Buenos Aires. Argentina bajó el viernes su meta de déficit fiscal para 2018 al 2,7% del PIB desde el 3,2% previsto anteriormente, en busca de calmar la agitación que sacudió a los mercados financieros en la última semana.

El anuncio fue realizado un día después de una fuerte caída del peso argentino y minutos después de que el Banco Central subiera abruptamente la tasa monetaria -por tercera vez en una semana- para llevarla al 40%.

Las dos medidas llevaron tranquilidad a los mercados, y el peso mayorista y la bolsa registraban alzas el viernes.

El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, explicó en una conferencia de prensa que el Gobierno ya preveía tener un déficit inferior al 3,2%, pero que oficializó la menor cifra para generar certidumbre.

De los 0,5 puntos de reducción del déficit, "un tercio viene dado por mayores recursos, porque la recaudación está evolucionando mejor (...) y los otros dos tercios es porque vamos a generar ahorros", señaló Dujovne.

Desde marzo, la autoridad monetaria ha realizado fuertes ventas de dólares de sus reservas al mercado, pero no ha logrado evitar una profunda depreciación del peso, que el jueves cerró a mínimos récord.

En un país con una elevada inflación, la gran preocupación del Gobierno es que el alza del dólar se traslade a los precios locales y genere más desajustes en la economía y protestas sociales.

Pese a la devaluación del peso, el ministro de Hacienda mantuvo la pauta oficial de inflación prevista para 2018 en el 15%.

Sin embargo, no descartó que la inflación de mayo sea superior a la esperada y que el alza de la tasa afecte el crecimiento de la economía, estimado en un 3% para este año.

"El éxito no está garantizado, aún resta más por hacer, pero la probabilidad de tener éxito es mayor que si las autoridades no hubieran reaccionado como lo hicieron", señaló en una nota Alberto Ramos, analista de Goldman Sachs en Nueva York.