocesos. Respecto a finales de febrero, el dólar en Uruguay subió 5%, mientras que en Brasil el alza fue de 21,3%.

Según dijo  el presidente del Banco Central, Mario Bergara, el dólar en Uruguay sube o baja de acuerdo “al fortalecimiento o debilitamiento de la moneda norteamericana a nivel internacional”. El jerarca aseguró que el peso uruguayo “sigue acompañando la ola que muestra la mayor parte de los países de América Latina”.

Pero el discurso de las autoridades brasileñas es muy diferente. El ministro de Hacienda, Guido Mantega, evaluó ayer positivamente la evolución del tipo de cambio buscada de forma explícita por el gobierno. La semana pasada la cotización volvió por primera vez desde 2009 a ubicarse por encima de los dos reales por dólar. “El tipo de cambio se encuentra en una situación más favorable”, dijo Mantega. “De esa manera se reduce el ‘costo Brasil’ y el país recupera competitividad”.

De hecho, el tipo de cambio real bilateral con Brasil se redujo 4,7% en los cinco meses finalizados en marzo, según los cálculos realizados por el Banco Central.

A pesar de todo, el ministro brasileño comunicó ayer una baja de las expectativas de crecimiento, de 4,5% a 3,5% para este año. El gobierno uruguayo mantiene, en tanto, sus expectativas de 4%, en línea con la proyección de los analistas. lArgentina mejora balanza comercial

La balanza comercial argentina registró en abril un superávit de US$ 1.827 millones, con un alza de 22,8% respecto a igual mes de 2011. Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), las exportaciones totalizaron en abril US$ 6.687 millones, con una caída interanual de 6%, mientras que las importaciones sumaron US$ 4.861 millones, 14% menos que en abril de 2011. La aplicación de una fuerte política proteccionista rindió sus frutos y Argentina logró recomponer el excedente de la balanza comercial. Las medidas para evitar el ingreso de productos del exterior se redoblaron en febrero y entre los países afectados se encuentra Uruguay, principalmente a través del sector de autopartes y textiles.