Río de Janeiro. Brasil mostraba señales de normalización este jueves luego de que la mayor asociación de trabajadores petroleros del país puso fin a una huelga antes de lo previsto y los camioneros concluían un paro de 11 días.

La Federación Única de los Petroleros (FUP), el sindicato más grande de trabajadores petroleros de Brasil, recomendó inesperadamente este jueves que sus miembros suspendan una huelga de 72 horas que comenzaron el día previo después de que una corte dijo que la organización sería multada con 2 millones de reales (US$537.000) por cada día que se extendiera el paro.

El tribunal calificó de ilegal la huelga, señalando que la medida tenía fines políticos en lugar de objetivos laborales.

El final de la huelga que reclamaba cambios en la empresa estatal Petrobras será un alivio para la petrolera, cuyas acciones se han desplomado casi un 30% en las últimas dos semanas por temor a que el Gobierno revirtiera unas políticas recientes más favorables al mercado.

El tránsito en las carreteras se normalizó en todo el país, dijo la policía federal en un comunicado. El puerto de Santos, el más grande de América Latina, ya estaba en funcionamiento.

Si bien los efectos sobre la producción no estaban claros inmediatamente, la medida de fuerza no provocó pérdidas para Petrobras porque tenía planes de contingencia, dijo el ministro de Seguridad Institucional, Sergio Etchegoyen, en conferencia de prensa.

En tanto, la protesta de camioneros que asfixió a gran parte de la economía brasileña durante 11 días parecía llegar también a su fin. Etchegoyen dijo que todas las barricadas habían sido removidas, aunque algunos grupos aislados aún causaban problemas.

El tránsito en las carreteras se normalizó en todo el país, dijo la policía federal en un comunicado. El puerto de Santos, el más grande de América Latina, ya estaba en funcionamiento, según comentarios televisados del almirante Ademir Sobrinho.

El suministro de gasolina, que fue escaso en las últimas semanas debido al bloqueo en las rutas de transporte, volvió a la normalidad en un 70% de los lugares, dijo a Reuters el director de la Agencia Nacional de Petróleo, Gas Natural y Biocombustibles (ANP), Aurelio Amaral.

Aún así, los efectos de las protestas perduraban. En las estaciones de servicio en São Paulo, la ciudad más grande de Brasil, aún había largas filas de automovilistas. Los productos en los supermercados costaban más de lo habitual en algunos lugares, aún cuando los suministros volvían a la normalidad.

Para ganarle la pulseada a los camioneros, que protestaban principalmente por los altos precios del combustible, el Gobierno acordó reducir el costo promedio del litro de combustible en 46 centavos de reales (12 centavos de dólar).

Entre las metas de los trabajadores estaba el reemplazo del actual presidente ejecutivo de Petrobras, Pedro Parente. También querían el fin de la fijación de precios de los combustibles basados en el mercado y la reversión de otros cambios realizados desde que el presidente Michel Temer asumió el poder en 2016.