El presidente del Banco Central de Uruguay (BCU), Mario Bergara, manejó la posibilidad de elevar los encajes bancarios como medida adicional para contener la inflación, en especial, para el incremento marginal de los depósitos.

En un evento empresarial celebrado este miércoles, el titular del órgano rector de la política monetaria afirmó que la institución “no descarta utilizar elementos de encaje (bancario)”.

El coeficiente de encajes bancarios indica el porcentaje de los depósitos en poder de los bancos que deben mantenerse líquidos, es decir, que no se pueden prestar ni invertir.

A su vez, el jerarca se refirió al hecho de que “en 2008 se subieron los encajes, (y) después tuvimos un proceso de drástica reducción, al punto tal de que hoy los encajes bancarios (de Uruguay) son de los más bajos de América Latina y notoriamente están por debajo del encaje técnico”.

“En los últimos años, varios países emergentes han comenzado a reutilizar los encajes bancarios como elementos no convencionales de política monetaria y no como objetivos de liquidez bancaria”, agregó.

Una suba de los encajes permitiría reducir el circulante de dinero en la economía y así quitar presión a la inflación, en momentos en que el alza de los precios se ubica en 8,17% en los 12 meses cerrados en marzo.

La medida manejada por el BCU no se refiere a los encajes medios que se aplican sobre los depósito de los bancos, sino a la utilizada “muchos países de la región, y nosotros no descartamos su uso, (que) están comenzando a implantar encajes marginales, es decir, encajes significativos para el incremento de los depósitos”, dijo Bergara.

Por otra parte, el titular del BCU defendió las metas de inflación como instrumento para mantener la estabilidad de precios y restó trascendencia al hecho de que el alza de precios se ubique por fuera del rango.

“Uruguay a adoptado un enfoque tradicional en los últimos años de dar un objetivo de inflación, que dado que sea una medida creíble, los agentes van a creer que las autoridades van a tomar las medidas que tengan que tomar para que la inflación converja a ese objetivo”, indicó.

“El objetivo de inflación no es una cuestión de pegarle al patito. Sino que es una cuestión de dar una señal de orientación que debe ser creíble”, sostuvo Bergara.

“Si hubiéramos mantenido la meta más alta que teníamos antes (de 3%-7%), hoy seguramente la inflación sería más alta y las expectativas de inflación serían más altas”, agregó el jerarca.