La visita del Papa Benedicto XVI a Cuba del 26 al 28 de marzo se presenta dentro de un marco de anuncios de medidas de apertura de una economía estancada desde hace 50 años.

"Esta visita del Sumo Pontífice forma parte del cuadro de apertura que se está reflejando en el país cubano", señala la internacionalista Elsa Cardozo.

El hecho de que el Papa vaya a Cuba refleja dos cosas para la internacionalista. Una es el interés de la iglesia por acercarse al pueblo católico latinoamericano y otra es el interés del régimen cubano por mostrarse al mundo como un país en transición.

Una de las medidas económicas que denotan este proceso de transición en la isla fue la que tomó esta semana el gobierno cubano al estimular las entradas de monedas divisas al país a través de la liberaración de la cantidad de dinero que pueden ingresar individualmente los nacionales y extranjeros residentes.

La medida se establece en el contexto de cambios iniciados en 2008 para fortalecer la economía y finanzas nacionales, y hacerlas más dinámicas, sin desbordar los límites del sistema socialista existente en el país.

La importación de dinero divisa puede hacerse en efectivo, cheques u "otros medios de pago utilizados en la práctica bancaria internacional", anunció la Gaceta Oficial.

Otra novedad es que los pesos nacionales, denominados como CUP podrán ser exportados e importados por ciudadanos cubanos que residan en el país hasta los 2.000 pesos. Ambas circulan paralelamente en el mercado cubano.

Para lograr ingresos, entre otros objetivos, el gobierno autoriza la entrada de inversiones extranjeras condicionadas a análisis para su aprobación y mayormente a partir de la fundación de asociaciones, mixtas donde el capital estatal cubano suele ser preponderante sobre el extranjero privado.

Esas asociaciones han tenido éxito financiero en sectores como el turismo, el comercio de habanos y ron, y en proyectos de gran alcance en ramas industriales, de construcción y agrícolas en alianzas con capitales estatales y privados de otros países. La ley cubana admite inversiones extranjeras de un 100% de acciones, aunque estas no han sido frecuentes.