El Banco Central de Brasil decidió no ofrecer señal alguna respecto a sus decisiones sobre tasas de interés en 2018, dijo la entidad el martes, dejando la puerta abierta a tipos más bajos el próximo año mientras la economía se recupera con la inflación bajo control.

En las minutas de la reunión de política monetaria del banco del 25 de octubre, en que redujo la tasa de interés referencial Selic a un 7,50%, los integrantes del Banco Central dijeron que querían mantener espacio para la acción, mientras monitorizan las expectativas de inflación y la incipiente recuperación desde una profunda recesión.

El banco reiteró que una reducción moderada en su ritmo de alivio monetario parecería apropiada en su reunión del 6 de diciembre, señalando que probablemente reduzca la tasa de interés referencial, Selic, en 50 puntos básicos, a un mínimo récord de 7%, tras bajarla en 75 puntos básicos la semana pasada.

La economía de Brasil ha reanudado su crecimiento luego de dos años de una profunda recesión que provocó la pérdida de casi 3 millones de empleos y dejó una enorme capacidad industrial ociosa.

La mayoría de los economistas han estado esperando que un recorte de tasas en diciembre sea el último en el actual ciclo de alivio monetario que ha reducido los tipos casi a la mitad desde el máximo en una década de 14,25% en sólo un año.

No obstante, algunos interpretaron la decisión de la semana pasada como una señal de que el banco se preparaba para recortar las tasas tan bajo como a 6,50% en 2018.

El Banco Central reiteró la importancia de las reformas estructurales para mantener las tasas de interés bajas a largo plazo, especialmente ante el riesgo de impactos externos.

La entidad afirmó además que es improbable que revisiones marginales a pronósticos de crecimiento afecten a las proyecciones de inflación, tras comentarios del ministro de Hacienda, Henrique Meirelles, sobre una posible revisión al alza de las expectativas de crecimiento de 2018.

La economía de Brasil ha reanudado su crecimiento luego de dos años de una profunda recesión que provocó la pérdida de casi 3 millones de empleos y dejó una enorme capacidad industrial ociosa.

La inflación en Brasil se ha desplomado desde dos dígitos a menos de un 3%, por debajo de la meta oficial de 4,5% anual, y el Banco Central prevé que se mantenga alrededor de la meta hasta fines de 2019.