Que una mujer joven opte por quedarse en la casa viviendo de la renta de su marido es una opción que poco a poco comienza a decaer en América Latina, sobre todo en los países con economías más solidas. Gracias a la alfabetización femenina y el aumento de los lugares para el cuidado infantil, como parte de las reformas sociales que han ofrecido los distintos gobiernos de la región, el empleo femenino va en constante crecimiento.

No obstante, aún existen países rezagados, zonas pobres de la región como Haití y Guatemala, donde el número de trabajadoras sigue siendo bajo, y se sigue desaprovechando el potencial de este segmento.

Según un estudio realizado por la firma inglesa Euromonitor International, a lo anterior se suma en Guatemala y Haití que los salarios femeninos y la renta disponible siguen siendo considerablemente inferior a la de la población masculina activa.

Multiples factores. En 1989, el total de las mujeres económicamente activas en América Latina era de 57,4 millones, segmento que aumentó a 115,9 millones en 2009.

Argentina y Brasil se encuentran entre los países con las tasas más altas de actividad económica femenina, una posición que se relaciona con el aumento de la alfabetización en los adultos. En Brasil, este índice aumentó de 80,9 en 1989, a 92,4% en 2009.

Además, cambios demográficos y culturales, como la disminución en la fecundidad, han alentado una mayor participación laboral femenina, y les ha permitido aumentar el potencial de ingresos y, por lo mismo, su poder adquisitivo.

No se puede negar que las mujeres son cada vez más importantes para el mercado de consumo. Sin embargo, éstas tienen salarios más bajos y, por lo general, están relacionados a la renta disponible anual. En 2009, el promedio de ingreso anual disponible per cápita en América Latina de las mujeres era de US$3.565 en 2009, en comparación con los US$6.307 de los hombres.

Fuerza de mujer. El empleo femenino ha aumentado constantemente. Argentina y Brasil tienen los mayores porcentajes de mujeres económicamente activas (entre 15 y 64 años de edad), con cifras de 64,7% y 66,3%, respectivamente. En países con economías menos desarrolladas, como la de Haití, en 2009 se alcanzó 49,8%.

La persistente disparidad entre la actividad económica masculina y la femenina alcanzó tasas en 2009 de 82,7% en Argentina, 84,0% en Brasil y 81,6% en Haití. Y si bien América Latina tradicionalmente ha sido una sociedad patriarcal, esto está cambiando a medida que aumenta el empleo femenino.

El total de la población femenina económicamente activa en América Latina creció 3,6% en promedio anual, entre 1989 y 2009, en comparación con la población masculina, que lo hizo 1,9%.

Los países donde más crecieron las tasas de actividad económica femenina fueron Paraguay (7,4% en promedio por año), Ecuador (5,9%), República Dominicana (5,3%) y Guatemala (5,8%).

Las tasas anuales de crecimiento fueron menores en los países como Granada (0,3%), Bermudas (0,7%) y Cuba (0,9%). Todos estos países tenían niveles relativamente más altos de empleo femenino, al igual que gran parte del Caribe.

La actividad laboral femenina ha aumentado en línea con el aumento en las tasas de alfabetización, lo que demuestra que hay un potencial mayor de mano de obra. Países como Haití, Guatemala y Colombia han aumentado de manera particular en la alfabetización femenina. En Haití, aumentó de 40,1% en 1989, a 66,6% en 2009. En Argentina, Cuba, Chile y Uruguay, se han experimentado pocos cambios en las tasas de alfabetización, debido a que en 1989 ya superaban el 90%.

Factor cultural. Los cambios demográficos y culturales han facilitado la entrada de las mujeres a la fuerza laboral. Producto de esto es que por cada 1.000 habitantes la tasa de natalidad en América Latina se redujo de 27 niños en 1989, a 18,9 en 2009. Durante el mismo período, la tasa regional de fecundidad bajó de 3,4 hijos por mujer, a 2,3 hijos.

En este descenso en la natalidad han contribuido la planificación familiar y la masificación de los métodos anticonceptivos, a lo que se han sumado algunos programas de gobierno que apuntan específicamente a apoyar a las madres en el cuidado de sus hijos, mientras éstas buscar un trabajo. Es el caso del plan Bolsa Familia en Brasil, dirigido a familias de menores ingresos, y que presta este apoyo social únicamente si los niños asisten con regularidad a la escuela. Otor ejemplo es el de Chile, donde se ofrecen beneficios a las mamás y papas que trabajan y tienen medianos ingresos, a través de una fortalecida red de guarderías.

La disparidad más abrupta en los salarios se ve en Venezuela, donde las principales industrias que mueven la economía, tradicionalmente han estado dominadas por los hombres.

El número de niños por familia en Brasil ha disminuido de 1,8 niños por casa y 4,4 personas en los hogares brasileños, a 1,1 niños y 3,6 personas por hogar.

En Colombia, la estructura del hogar cambió de forma más abrupta: en 1989 había 2,2 hijos y 5,2 personas por casa, sin embargo, en 2009 se redujo a 1,3 niños y 3,8 personas por hogar.

Desigualdad. Las tasas de empleo femenino siguen siendo muy inferiores a las del empleo masculino, sobre todo en países de menores ingresos.

Esta disparidad ha dado lugar a grandes diferencias en el ingreso disponible entre ambos sexos. Donde es menos perceptible es en Chile, debido a sus resultados económicos. En 2009, el ingreso anual disponible per cápita era de US$5.747 para las mujeres y US$6.162 para los hombres.

Mientras que la disparidad más abrupta se ve en Venezuela, donde las industrias que tradicionalmente han movido la economía, son dominadas por los hombres (petróleo y gas). En 2009, el promedio de ingreso anual disponible per cápita para ellas fue de US$4.525, mientras que para ellos fue de US$9.455.

Perspectivas. El empleo femenino en América Latina seguirá aumentando, en línea con los crecientes niveles de educación de la mujer y el crecimiento económico, lo que contribuirá a un mayor poder adquisitivo femenino.

El empleo femenino se prevé que seguirá creciendo hasta 2020, y será particularmente fuerte en países de bajos ingresos como Bolivia y Guatemala, donde la población femenina económicamente activa crecerá a una media anual de 2,4% y 3,8%, respectivamente, entre 2009 y 2020.

La tasa de crecimiento será menor en países como Colombia, donde el empleo femenino ya es relativamente alto. La población femenina económicamente activa crecerá a un promedio anual de 0,9% en entre 2009 y 2020.

Finalmente, las mejoras en la educación y la asistencia en el cuidado de los niños seguirán alentando a las mujeres a la fuerza laboral, por lo que se espera incluso que el promedio anual de ingreso disponible per cápita de América Latina se situe en US$4.330 para las mujeres en 2020, mientras que para los hombres en US$7.632. En 2009, este promedio fue de US$3.565 para las mujeres, y de US$6.307 para los hombres.