Buenos Aires. Con la vertiginosa alza de los precios, lo peor que uno puede hacer es esperar. Es por eso que los argentinos de clase media como el ejecutivo Carlos Noel dicen que comprar tiene más sentido que ahorrar en un país con una de las tasas de inflación más altas del mundo.

Aunque las alzas salariales y un fuerte avance del crecimiento económico ayudan a contrarrestar su impacto, la inflación está generando cambios en los hábitos de los consumidores de la tercera mayor economía latinoamericana, donde aún muchos recuerdan la hiperinflación que se experimentó en la década de 1980.

Mientras los argentinos más pobres recortan gastos o soportan largas filas para obtener descuentos, los de mejor posición aprovechan las ofertas para comprar ahora.

"El otro día compré un iPad en 52 cuotas sin interés, el año pasado compré un (televisor) LCD en 24 cuotas sin interés, y he hecho algunas inversiones en arreglos de mi casa", dijo Carlos Noel, de 62 años, un ejecutivo de un holding financiero.

"Es muy difícil saber dónde colocar los ahorros y creo que esa es una de las razones por las cuales hoy la gente está consumiendo mucho", agregó.

La economía argentina crecerá cerca de 9% este año, gracias en parte al brinco de las ventas minoristas. El riesgo es la inflación, que privados estiman que se ubica entre 25% y 30%.

Los altos precios y los desacreditados datos oficiales, que ubican la inflación a 12 meses en 11,1%, han causado daño a la gestión de la presidenta Cristina Fernández, quien podría buscar la reelección el próximo año.

Los bancos se combinan con las cadenas minoristas para ofrecer pagos con interés cero como una manera de impulsar las ventas y asegurar que la gente haga una serie de pagos pequeños en sus tarjetas de crédito durante cierto tiempo.

Al mismo tiempo, las tasas de interés de las cuentas de ahorro a plazo están muy por debajo de la inflación real, lo que significa que hay poco incentivo para mantener el dinero en los bancos. Y con el peso argentino en niveles estables, el dólar ya dejó de ser un refugio seguro.

Los argentinos más ricos tradicionalmente buscan refugio en las propiedades inmobiliarias, donde sus inversiones han ayudado a generar un auge en la construcción.

Y mucha gente también está comprando autos. El número de vehículos registrados hasta noviembre ya había superado el récord establecido en 2008, según el grupo privado de la industria Acara.

"El aumento (en el precio de los autos) que se generó en el último año está en el orden del 20 por ciento, con lo cual, no deja mucho análisis para ver si me quedo con el dinero o si compro dólares ... (porque) no supera los aumentos en autos", dijo Silvio Ojeda, de 32 años y vendedor de autos en una concesionaria de Fiat.

Sebastián Pulice, un dentista de 40 años, dijo que probablemente se comprará un auto nuevo para complacer a su gran familia. Pero restó importancia al impacto del alza de precios, diciendo que el modelo de alto avance de inflación del Gobierno era preferible a una economía en desaceleración, donde los precios se mantienen planos.

El gobierno centroizquierdista de Fernández no tiene una política de meta de inflación, centrándose en lugar de ello en estimular una mayor demanda doméstica.

Aunque rechaza las crecientes alzas, el gobierno pidió recientemente a expertos del Fondo Monetario Internacional, un organismo altamente impopular en Argentina, que lo ayuden a diseñar un nuevo índice nacional de precios al consumidor.

Al por mayor es mejor. Los crecientes costos de los alimentos han impulsado al alza la inflación argentina, por lo que miles de personas visitan cada vez más el Mercado Central, un mercado mayorista de alimentos ubicado en el distrito La Matanza, en las afueras de Buenos Aires.

Bajo un sofocante calor, los compradores hacían filas durante horas para comprar carne a precios regulados por el gobierno. Los precios de la carne, alimento tradicional de la dieta argentina, han subido con fuerza.

Las compañías privadas ofrecen "tours" de compras al mercado, donde con frecuencia la gente compra grandes bultos de alimentos para compartir con familiares o vecinos. Los familiares de militares planean visitas en buses para comprar en grandes cantidades, dice el gerente general del mercado.

Miriam Agüero, de 35 años, perdió su trabajo en un supermercado tras 11 años de servicio. Ahora, por primera vez, su familia se combina con otros para buscar buenos precios en el Mercado Central.

"Los sueldos siguen igual, y las cosas siguen aumentando, entonces no te queda otra que empezar a recorrer y ver dónde puedes comprar, dónde te parece más barato", dijo.

Aunque los argentinos como Agüero han tenido que encontrar maneras para combatir la inflación, un robusto crecimiento económico en todos menos uno de los últimos ocho años, ha fortalecido el empleo y los salarios de los habitantes.

En general, el consumo privado creció 8,1% en el segundo trimestre frente al mismo periodo de 2009, ayudando a impulsar el crecimiento de la economía a 11,8%, según datos del gobierno.

No obstante, la inflación que se registra hoy está lejos de la hiperinflación que estremeció las billeteras de los argentinos en los años 1980 ni de la devastadora crisis de 2001-2002, que propagó el trueque.

"Que la gente se esté reorganizando y que vaya a hacer compras entre vecinos, es una cosa que viene de hace dos años. Esto es incomparable con la crisis del 2001 en este país, que estaba en llamas", dijo Sandra González, presidenta de Adecua, Asociación de Defensa de los Consumidores y Usuarios de Argentina.