Río de Janeiro. Brasil empezó este martes a ver la luz tras una oscura semana, durante la cual miles de camioneros paralizaron el país y pusieron contra las cuerdas al gobierno, que se vio obligado a ceder ante las reivindicaciones de un sector que ha demostrado el poderío que tiene.

El presidente del país, Michel Temer, afirmó este lunes que espera que la huelga termine a más tardar este martes.

Las principales asociaciones de camioneros aceptaron las condiciones del acuerdo con el gobierno y aseguraron que los camioneros que todavía realizan bloqueos están siendo forzados por "personas que quieren derribar el gobierno".

Según la Policía de Carreteras Federal, más de 550 puntos de carreteras permanecen bloqueados, cifra inferior a los 1.200 que llegaron a registrarse la semana pasada.

Muchos camioneros se han mostrado reacios a aceptar el acuerdo propuesto por el gobierno, que se comprometió a rebajar en 0,46 reales (US$0,12) por litro el precio del diésel en los próximos 60 días, no cobrar peajes si los camiones están vacíos ni aplicar una tabla mínima para el precio de los transportes.

La paralización completó este lunes una semana con un descenso en la aprobación de la población brasileña, hasta ahora una de las bazas del movimiento de los camioneros.

Sin combustible, sin comidas, sin medicamentos, sin transporte, sin ambulancias e incluso sin clases en las universidades federales, las personas se preguntan cuándo acabará la huelga, mientras que las industrias y los comercios quieren saber el total de pérdidas que causó la huelga.

Según divulgó este lunes la empresa Torabit, especializada en analizar los comentarios en las redes sociales, el apoyo a la huelga cayó cerca de 20 puntos en apenas tres días. Mientras que el viernes el 53,5% de los comentarios en las redes sociales y blogs eran favorables a los camioneros, este lunes el índice bajó al 34,5%.

Ya las evaluaciones positivas bajaron del 52% al 45%, y la mayoría de los comentarios negativos resaltaron los trastornos causados a la población.

El presidente de la Asociación Brasileña de Camioneros (Abcam), José da Fonseca Lopes, afirmó que hay grupos de infiltrados que impiden que muchos camioneros retomen su trabajo, a los que calificó de "intervencionistas" que retienen los vehículos y amenazan a los camioneros, y que "son personas que quieren derribar al gobierno".

"No tengo nada que ver con estas personas ni nuestros camioneros autónomos tienen algo que ver. Pero están siendo usados para esto", criticó el presidente de la mayor entidad de camioneros.