Brasil se siente cómodo con la reciente debilidad del tipo de cambio, que ha llevado al real a cerca del umbral de 2 unidades por billete verde, dijeron varios importantes funcionarios.

Los comentarios ayudaron a aliviar las preocupaciones entre los inversores de que el Banco Central podría intervenir en los mercados financieros para tratar de evitar que el real se debilite aún más.

La moneda local ha perdido 13% desde el inicio de marzo ante las expectativas de que las tasas de interés en Brasil seguirán cayendo, así como también por las tensiones en Europa.

Brasil posee un tipo de cambio flotante en teoría, pero el gobierno de la presidenta Dilma Rousseff ha intervenido activamente en los mercados en el último año para intentar mantener a la moneda en una banda de aproximadamente 1,70 a 1,95 reales por dólar.

Un fuerte real golpea a las atribuladas industrias, mientras que una debilitada moneda local arriesga una mayor inflación.

El ministro de Comercio, Fernando Pimentel, dijo que el real estaba "en un buen nivel" y que la reciente debilidad de la moneda era "buena para los exportadores, sin duda".

El ministro de Hacienda, Guido Mantega, aseguró en Brasilia que un real más débil beneficiará a la industria brasileña, en parte al hacer más difícil el ingreso de las importaciones. Mantega aseguró que no había una razón para preocuparse por la inflación.

Nelson Barbosa, un alto funcionario del ministerio de Hacienda, en tanto, dijo que la debilidad del real tuvo "cierto impacto en los precios, pero no es nada que comprometa nuestra meta de inflación o estabilidad económica".

Barbosa también aseguró que el Gobierno "no está considerando" reducciones en los requerimientos de reservas de los bancos o recortar el denominado Impuesto a las Operaciones Financieras (IOF).