Francfort. El Banco Central Europeo posiblemente indicaría este jueves un alza de tasa de interés en julio, pero entregaría pocas señales a los mercados y los gobiernos de la zona euro sobre la forma de un paquete de rescate para Grecia.

Se espera que el BCE use las mayores proyecciones de inflación de su personal, que serán publicadas durante la conferencia de prensa posterior a la reunión de política de este jueves, como justificación para subir las tasas de interés -comenzando probablemente con un alza de 1,50% el próximo mes.

El consejo directivo del BCE inició su reunión a las 0700 GMT. El banco elevó su principal tasa de refinanciamiento hasta un 1,25% desde el 1% de abril, en su primer endurecimiento en dos años.

En la conferencia de prensa posterior a la reunión, se espera que el presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, diga que el banco ejercerá una "fuerte vigilancia" sobre las presiones de los precios, utilizando una frase que en el pasado ha indicado que el alza sería al mes siguiente. El utilizó ese código en marzo para señalar el alza de tasas de abril.

Las firmes presiones de costos -los precios de los productores de la zona euro subieron en más de lo esperado en abril- significan que no se puede descartar un alza de tasas este mes, aunque la decisión del BCE de no sugerirla previamente lo hace muy improbable.

"No creo que la puerta de un alza en junio esté totalmente cerrada, pero dado que el BCE históricamente ha anunciado previamente sus subidas de tasas, un aumento en junio sería una sorpresa y asumiría un cambio en la estrategia de comunicación", dijo Nick Matthews en RBS.

"Eso es bastante improbable dado que en las actuales condiciones del mercado el BCE difícilmente querría agregar volatilidad", declaró.

Las proyecciones del personal del BCE posiblemente subirán, tanto para la inflación como para el crecimiento económico. En el último grupo de previsiones, publicado en marzo, el BCE anticipó una inflación cercana al 2,3% este año y un 1,7% el próximo.

El BCE está atrapado en maniobras de alto riesgo entre los mercados financieros, los gobiernos de la zona euro y el Fondo Monetario Internacional respecto a quien paga para evitar que Grecia se convierta en el primer estado insolvente de la zona euro.

El bloque de 17 países se acercó el miércoles a un acuerdo sobre un segundo paquete de rescate a Grecia bajo el cual se pedirá a los inversores privados que cambien su deuda soberana por bonos con una madurez mayor.

Iniciativa alemana

Alemania está presionando en favor de una participación del sector privado.

En una carta del 6 de junio enviada a los jefes del BCE, el FMI y sus homólogos de la zona euro, el ministro de Finanzas de Alemania, Wolfgang Schaeuble, exigió una contribución "cuantificada y sustancial" de los tenedores de bonos como parte de cualquier nuevo paquete para Grecia.

El BCE aún no ha entregado una respuesta pública y explícita a esta propuesta, en la que se pide a las instituciones financieras de Europa que mantengan su nivel de crédito pendiente para Grecia.

El BCE aún se opone a un recorte en el principal de la deuda, lo que significaría el impago y golpearía duro al banco central debido a que ha comprado 45.000 millones de euros (US$66.000) en bonos del Gobierno griego desde el año pasado en un esfuerzo por calmar a los mercados.

El banco también quiere que Grecia cumpla sus compromisos para mejorar su posición fiscal y para que otros gobiernos de la zona euro colaboren con ayuda, y se ha resistido a la presión para ayudar a Atenas mediante la reacción de su dormido programa de compra de bonos.

Sin embargo, el banco central está estudiando la idea de tener inversores privados que compartan el peso del rescate a Grecia, lo que potencialmente despejaría el camino para un cambio de deuda.

Trichet, cuyo mandato como presidente del BCE vence a fines de octubre, será presionado para que entregue una respuesta más detallada a la carta de Schaeuble en la conferencia de prensa posterior a la reunión.

"La presión por la participación del sector privado ahora parece tan intensa que no se podría resistir", dijo el economista Greg Fuzesi de J.P. Morgan en una nota de investigación.