El ministro de Hacienda de Argentina, Amado Boudou, arribó este viernes a París para participar de una reunión de ministros de Economía y titulares de Bancos Centrales del G-20, orientada a la búsqueda de soluciones para la crisis de deuda que afecta a varios países europeos, y amenaza con provocar una recesión mundial.

Los ministros de los 20 países más industrializados y emergentes, que se reúnen con vistas a la cumbre de jefes de Estado y gobierno del que se celebrará a principios de noviembre en Cannes, comenzarán a debatir la noche de este viernes durante una cena de trabajo en la Cité de l´ Architecture (Ciudad de la Arquitectura), dentro del palacio Chaillot, junto a la torre Eiffel.

El agravamiento de la crisis europea dejó en segundo plano las prioridades de la presidencia francesa de turno del G-20 marcadas por Nicolás Sarkozy, como la reforma del sistema financiero global y monetario, y trasladó el foco a la necesidad de adoptar medidas urgentes para “estabilizar” la zona euro.

Sin embargo, antes de que comience la cita, París se hizo eco de las declaraciones de la canciller alemana, Ángela Merkel, quien desde Alemania advirtió que además de resolver la situación de “los bancos en riesgo sistémico”, la prioridad sigue siendo “la regulación de los mercados financieros”.

En ese sentido, Merkel aseguró que “no es posible que aquellos que, desde fuera de la zona euro, urgen a que actuemos contra la crisis -en referencia clara a Estados Unidos, el FMI y China-, rechacen al mismo tiempo un impuesto a las transacciones financieras”, como impulsa su país, a pesar de que también hay reticencias dentro de la propia Unión Europea (UE).

Los desacuerdos dentro de la zona euro sobre éste y otros asuntos urgentes, como la recapitalización de los bancos y la estabilización de Grecia, provocaron que desde Estados Unidos, pasando por el emergente Brasil, China y Tokio, se reclamara a los líderes europeos un plan de acción contundente para evitar que la crisis se propague y afecte la frágil recuperación de la economía mundial.

Durante la reunión, los ministros podrían avanzar en algunas cuestiones como el otorgarle más “poder de fuego” al FMI (Fondo Monetario Internacional) para intervenir ante nuevas crisis en el mercado financiero.

Fuentes cercanas a las discusiones del G-20 señalan que los países emergentes, los llamados BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) estarían dispuestos a contribuir con el FMI para ayudar a manejar la crisis europea.

De todas formas, no se esperan anuncios importantes en París, puesto que éstos quedarían reservados para la cumbre de jefes de Estado y gobierno del 3 y 4 de noviembre, en Cannes.

Además, el foro de ministros del G-20 ha quedado condicionado por la reunión del Consejo Europeo del próximo 23 de octubre, cuando los líderes del Viejo Continente tienen previsto avanzar en su plan para luchar contra la crisis de deuda, ante una eventual quiebra de Grecia.

Para preparar ese encuentro y el de Cannes, el titular de la Comisión Europea (CE), José Manuel Durao Barroso, viajó a la capital gala para reunirse con Nicolás Sarkozy.

La medida urgente que preparan los líderes europeos, liderados por Francia y Alemania, es la recapitalización de la banca, aunque aún no está claro cómo lo harán, ya que los grandes bancos han manifestado su rechazo a la idea lanzada por Barroso de elevar las exigencias de capital.

Por su parte, Merkel también trabaja para conseguir que los bancos que prestaron dinero a Grecia acepten una quita mayor del 21% acordado en julio pasado, pero Sarkozy no la respalda.

Las dos mayores economías europeas tampoco están de acuerdo en torno de la propuesta de emitir eurobonos. Francia está a favor mientras la líder alemana reiteró este viernes que los eurobonos “no serán un milagro” para el problema de la deuda, y “harán aumentar los intereses de refinanciación” de Alemania.

Aunque la zona euro parecía respirar hoy más tranquila después de que el parlamento eslovaco desbloqueara la ampliación de fondo europeo de estabilidad financiera (FEEF) -principal mecanismo del que se dotó la UE para hacer frente a la crisis de deuda de los países periféricos-, los problemas persisten, como quedó demostrado hoy con la rebaja de la nota crediticia de España por parte de la calificadora de riesgo Standard & Poor`s (S&P).

En tanto, el tema de la volatilidad de los precios de los commodities, que ocupó en los últimos meses buena parte de la agenda del G-20, quedó relegado debido a que ya se alcanzó un acuerdo, impulsado por la Argentina y Brasil, para afrontar el problema con un mayor incremento de la oferta y con medidas de transparencia en los mercados de derivados.

A diferencia de 2009, cuando el G-20 mostró una gran capacidad de liderazgo al lanzar un estímulo coordinado para afrontar el colapso financiero, la respuesta está siendo ahora dispar.

Por un lado, la UE apuesta por el ajuste fiscal y exige a los emergentes que lideren el estímulo de la economía mundial, mientras Estados Unidos libra su propia batalla contra el déficit comercial presionando a China para que aprecie el yuan.