Los riesgos y desafíos que enfrenta la economía global no son pocos, y la probabildad de enfrentar una nueva crisis, similar a la de 2008, no está tan lejos. Aunque algunos expertos son más reacios a plantear esta idea, otros analizan el panorama de manera pesimista y ven cercana la posibilidad de caer en un nuevo pozo sin salida.

El economista jefe del Banco Mundial para la región, Augusto de la Torre, cree que "hay que distinguir entre dos coyunturas que se han complicado. Una es la global y la otra las incertidumbres respecto del crecimiento de los países avanzados y de algunos grandes emergentes", y agrega que "lo anterior configura un escenario difícil de predecir, que se manifiesta en sistemáticas equivocaciones respecto del crecimiento global, parte de lo cual está asociado a aparentes fragilidades de la recuperación económica de EE.UU. y la dificultad de entender cuál será el proceso de ajuste y transformación de la economía china".

Con estos dos aspectos a considerar, De la Torre sostiene que "esos puntos han complicado el panorama, sobre todo para América Latina, aspecto que habría comenzado en 2012 cuando el precio de los commodities comenzaron a caer". Un escenario, sin embargo, al cual "la región se ha ido ajustando a los cambios de las condiciones externas que han sido muy adversos y que ya van en el quinto año de desaceleración económica", reconoce.

-¿Podríamos hablar entonces de desaceleración económica en América Latina?

-Ciertamente. En el BM ya hablamos de la gran desaceleración. Para poner en contexto, durante los buenos años, que es el período que comprende entre 2003 a 2011, la región crecía a un ritmo de aproximadamente 5% por año. A partir de 2012, sistemáticamente comienza a desacelerarse la economía, y en 2016 ya podríamos hablar de dos años de contracción. Sudamérica no solamente no está creciendo, sino que está contrayéndose levemente, por tanto, estamos entrando en el quinto año de desaceleración que ha sido la más pronunciada de todas las regiones emergentes. Si uno compara la región con Europa del Este o el sudeste asiático, podemos concluir que la desaceleración de la región es la más pronunciada proporcionalmente hablando de todo el mundo emergente.

Lo que se manifiesta es que la región es particularmente sensible a los términos de intercambio y a los precios de los commodities, y esto tiene tiene efectos económicos magnificados en la coyuntura en que vivimos.

-En este sentido, ¿cuáles serían los países más afectados por la caída del precio de los commodities?

-Respecto de la consulta, esta engloba una serie de dimensiones que vale la pena analizar. Tal vez la manera de plantearlo es ver qué países están ajustando sus macroeconomías de una manera menos traumática a esta situación externa y qué países en el proceso de adaptación a esta coyuntura están encontrando fuertes debilidades macroeconómicas. Entonces lo que se sugiere es que hay países como Brasil, Venezuela o Ecuador en que la adaptación a la situación externa está mostrando debilitamientos importantes en la macroeconomía, sobre todo por el exceso de gasto. Hay otros países, como Chile, Perú, y en cierto punto Colombia, que si bien estan atravesando por un período de adaptación difícil, mantienen una situación macroeconómica más solvente.

-Respecto de lo anterior, ¿la política fiscal cobra vital relevancia?

-Cobra importancia, porque una de las grandes lecciones del gran ciclo de commodities ha sido que los países más prudentes, aquellos que ahorraron y no expandieron el ritmo de gasto excesivamente, son aquellos que ahora pueden manejar mejor la adaptación al cambio.

-Las reformas que se están ejecutando en Chile, por ejemplo, ¿cobran relevancia?

-Hay una serie de reformas estructurales que se hacen cada vez más apremiantes, en la medida en que la región descubre que una buena parte del crecimiento vigoroso de los últimos años fue el resultado de condiciones externas y no de mejoras fundamentales en la capacidad productiva de las economías. Entonces, cuando no se produce lo que los economistas denominan 'los vientos de cola' (condiciones externas favorables), estamos otra vez topándonos con una región que genera un crecimiento relativamente bajo. Chile fue una excepción durante los años 90 y 2000. Así las cosas, sin reformas estructurales, y sin vientos de cola, la región tiende a crecer alrededor de 2,5% a 3%, que es una tasa de crecimiento insuficiente para sustentar el tipo de crecimiento social que se experimentó en los últimos 15 años.

Gráfico: Crecimiento Sudamérica (SA) México, Centroamérica y Caribe (MCC)

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-¿A cuánto llegaría el crecimiento de América Latina durante el presente ejercicio?

-Durante el 2016 veremos una contracción de más de un punto porcentual, por la situación de Brasil y Venezuela. Ahora, la región como un todo, incluyendo México, Centroamérica y el Caribe, también presentará una contracción, aunque menor a la de Sudamérica.