Es un clásico de las campañas electorales argentinas: mientras los votantes van formando sus opiniones sobre los candidatos, se genera otra "elección en paralelo" en el mercado de capitales. Y según cómo se perfilen los resultados, empiezan a verse movimientos en los portafolios de inversiones y en los indicadores. Suele ser un fenómeno que irrita a los políticos.

Así, Raúl Alfonsín en 1989 calificó como "golpe de mercado" la disparada del dólar que coincidió con la llegada de Carlos Menem al poder. Y en 2011 Cristina Fernández de Kirchner no dudaba en denunciar una conspiración en la fuga récord de capitales que se producía al mismo tiempo que ella lograba 54% de los votos.

Esta vez se repite la situación, con el fenómeno de dolarización que llevó al tipo de cambio desde 16 pesos argentinos a 18 en apenas dos meses. Los expertos del mercado dicen que no hay pánico –si fuera así, afirman, el dólar estaría en torno de 20 pesos argentinos– pero sí hay una actitud más defensiva. El motivo: el inesperado liderazgo de Fernández en las encuestas de intención de voto para las legislativas de octubre, que pone una nota de duda sobre la continuidad del proyecto político macrista y, por ende, del programa de reformas económicas.

Inversores hacen su escrutinio. Mauricio Macri que recién ahora, un año después de su previsión, empieza a disfrutar indicadores positivos en consumo, actividad industrial y recaudación tributaria, tiene pendiente una lista de proyectos largamente reclamados desde el sector empresarial. En la nómina se destacan un nuevo marco legal para los impuestos, que derivaría en un alivio de la presión tributaria. Y, además, está en carpeta una reforma que flexibilice los contratos de trabajo, un reclamo que se acrecienta por la ola de juicios laborales contra las empresas.

El tema de fondo es que con una fuerza parlamentaria que, aun en una situación de éxito electoral, no pasará de un tercio de las bancas, Macri necesita de una oposición amigable para llevar adelante estas reformas.

Hasta ahora tuvo relativo éxito en conseguir los votos del peronismo, dado que centró sus esfuerzos negociadores en los gobernadores provinciales, que pragmáticamente ofrecieron gobernabilidad a cambio de asistencia financiera para sus administraciones.

Pero con una Cristina Fernández revitalizada por una victoria electoral y liderando desde su banca del Senado a una oposición más dura, la agenda de reformas entra en serio cuestionamiento.

El mercado de capitales hizo su propia lectura política y la tradujo en hechos concretos. Por lo pronto, ya se está percibiendo una salida por "goteo" de fondos de capitales que apenas un año atrás habían ingresado con entusiasmo. Ese movimiento se tradujo en un achicamiento en las tenencias de bonos soberanos, letras del Banco Central y acciones de grandes empresas.

Y el premio solicitado para permanecer en papeles ligados al riesgo país es cada vez mayor, como lo evidencia el hecho de que el Banco Central no solo no ha podido reducir sus tasas de 26%, sino que ya no le alcanza ese nivel como para renovar por completo los masivos vencimientos de letras cada mes.

En julio, cuando llegaban a término letras por el equivalente a US$ 30.000 millones, tuvo que resignarse a que el 15 % de ese monto quedara circulando en forma de efectivo, porque las tasa no fueron lo suficientemente atractiva, a pesar de ser positiva en 9 puntos sobre la inflación esperada.

El dinero que antes iba a papeles emitidos por el gobierno empieza a ir a dólares o, directamente, a otros mercados que ofrecen menos riesgos.
Brasil, paradójicamente en medio de su crisis política, empieza a ser mejor visto por los inversores por su agenda de reformas, que incluyó en las últimas semanas una drástica flexibilización laboral.

Bonos y riesgo según los votos. Lo más interesante de las charlas que se producen entre los analistas de la city porteña por estas horas está vinculado a las variaciones de los bonos soberanos –y, por ende, del índice de "riesgo país"– según cómo salga la votación. Un informe del Banco Mariva arriesga que los títulos podrían subir hasta 36% en el semestre posterior a las elecciones si la fuerza política de Macri logra un muy buen resultado, con una diferencia de más de 6 puntos sobre su competidor inmediato –es decir, Fernández– en la provincia de Buenos Aires.

En este caso, "la curva internacional de los bonos en dólares converge a los niveles de Brasil, lo que implica un movimiento casi paralelo de reducción del riesgo en 150 puntos", afirma el Banco Mariva.
Pero es un escenario al que pocos le ven probabilidades de ocurrencia. De hecho, el informe sólo le asigna 10% de chances. En cambio, ve como más realista –50% de probabilidad– pensar en una victoria ajustada del macrismo.

Y la reacción de los mercados, en ese caso, supondría un movimiento paralelo de 100 puntos en la curva de rendimientos. Los precios de los bonos subirían 18,9% en el caso del Global a 100 años recientemente emitido, mientras que el que vence en 2046 tendría un impulso de 16,8% y el Par en dólares subiría 15,9%.

Pero, ¿qué ocurriría si al gobierno de Macri le va mal? Aquí los analistas distinguen entre un escenario de derrota ajustada y otro de "desastre" –una ventaja a favor de Fernández de más de 7 puntos y con un caudal de votos bien encima de 30%–.

En el primer escenario, se prevén caídas en las cotizaciones de bonos soberanos por 7,5% y un incremento del riesgo país en 100 puntos básicos.
En cambio, para el caso de la derrota por una diferencia grande, que ponga en serias dudas la continuidad del proyecto macrista y su agenda de reformas, se prevé una reacción más marcadamente pesimista, con un derrumbe de 17% en la cotización de los bonos. "Suponemos que la curva de dólares converge a los niveles de Ucrania, que ha incumplido su deuda soberana en el pasado reciente y que aún enfrenta problemas de sostenibilidad de la deuda", explican los analistas del sector de inversiones en su informe.

Este último escenario no es percibido como el más probable –se le asigna un 20%de ocurrencia– pero lo que es claro es que las consultas de los inversores, sobre todo del exterior, respecto de qué tan frágil puede ser la situación del gobierno argentino, están a la orden del día.