Buenos Aires. El gobierno argentino prevé que la economía acelere su ritmo de crecimiento en el 2013 tras haberse frenado este año, aunque los tiempos en que se expandía a tasas chinas parecen haberse acabado, según el proyecto de presupuesto presentado el jueves.

Sin embargo, el crecimiento del 4,4% previsto para el 2013 y del 3,4% para este año serán suficientes para disparar el pago de miles de millones de dólares en cupones de unos bonos atados a la evolución del Producto Interno Bruto (PIB), uno los títulos favoritos de los inversores.

El gobierno planea volver a echar mano el año próximo de las reservas del Banco Central para pagar sus deudas, dado que el grifo del financiamiento externo aún está cerrado por el malhumor de los mercados con las políticas económicas intervencionistas de la presidenta, Cristina Fernández.

El presupuesto estima que el Tesoro tomará US$7.967 millones de los fondos de la entidad, un 40% más de lo previsto para el 2012. Las reservas internacionales del banco alcanzaban a US$45.245 millones al miércoles.

El gobierno se resistió hasta último momento a reducir su meta de crecimiento para este año, originalmente estimada en un 5,1%, a pesar de que los indicadores mostraban un enfriamiento por una menor cosecha de granos debido a una sequía y la debilidad de la demanda brasileña, su principal socio comercial.

La economía había crecido un 8,9% en el 2011 y un 9,2% en el 2010 sostenida por buenas cosechas, una robusta demanda de bienes desde Brasil y un fuerte consumo doméstico impulsado por un alto gasto público.

Pero una menor inversión ante el mal clima de negocios local provocó que el robusto crecimiento económico disparara una de las mayores tasas de inflación del mundo.

El aumento de los precios no cedió pese al debilitamiento de la economía. Economistas privados prevén que la inflación supere este año el 20% comparado con el cerca del 25% estimado para el 2011.

El aumento de los precios redujo la competitividad de las exportaciones, según analistas y empresarios. El Banco Central interviene a diario en el mercado de cambios para evitar bruscas oscilaciones del peso, que este año se depreció un 8%, pero permite un constante debilitamiento de la moneda.

El presupuesto estimó que los precios minoristas crecerán un 10,7% este año y un 10,8% el próximo. Las estadísticas oficiales están desacreditadas por denuncias de manipulación realizadas por economistas, sindicatos y la oposición política.

El Gobierno estimó en US$13.325 millones el superávit comercial para el año próximo y proyectó un resultado fiscal primario positivo de 2,32% del PIB.

El mantenimiento del superávit comercial y primario son claves para el modelo económico proteccionista de Fernández, que no dudó en restringir la importación de productos y prohibir la compra de dólares a los ahorristas para protegerlos.

El gobierno también prevé que peso cotice a un promedio de 5,10 por dólar el año próximo contra una tasa de 4,53 este año.