Montevideo. Victoria y Julián viven en pareja, tienen menos de 30 años, un título de ingeniero cada uno y un ingreso de $ 130 mil mensuales con el cual el grueso de los hogares uruguayos solo puede fantasear. A ellos, la estabilidad laboral y sus perspectivas económicas no les quitan el sueño, pero aun así comparten con el resto de las familias jóvenes del país una aspiración a la que les cuesta acceder: la vivienda propia.

Con la compra de un inmueble en el horizonte, la pareja abrió una cuenta en el Banco Hipotecario (BHU) en marzo de 2013. Un año y medio después, luego de realizar depósitos mes a mes, comenzaron a buscar opciones. Nada de lo que les gustó bajaba de los US$ 150 mil. Para ese momento, entre lo que les prestaba el BHU y lo que tenían ahorrado –menos de US$ 15 mil– no alcanzaban los US$ 100 mil.

La casa propia seguía siendo un espejismo, como lo es también para la mayoría de los jóvenes que no encuentran relación entre lo que ganan y lo que les exige el mercado inmobiliario por una vivienda. Los números muestran que en los últimos años creció el número de uruguayos que al igual que Victoria y Julián, se resignaron a alquilar o a vivir en casas de familiares.

Según los datos procesados por la Unidad de Análisis Económico de El Observador a partir de la Encuesta Continua de Hogares del Instituto Nacional de Estadística (INE), 58% de los hogares uruguayos tenía en 2015 algún derecho de propiedad sobre el inmueble en el que habitaba –era propietario o pagaba mes a mes un préstamo hipotecario para su adquisición–. Ese número viene en caída en la última década: 65,5% de los hogares eran propietarios en 2006. La otra cara de esta caída fue el aumento en los últimos años del número de inquilinos –de 21% a 24%– y ocupantes–de 12% a 17%–.

Esa tendencia es más acentuada en los hogares más jóvenes. En el caso de las familias uruguayas en las cuales el mayor perceptor de ingresos no tiene más de 30 años, el inquilinato pasó de 41% a 52% durante el mismo período, mientras que el porcentaje de hogares con algún tipo de derecho de propiedad sobre el inmueble que habita cayó de 36,5% a 25%.

Varios actores del mercado inmobiliario perciben ese corrimiento. "Los nuevos hogares que se van generando desde hace cuatro o cinco años mayoritariamente se vuelcan hacia el mercado del arrendamiento y no tanto al de la compra", dijo el presidente de la Asociación de Promotores Privados de la Construcción (Appcu), Eduardo Steffen.

Entre las causas que enumeró el arquitecto está que el alquilar es más barato que una cuota hipotecaria. En una perspectiva cortoplacista, es posible acceder por un mismo monto a un inmueble de mejor calidad en un alquiler que en una cuota bancaria. A eso se agregan factores "sociológicos": muchos jóvenes que hoy se independizan, apuntó, no están "interesados" en tener una vivienda propia sino un "hogar durante algún tiempo, que no saben por cuánto va a ser".

Por su parte, el consultor inmobiliario Julio Villamide lo resumió así: "La mayoría quisiera comprar pero no llega, no puede pagar las cuotas". Así entra en escena al plan B: el alquiler.